Hi, I'm

Siria Oriana Black Brodwell

❛Soy una mujer que perdió mucho, amó profundamente y aprendió a sobrevivir.❜

✎𓂃 𝐒𝐈𝐑𝐈𝐀 𝐎𝐑𝐈𝐀𝐍𝐀
Brodwell • Petrova • Black

«La historia de una mujer que perdió mucho, amó profundamente y aprendió a sobrevivir.»✦ Fecha de nacimiento
12 de octubre.
✦ Lugar de nacimiento
Sofía, Bulgaria.
✦ Residencia
Londres.
✦ Especie
Bruja de sangre pura · Doppelgänger Petrova · Vampiro.
✦ Profesión
Directora de Sirenitte's Dance and Ballet House.
✦ Padres
Sirius Black y Amethyst Brodwell.
✦ Hijos
Holland Francia Black Wood y Nathan Leone Black Wood.

• La Ilusión del dolor

Descendiente de la línea Petrova, Siria heredó un antiguo don conocido como la Ilusión del Dolor, una magia capaz de provocar dolor físico y levantar poderosos escudos mágicos. Se trata de un poder tan extraordinario como peligroso, pues cada vez que lo utiliza también hiere su propio cuerpo.
Aunque el uso de su don todavía exigía una gran concentración y provocaba cierto desgaste en su cuerpo, su naturaleza vampírica le permitía recuperarse con mayor rapidez.
Tras convertirse en vampiro, este mismo don le permitió conservar su magia, algo imposible para la mayoría de los brujos convertidos. Gracias a ello continúa utilizando hechizos.Como parte de su naturaleza vampírica, la verbena sigue siendo una de sus principales debilidades y necesita un anillo encantado para caminar bajo el sol sin sufrir sus efectos.

• El legado Petrova

La historia de Siria comienza generaciones antes de su nacimiento.Katherina Petrova, posteriormente conocida como Katherine Pierce, queda embarazada siendo muy joven. Su familia considera una vergüenza que tenga una hija fuera del matrimonio y, tras el nacimiento de Nadia, su padre se la arrebata y la da en adopción.Katherine abandona Bulgaria y pasa años buscando a su hija.Durante su huida se refugia con una familia de brujos que descubre que es una doppelgänger y posee un poder extraordinario.Intentan utilizar su sangre para un ritual, pero Katherine se rebela y los mata para sobrevivir, dejando con vida únicamente a Dean, quien posteriormente se convierte en su enemigo.Con el tiempo, Katherine se convierte en vampiro y finalmente consigue reencontrarse con Nadia.Sin embargo, Nadia hereda el mismo poder de su madre y nunca consigue controlarlo. Tras perder el control, mata accidentalmente a su esposo y a sus propios padres.Antes de morir intenta proteger a su hija entregándola en adopción.Dean utiliza a Nadia para vengarse de Katherine y finalmente ella muere frente a su madre. Después, Dean encierra a Katherine durante años junto a los cuerpos de Nadia y de su esposo.Katherine consigue escapar, pero queda marcada para siempre por aquella pérdida.Su sangre y su legado continúan pasando de generación en generación, hasta llegar a Siria.

• Amethyst Brodwell

Amethyst Brodwell, hija de Nadia y descendiente directa de Katherine, hereda también la Ilusión del Dolor. Desde pequeña aprende a controlar un poder capaz de provocar dolor físico sin tocar a una persona y crear escudos capaces de detener ataques mágicos.Estudia primero en Durmstrang y posteriormente llega a Hogwarts, donde es seleccionada para Gryffindor. Allí conoce a Sirius Black y se enamora profundamente de él.Aunque sabe que Sirius nunca siente lo mismo por ella, Amethyst continúa amándolo durante años.Cuando él sale de Azkaban vuelven a encontrarse y pasan una noche juntos. Poco después descubre que está embarazada.Decide llamar a su hija Siria Oriana Black Brodwell, pero jamás consigue contarle a Sirius que tiene una hija.Antes de hacerlo, Bellatrix Lestrange asesina a Sirius Black el 18 de junio de 1996.Siria nace sin conocer a su padre.

• La primera ausencia

Cuando Siria apenas tenía quince años, Amethyst fallece después de una enfermedad.La pérdida la destruye por completo. Permanece junto a su madre hasta el último instante y, antes de despedirse, le promete que algún día volverán a encontrarse y que hará todo lo posible para que se sienta orgullosa de la mujer en la que se convertirá.Desde entonces, el recuerdo de Amethyst deja de ser solamente un recuerdo. Se convierte en la fuerza que la impulsa a seguir adelante incluso cuando siente que ya no le queda nada.

• Otra pérdida

Después de terminar Hogwarts, Siria regresa a Bulgaria con la intención de reencontrarse con parte de su pasado. Allí descubre que uno de sus amigos de la infancia, un vampiro, ha sido asesinado por mortífagos.Aquella noticia termina por romper lo poco que quedaba de la vida que había conocido hasta entonces.Cansada de despedirse de las personas que ama, toma la decisión de abandonar el mundo mágico y comenzar una nueva vida en Londres.Antes de morir, su amigo había dejado para ella sangre de vampiro por si algún día la necesitaba o decidía convertirse.Siria la conserva.Todavía no quiere ser inmortal.

• Sus primeros amores

Londres representa un nuevo comienzo.Allí intenta reconstruir su vida y conoce a distintas personas, aunque ninguna consigue hacer desaparecer el miedo que carga desde hace años. Su primera relación importante termina cuando descubre que su pareja la engañaba con otra mujer, dejándola profundamente herida y desconfiada del amor.Durante un tiempo decide conformarse con relaciones pasajeras y encuentros sin compromiso, convencida de que volver a enamorarse solo significaría volver a sufrir.Hasta que conoce a Daniel Wood.

• Daniel Wood

Lo conoce en el bar de su amigo Jackson.Lo que comienza como una simple conversación se transforma poco a poco en una conexión imposible de ignorar. Daniel consigue acercarse allí donde nadie había logrado hacerlo y le devuelve la posibilidad de amar sin miedo.Para Siria, Daniel siempre será como el hilo rojo del destino: dos personas destinadas a encontrarse pueden separarse una y otra vez, pero el hilo nunca termina de romperse.Por primera vez en mucho tiempo...
Siria decide no huir.
El amor entre ambos crece hasta convertirse en un hogar.Se casan y, desde ese momento, Siria pasa a ser Siria Wood. Junto a Daniel encuentra aquello que siempre había buscado: un lugar construido sobre la confianza, el respeto y la complicidad.Poco después descubren que serán padres de mellizos.Holland Francia y Nathan Leone, a quienes llaman cariñosamente "los dos sapitos".Para Siria, Daniel y sus hijos representan todo aquello con lo que alguna vez soñó.

• Una segunda oportunidad

Durante el embarazo, Siria sufre un grave accidente automovilístico.Los médicos logran salvar a sus bebés, pero ella muere durante el parto.Sin embargo, años atrás había guardado la sangre de vampiro que su amigo le había dejado, la cuál bebió antes del accidente. Tras su muerte, despierta en transición y finalmente regresa convertida en vampiro.Al volver, logra reunirse con Daniel y sus hijos. Aunque debe aprender a controlar su sed y sus nuevos instintos, Daniel decide quedarse a su lado y le devuelve su anillo de bodas.Como respuesta, Siria realiza un hechizo sobre él para protegerlo del sol.Había muerto una vez.Pero regresó por ellos.

• Vampiro, Mortifaga y una doble vida

Tras convertirse en vampiro, Siria lucha por controlar su sed mientras descubre que la Ilusión del Dolor ha alcanzado un poder aún mayor.Su habilidad llama la atención de Voldemort, quien ordena su secuestro y la somete a torturas para convertirla en un arma. Bajo esa presión, Siria pierde el control y le arrebata la vida a un hombre, una culpa que la marcará para siempre.Aprovechando su miedo, Voldemort amenaza con asesinar a Daniel y a sus hijos si rechaza la Marca Tenebrosa, obligándola a unirse a los mortífagos.Desde entonces lleva una doble vida: ante su familia sigue siendo esposa, madre y directora de danza; en las sombras, cumple las órdenes de Voldemort con el único propósito de mantener a salvo a quienes ama, sin dejar de buscar una salida de aquella oscuridad.

• Siria como madre

Desde el nacimiento de Holland y Nathan, Siria se promete que sus hijos nunca cargarán con los errores de los adultos ni crecerán sintiéndose diferentes por la naturaleza con la que nacieron.Con los años, Holland desarrolla su magia con normalidad, mientras Nathan descubre más tarde que es un sifón, capaz de absorber la magia ajena para utilizarla.Decidida a protegerlo, Siria investiga hasta crear un objeto mágico que le permite extraer magia de sí mismo, dándole independencia para controlar su don.Tras todo lo que perdió, Holland y Nathan se convierten en el lazo más fuerte que aún la une a Daniel y en el motivo por el que nunca deja de seguir adelante.

• Sirenitte´s dance and ballet house

Desde niña, Siria comparte con Amethyst un profundo amor por la danza. Su madre suele llamarla cariñosamente "mi sirenita'' y siempre la anima a perseguir aquello que la hace feliz.Con los años, Siria cumple aquella promesa abriendo su propia escuela de danza: Sirenitte's Dance and Ballet House.La escuela termina convirtiéndose en mucho más que una profesión.Es un homenaje permanente a Amethyst, a la infancia que compartieron y al sueño que ambas construyeron juntas.También representa la prueba de que, incluso después de tantas pérdidas, Siria fue capaz de crear algo completamente suyo.

• Nueve años despues

Con la derrota de Voldemort, Siria consigue dejar atrás su vida como mortífaga y recuperar el control absoluto de sus poderes.Por primera vez en muchos años puede dedicar su vida únicamente a su familia y a la danza.Sin embargo, el destino vuelve a ponerla a prueba.Daniel fallece a causa de una enfermedad.Para Siria, Daniel nunca fue solamente su esposo. Fue el hombre que le enseñó a confiar otra vez, a amar sin miedo y a descubrir que un hogar podía encontrarse en una persona.Su muerte vuelve a romper una parte de ella.Aun así, encuentra fuerzas para seguir adelante por Holland y Nathan.Ellos representan la parte de Daniel que permanecerá con ella para siempre.

• Amor eterno

Aunque Daniel ya no está físicamente a su lado, Siria nunca deja de amarlo.Su amor permanece en sus hijos, en los recuerdos que compartieron y en cada uno de los sueños que construyeron juntos.Con el paso del tiempo comprende que el amor no desaparece simplemente porque una persona ya no esté.Aprende que existen sentimientos capaces de sobrevivir incluso a la muerte.

• Quien es Siria

Al final, Siria es una bruja, un vampiro y una doppelgänger, pero por encima de todo es una madre, una sobreviviente y una mujer que aprendió a seguir adelante a pesar de sus pérdidas.Perdió a su padre antes de conocerlo, a su madre siendo apenas una adolescente, a amigos, a su humanidad y, finalmente, al amor de su vida. Fue traicionada, murió, regresó convertida en vampiro y fue utilizada como arma por Voldemort.Ninguna de esas tragedias consiguió definirla por completo.Hoy continúa criando a Holland y Nathan, enseñando danza y manteniendo vivo el recuerdo de todas las personas que amó.No tuvo la vida que alguna vez imaginó.Pero consiguió construir una vida que valiera la pena vivir.

«Algunas personas sobreviven porque no tienen otra opción. Siria decidió hacerlo porque, incluso después de perderlo casi todo, todavía encontró razones para amar, recordar y permanecer.»

✎𓂃 HISTORIA DE HOLLAND WOOD

╰┈➤ ° Todo sobre los vampiros: Lᴏs ᴠᴀᴍᴘɪʀᴏs ғᴜᴇʀᴏɴ ʜᴜᴍᴀɴᴏs ϙᴜᴇ ɪɴɢɪʀɪᴇʀᴏɴ sᴀɴɢʀᴇ ᴅᴇ ᴠᴀᴍᴘɪʀᴏ ᴀɴᴛᴇs ᴅᴇ sᴜ ᴍᴜᴇʀᴛᴇ. ᴘᴏsᴇᴇɴ ᴜɴ ʟᴀᴘsᴏ ᴅᴇ 24 ʜᴏʀᴀs ᴅᴇsᴅᴇ sᴜ ᴅᴇsᴘᴇʀᴛᴀʀ ᴘᴀʀᴀ ᴛᴏᴍᴀʀ sᴀɴɢʀᴇ ʜᴜᴍᴀɴᴀ ʏ ᴄᴏɴᴠᴇʀᴛɪʀsᴇ ᴇɴ ᴜɴᴏ ᴅᴇ ᴇʟʟᴏs. A ᴇsᴛᴏ sᴇ ʟᴇ ʟʟᴀᴍᴀ "ᴛʀᴀɴsɪᴄɪóɴ"╰┈➤ ° Habilidades de un vampiro: ʟᴏs ᴠᴀᴍᴘɪʀᴏs ᴘᴏsᴇᴇɴ ᴄᴀʀᴀᴄᴛᴇʀɪsᴛɪᴄᴀs ϙᴜᴇ ʟᴇs ʜᴀᴄᴇɴ ᴅɪғᴇʀᴇɴᴛᴇs ᴀ ʟᴏs sᴇʀᴇs ʜᴜᴍᴀɴᴏs. ᴍás ᴀʟʟᴀ ᴅᴇʟ ʜᴇᴄʜᴏ ᴅᴇ ʜᴀʙᴇʀ ᴠᴜᴇʟᴛᴏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴍᴜᴇʀᴛᴇ ʏ ᴅᴇ ʟᴀ ᴠɪᴅᴀ ᴇᴛᴇʀɴᴀ.

• En Hogwarts

Holland cerró otro libro con fuerza para dejarlo en la mesa mientras recostaba la espalda en el respaldo de la silla, cruzándose de brazos al no encontrar nada más interesante en los libros que estaban en esta sección de la biblioteca. No podía creer que la biblioteca de Hogwarts fuera tan grande y los libros interesantes estuvieran en la sección prohibida. Miró el lugar que pasaba por su mente, pensando en cómo podía pasar hasta ese lugar sin que la encontraran.- A veces me pregunto qué pasará por tu cabeza cuando te quedas mirando un punto fijo. -dijo la voz que reconocería en cualquier lado, su hermosa Larissa, la hija de la mejor amiga de la infancia de su madre. Era como una prima, pero no solía llamarle así, ya que sería raro porque estaba muerta de amor por su hermano.- Nada nuevo.-dijo Holland encogiéndose de hombros mientras se acomodaba en su asiento, viendo cómo Larissa agarraba uno de los libros que tenía en la mesa.- ¿No es más fácil preguntarle a tu madre sobre el tema, Holland? -dijo mirándola, dejando de nuevo el libro en su lugar, entre la pila de libros que tenía.- Sabes que nunca dice nada sobre el tema, prefiere que Nathan y yo no estemos metidos en la locura del vampirismo. -dijo Holland rodando los ojos- Pero vamos, es genial y demasiado interesante como para pasar desapercibido un tema así. ¿Por qué no deja que nos inundemos de información?- A Nathan no le interesa…-dijo Larissa, haciendo que Holland volviera a rodar los ojos, haciendo una mueca- No hagas eso, odio que hagas eso.-Larissa le golpeó despacio el hombro, mirándola mal cuando Holland se burló de ella, haciéndola reír un poco.- ¿Ninguno de estos libros dice nada interesante?- No, nada. Puedes estar un día con mi madre y darte cuenta de que hace todas las cosas que dice el libro, pero no hay nada que pueda ayudarme a saber más, más de lo que ella no cuenta. -dijo Holland antes de ponerse de pie para comenzar a poner los libros en su lugar.Siguió guardando los libros en silencio. Al ver que Larissa no seguía su conversación, levantó la mirada seria, sorprendida al verla con la mirada ida como había estado ella hace un momento atrás.- A veces me pregunto qué pasará por tu cabeza cuando te quedas mirando un punto fijo.-la imitó fingiendo su voz, haciendo que Larissa la mirara enojada.- Odio que me imites.-dijo poniéndose de pie para acercarse a ella.- Tengo una idea.-dijo susurrando- Usemos el mapa y la capa de mi padre para entrar a la sección prohibida. Si nuestros padres no hablan sobre el vampirismo, es por algo y tenemos que averiguarlo, chinita. -dijo mirándola.Holland le regaló una sonrisa cuando le dijo ''chinita'' y dejó un beso en su frente. Amaba a la enana, era la mejor amiga que se podía tener.- Eres un genio. Nos vemos a la medianoche y entramos a ese lugar, no seremos las primeras ni las últimas en romper las reglas. ¿Qué esperaban de una Potter y una Black juntas, no? -dijo sonriendo con picardía, terminando de arreglar todo para alejarse del lugar, pensando bien cómo entrarían.Al llegar la medianoche, ambas se encontraban bajo la capa de invisibilidad que le pertenecía a los Potter, mirando por el mapa que nadie estuviera cerca mientras entraban a la biblioteca, yendo a la sección que más les llamaba la atención.Luego de abrir la reja con el hechizo correcto, comenzaron a buscar algún libro sobre vampiros que les llamara demasiado la atención.Buscaron por un buen rato hasta que un libro que parecía más un diario llamó la atención de Holland, haciendo que lo tomara mientras Larissa seguía buscando por otro lado."Stefan Salvatore".Holland levantó una ceja al leer el título, para luego leer el nombre de la sección en donde estaba:"Vampiros".Solo hizo falta leer eso para abrir el diario sin pensarlo dos veces, comenzando a leer.Eran las memorias de un vampiro, al cual solían llamar "El destripador de Monterrey".- Larissa, mira esto.-dijo Holland para que se acercara a ella, y comenzaron a leer lo que decía el diario- "Odio que Damon se meta en mi mente, odio que sepa hacerlo y que lo use para molestarme. Mi hermano quiere cumplir lo que prometió, quiere vengarse por hacer que se convirtiera, quiere dar una eternidad llena de miseria y dolor." -dijo Holland leyendo las palabras de Stefan Salvatore, que parecía tener un hermano que era vampiro como él.- Leí algo sobre eso...-dijo Larissa antes de volver a alejarse para ir por un libro.- Se llama telepatía, solo vampiros fuertes pueden lograrlo, mira...-dijo abriendo el libro para comenzar a leer- "Los vampiros tienen la capacidad, aunque una variante débil, para entrar en las mentes de los demás, siempre y cuando el suyo sea más fuerte que ellos. Es una de las habilidades más difíciles de dominar. Normalmente, esta habilidad funciona tácticamente y el vampiro requiere contacto físico con el fin de que funcione correctamente, aunque algunos suelen hacerlo de distancias cortas. Al igual que sus atributos físicos, su fuerza mental aumenta con la edad y una buena alimentación de sangre humana."-dijo Larissa antes de mirarla de nuevo- Ese Damon debe ser muy fuerte si puede entrar en la mente de un vampiro.- Stefan es un destripador, pero se alimenta de animales, ¿cómo es eso?-dijo Holland sin dejar de leer, pasando páginas y páginas para informarse sobre la vida de ese vampiro, pero cuando la parte más interesante se acercaba, no había más páginas-No. No. No.-dijo comenzando a buscar el nombre de Stefan Salvatore en la sección de libros, para ver si encontraba más diarios.- El diario no está terminado. Stefan Salvatore nos da la información que necesitamos con sus recuerdos, tenemos que encontrar sus libros.-dijo casi con desesperación.Necesitaba saber más, quería saber más sobre Damon y Stefan Salvatore, quería que le contaran con sus vivencias y palabras lo que era ser un vampiro, que hiciera lo que su madre no hacía; contarle la grandiosa vida que tenía como vampiro.

• Dos años después

Dos años habían pasado desde el día que leyó el diario de Stefan Salvatore, dos años buscando todo sobre ese vampiro que había logrado volverla loca con su historia.Larissa, su mejor amiga, decía que se estaba obsesionando con el tema de los vampiros, pero no era culpa de Holland que no quisieran decirle nada sus padres sobre ello.Su madre tenía la inmortalidad y nunca hablaba del tema, aunque de niña la había ayudado en varias ocasiones cuando necesitaba que le alcanzará bolsas de sangre para alimentarse, nunca querían decirle nada sobre cómo era la vida de vampiros. Estaba cansada de esto, y entonces, había comenzado su propia búsqueda sobre información.Hoy tenía 16 años, y su rebeldía enloquecía a su madre, quién los cuidará con amor y dulzura desde que su padre había fallecido de cáncer, algo que la sangre de vampiro no podía curar, pero aun así, su madre, hacía todo para verla bien, feliz, tanto como lo hacía con su hermano mellizo, Nathan.Solía volverla loca cada vez que se iba a la casa de John Gilbert, quien era descendiente de los fundadores de Mystic Falls, el lugar con más seres sobrenaturales que había, aunque nadie lo sabía, ya que los fundadores solían esconderlo para protegerse, para proteger el pueblo.- Holland, amor, no podemos pasarnos todo el día encerrado aquí buscando todo eso que quieres saber en los diarios de Jonathan Gilbert. -dijo John mirándola con los brazos cruzados, mientras ella estaba sentada en el sofá de su casa.Hacía un año que había conocido a John, un muggle que sabía mucho sobre los temas que le interesaban, y aunque no sentía lo mismo que él, le servía estar a su lado para aprender más de lo que necesitaba, de lo que estaba investigando y aunque él sabía que no sentía lo mismo, estaba perdidamente enamorado de ella.- ¿Acaso te molesta que lea los diarios? -dijo Holland levantando una ceja, cerrando el libro de golpe, mirándolo seria.- Olvídalo, Holland.-dijo antes de salir enojado de la habitación.Holland negó con la cabeza ante la inmadurez del joven Gilbert y luego de unas horas más en su casa, se dirigió a la suya donde su madre la recibieron con mucho amor como siempre.[...]Los días pasaban y John se ponía cada vez más pesado con su amor, tanto que le había dicho que no la dejaría leer más los diarios porque decía que lo usaba solo por ellos, entonces, tuvo que entregarse a él como muestra de que lo quería más que por los libros, aunque no sea del todo cierto, necesitaba seguir su investigación sobre Mystic Falls y sus vampiros, pero como si todo se pusiera en su contra, las cosas se complicaron.-¿Estás embarazada, Holland? -dijo John con un tono de felicidad.- ¿Por qué estás feliz? ¿No ves que has arruinado mis planes? -dijo Holland enojada, sin pensar en lo que decía, asustada porque no estaba lista para esto, no estaba lista para tener un hijo, para ser madre.Luego de un silencio incómodo, John volvió a hablar.- ¿Y qué harás, Holland? -Se lo notaba más decaído que hace unos segundos, sabía que no le había gustado lo que había dicho pero tenía razón.- Somos jóvenes para ser padres, John. -dijo mirándolo- Mi madre te matará. No debe saberlo. -dijo negando con la cabeza, mientras pensaba, guardando silencio un largo rato- Debemos huir, John. Hasta que el bebé nazca y cada uno pueda seguir su vida luego, dándole una mejor a este bebé. No tendrá una buena vida con nosotros, John. -dijo sin mirarlo, llevando inconscientemente sus manos a su vientre aún plano.
John se quedó en silencio, pensando en lo que estaba diciendo.
- Te veo en 4 horas para irnos de aquí. -dijo John antes de irse, dejándola sola con sus pensamientos.Tenía que dejar a su familia, aunque sabía que ellos la apoyarían en todo, pero no había vivido nada aún, no había realizado lo que quería hacer, no había terminado sus estudios y no se veía capaz de hacerse cargo de un bebé.- Lo siento, porotito. -susurró con las manos en su vientre- Es lo mejor para todos, algún día lo entenderás, o quizás no...

• Tiempo después

El tiempo había pasado, su madre la buscaba por todos lados, podía ver los carteles con su foto y datos por todos lados, intentando encontrarla, hasta dejando todo en internet, donde se encontraba viendo su foto ahora.- Algún día se cansarán de buscar. -dijo John detrás de ella, donde se encontraba sentada en el sofá con las manos en su vientre de casi nueve meses, ya quedaba poco para dar a luz y se moría de nervios y miedo.- Lo dudo.-susurró sin mirarlo.Los echaba de menos, mucho y sabía perfectamente que no se cansarían de buscarla, y le dolía lastimar a su madre y hermano así pero no podía hacer nada más ahora.- ¿Estás seguro de que tu primo quiere al bebé? -le dijo al padre del hijo que esperaba, que estaba sentado a su lado.- Dijo que sí. Es doctor, será todo muy fácil, solo debemos llamarlo cuando estés a punto de dar a luz y él se llevará al bebé luego. No puede tener hijos, está seguro de que lo quiere. -dijo sin mirarla, pensando- ¿Estás segura de que quieres hacerlo? Es nuestro bebé. -dijo John agarrando su mano, haciendo que lo mirara y la corriera rápido.- Por eso es lo mejor para el bebé. No voy a darle una buena vida. -dijo mirándolo- vivo para mi investigación, John. No estoy lista para esto.- ¿Dejarás todo por la investigación? -dijo enojado- ¿Por tu obsesión?- Por supuesto. -dijo seria antes de ponerse de pie, era mejor que se enojara con ella, sería más fácil para él- Yo me esforcé para llegar a donde estoy. Estoy cerca de encontrar lo que quería, John. No te necesito luego de dejar al bebé, yo me iré y tú seguirás tu vida. -dijo antes de alejarse, enojada por lo que había dicho.¿Qué idea pasaba por su cabeza para querer quedarse con un bebé que no sabría cuidar... un bebé al que no iban a poder darle todo?[...]El día había llegado, el dolor era impresionante, un dolor que no había sentido antes.- Por favor, por favor...-le dijo a Grayson Gilbert, el primo de John quien se quedaría con el bebé.- Ya falta poco, Holland. Respira y haz fuerza de nuevo, ya puedo verle la cabeza. -dijo el doctor Gilbert, antes de que sus gritos comenzaran a escucharse de nuevo en la habitación, apretando la mano de la señora Gilbert que la ayudaba en ese momento.- Un poco más, linda.-dijo de nuevo. Volvió a hacer fuerza hasta escuchar un llantito, cayendo rendida en la cama donde estaba.- Es una niña. ¿Te gustaría verla? -le dijo con una sonrisa, con la bebé en brazos.- ¿Una niña? -susurró cansada antes de asentir con la cabeza y estirar sus brazos para que se la dejara cargar.Luego de que se la pasó, acomodó bien a la pequeña en sus brazos, llevando su dedo a su nariz para acariciarla y luego agarrar su manito.Era muy bonita, lo más bonito que había visto en su vida.Las lágrimas comenzaron a caer cuando imaginaba a su familia a su lado, a mamá llorando porque era abuela de una princesa hermosa, a su padre si estuviera vivo, abrazándola sin dejar de mirarla con todo el amor con el que siempre la miraba, y a Nathan, su hermoso hermanito, diciendo que iba a mimarla y cuidarla con su vida.De pronto un dolor horrible la invadió, el dolor de una madre abandonando a su hija.Levantó la mirada para ver al doctor y su mujer que se miraban algo preocupados y negó con la cabeza antes de volver a mirar a la niña.-Lo siento mucho, princesa. -susurró sin dejar de mirarla- No olvides que te amo pero ellos te darán una mejor vida de la que puedo darte yo, sé que te cuidaré de lejos. Lo siento, pequeña. Pero serás feliz aquí y algún día, volveré a verte. Lo prometo, voy a verte, princesa -dijo entre lágrimas antes de dejar un besito en su frente, volviendo a mirar al doctor y asintiendo con la cabeza para que pudiera agarrarla, viendo cómo la alejaba de ella, llorando con dolor mientras John aparecía por la puerta, acercándose a ella.- Estará bien. Lo estará, Holland. -susurró cuando estaban solos, dejándola abrazar sin dejar de ver por dónde se había ido su pequeña.- La llamarán Elena...-dijo John mirándola.- Elena...-susurró con una leve sonrisa al saber el nombre de su hija, Elena. - Adiós, mi Elena...

• Isobel Flemming

Luego del día del parto, siguió con su vida, cambiando su nombre para que no la encontraran, llamándose ahora Isobel Flemming.Terminó sus estudios en el mundo muggle, en la Universidad de Duke, donde conoció a un hombre quien la volvía loca en ambos sentidos, para mantenerlo lejos con una restricción contra él, y como para enamorarse y casarse de él.Alaric, un hombre maravilloso, le encantaba lo mucho que la amaba y la ayudaba en sus investigaciones tanto con apoyo como con consejos o datos que necesitaba.Día a día, sus investigaciones iban creciendo y había encontrado el nombre de un vampiro que estaba por aquí, asesinando a muchas personas sin dudarlo y su apellido le resonaba mucho.Sí, era arriesgado el querer buscarlo, pero era la solución a todo lo que quería.Todas las noches en las que Alaric trabajaba, solía ir a buscar a Damon en los lugares donde solían haber más muertes, sabiendo que podía estar en uno de esos lugares.Y tenía razón, una noche lo vio en uno de los bares en donde habían asesinado a dos adolescentes.Se acercó a él en modo coqueta y comenzó a hablar con él, hasta que cayó en lo que quería, dormir con él para decirle que sabía lo que era y quería que la convirtiera, y no fue tan difícil como pensó que sería.
Damon Salvatore la convirtió sin dudarlo, no le interesaba el por qué quería que la convirtiera, lo hacía por diversión, pero no le importaba, tenía lo que quería.
Era vampiro.Ese mismo día, huyó sin dudarlo, era libre y como quería serlo, era fuerte e increíble.Su sueño se había hecho realidad, era feliz, aunque para serlo había fingido su muerte, dejando a su esposo por la inmortalidad y todo lo que siempre había soñado, pero ¿estaba completa?

• Años después

Los años habían pasado y era feliz con su nueva vida, era vampiro y no le interesaba nada más que vivir la vida que siempre había soñado.Viajaba por el mundo, conociendo y disfrutando.Admitía que siempre que podía iba a ver a su familia, desde lejos, ellos no merecían lo que les había hecho, los que les hizo sufrir una muerte falsa que ellos pensaban que era verdadera, pero jamás la entenderían, jamás comprenderían a dónde llevó su amor por la inmortalidad que su madre poseía y no quería explicar, pero ahora ya no necesitaba explicación, ahora lo estaba viviendo y le enfadaba pensar lo egoísta que había sido su madre en no querer compartirlo.- Isobel. -dijo una voz detrás de ella, haciendo que sacara su vista de la calle de París que veía por la ventana, volteando para recibir con una sonrisa a la mujer que le hablaba.- Katherine. -dijo mientras se acercaba a ella para recibirla con un suave abrazo.Había conocido a Katherine por casualidad hace unos años en las calles de Nueva Orleans, y el temor la había recorrido cuando pensó que era su propia madre la que estaba frente a ella, y que la había visto asesinar sin piedad a tres hombres, pero no, era Katherine Pierce, una réplica exacta de la mujer que le dio la vida, y supuestamente Katherine conocía a su madre y decía que eran familia lejana.- ¿Qué te trae por aquí, linda? -le dijo al alejarse de ella para ir a servirle algo de su vino favorito.Se habían vuelto grandes amigas luego de pasar muchas cosas juntas, habían huido de Klaus Mikaelson unos años, no la perseguía a ella, pero no quería dejar a Katherine huyendo sola, su amistad era un poco fuerte, aunque solían ser bastante egoístas también.- Pensé que estabas en Mystic Falls. -le dijo mientras terminaba de servir vino en su copa para luego entregársela.- Intento mantenerme en movimiento. -dijo levantando una ceja antes de beber un poco del líquido que tenía la copa.- ¿Algo nuevo? -preguntó intentando sacar la información que necesitaba.- Volveré a Mystic Falls en unos días, hay algo raro ahí que hace que Stefan y Damon se mantengan en ese lugar. -dijo mientras se sentaba en el sofá con la elegancia y sensualidad que desprendía siempre.No pudo evitar tensarse cuando dijo que volvería a ese lugar.No le había contado algo a Katherine y tenía temor de contarle y que fueran por ella, no quería que se acercara a ella, que conociera que tenía una debilidad y más que la usara para su beneficio.Lo que había aprendido en todos estos años a su lado, era que amaba saber las debilidades de las personas y más si esas debilidades podían darle la libertad, y no podía dejar que supiera que tenía una hija en Mystic Falls que la había llamado hace unos días, y que estaba al lado de nada más y nada menos que los hermanos Salvatores.Y había algo más, que era su réplica exacta.

• Mystic Falls

Los días desde la visita de Katherine habían pasado, y ahora se encontraba en Mystic Falls para ayudar a John a que su hija se alejara de los Salvatores y a que les entregara la piedra de luna que necesitaban.Se había puesto triste al ver a su hija desde lejos, verla grande y tan parecida a la mujer que amaba como nadie; su madre.- ¿Estás segura de esto, Isobel? -preguntó John. Agradeció que ya no usara su antiguo nombre, sabía que era difícil para ella recordar esos tiempos.- Es por el bien de nuestra hija, me entregará lo que quiero y luego me iré. No le hago ningún bien quedándome en su vida, ni tú, John. -dijo volviendo a mirarlo, cruzando sus brazos seria, intentando que no se notara el dolor que sentía por volver a dejar a su pequeña Elena.El plan que había armado marchaba a la perfección, tenía lo que quería, su hija estaba a salvo por ahora y había logrado despedirse de Alaric como era debido, como él lo merecía.Se fue de Mystic Falls con tristeza, pero con una meta en mente; que Klaus Mikaelson jamás se acercara a su hija.Si antes intentaba que no lo hiciera, ahora más.No iba a dejar que nadie la lastimara, y aunque se había convencido de que no eran buenos padres para ella, John se quedaría a protegerla de lo que fuera que pasara en ese pueblo que hiciera que su vida corriera peligro.

• El último encuentro

Un tiempo más tarde, las cosas se complicaban y ya era hora de terminar con todo el dolor que había causado, pero antes necesitaba ver a Elena para terminar lo que le habían mandado a hacer, también necesitaba disculparse por no haberse quedado con ella, por no haberle dado la vida que quería que tuviera y deseaba aún que pudiese conseguir, tenía que confirmar que estaba a salvo para poder irse en paz, para cumplir con lo pedido.Volvió a Mystic Falls para saber cómo estaba y la guio hasta un cementerio que quedaba lejos del pueblo, agradeciendo que le dejara quedarse un momento con ella luego de lo que le había hecho, aunque prácticamente, la había obligado a que dejara que hablara con ella.- ¿Qué es esto, Isobel? -dijo Elena luego de interrogarla sobre por qué había traicionado a Katherine y si la llevaría hacia Klaus, cuando se detuvieron frente a unas tumbas que estaban en el lugar, deseando con todo su corazón que le dijera "mamá".- Mi madre…tu abuela... La puso cuando fue claro que la policía no encontraría mi cuerpo. La visita cada semana y me trae flores. -dijo mirándola con una sonrisa al hablar de su madre. - Aunque no hay nadie enterrado aquí.-dijo para luego mirar su lápida que llevaba su antiguo nombre "Holland Francia Wood Black"- Es que su Holland está muerta. Así que hay una parte mía que está aquí, la parte humana. La parte que yo abandoné cuando elegí convertirme en vampiro, la parte que soñaba con el día que conocería a su hija. -dijo antes de mirarla un momento-- ¿Qué? -le dijo Elena sorprendida por lo que le contaba.- Tú conoces la otra parte, a Isobel, la parte que vendería a su propia sangre. -dijo antes de volver a mirar su lápida- Esta era la madre que debías tener, Elena. No lo que soy ahora. Te liberé de mí, Elena, yo no me liberé de ti. Te amé y te amaré siempre, hija. -dijo girando para quedar frente a ella mirándola, esperando a que dijera algo, pero ninguna palabra salió de sus labios.Soltó un suspiro y sacó el celular de su bolsillo cuando comenzó a vibrar, contestó.- Sí. -asintió con la cabeza ante la pregunta que le hizo la persona que estaba del otro lado del celular- ¿Soltarla? -repitió casi en un susurro cuando le dijeron que el problema que hacía que su hija corriera peligro estaba solucionado. Le dijeron que la dejara ir, que ya había terminado con su trabajo de protegerla. - ¿Es todo? -dijo casi con alivio de por fin haber terminado con su trabajo.Cortó la llamada, sin dejar de mirar a su pequeña hija.- ¿Quién era? -preguntó Elena mirándola con desconfianza.- ¿Me perdonas, Elena? Yo soy una decepción para ti. -dijo con tristeza para luego arrancarse el collar que tenía, donde estaba la piedra que la protegía del sol, dejándolo caer al suelo, sintiendo cómo su cuerpo empezaba a arder hasta prenderse en llamas frente a la tumba donde siempre tuvo que estar, cayendo al suelo hasta que todo se puso negro mientras los gritos de su hija que se unían a los suyos se hacían lejanos, entregándose a la muerte al fin.

• Después de la muerte

Abrió los ojos luego de un momento, y todo se veía más claro. Estaba parada en el cementerio donde estaba hace un momento, pero sola, no había nadie.¿Esto era morir? ¿Estar sola en medio de la nada?- ¿Hola? -dijo al ver una luz que se hacía cada vez más grande, comenzó a retroceder por intuición antes de cubrir su rostro con sus manos, sintiendo cómo la luz la tragaba y todo el peso de sus hombros se marchaba, sintiendo que era la vida después de la muerte cuando se encuentra la paz.

✎𓂃 HISTORIA DE NATHAN WOOD

• El poder que despertó

Todo se encontraba tranquilo en la casa Wood. Los pequeños estaban en sus sillitas, comiendo entre balbuceos, con pequeños gritos que solían dar cuando hablaban entre ellos, haciendo reír a Siria.Siria se puso de pie para llevar sus cosas del desayuno al lavaplatos, mirando por la ventana cómo el día se estaba poniendo feo. Sonrió al ver la pulsera que llevaba la pequeña, una pulsera que había hecho para que su magia se controlara hasta que fuera un poquito más grande.Holland había sacado un carácter que se podía ver desde temprana edad, por lo que su magia se reveló más rápido, Nathan aún no lograba mostrar su magia, pero Siria sabía que lo haría cuando se sintiera listo para hacerlo.Ya era la edad en la que su magia tenía que volverlos locos por hacerla todo el tiempo, pero no era así. No llegaba y eso a Siria comenzaba a preocuparle un poco.Llevó a los pequeños a la habitación de juego que tenían en su casa y puso la reja en la puerta para que no salieran de la habitación.Se sobresaltó al escuchar el grito de Holland y levantó la mirada para ver cómo Nathan la agarraba de la pulsera, quitándosela sin querer al intentar robarle un juguete que su hermana tenía en la mano.- No peleen -dijo Siria, dejando el celular a un lado-. Por eso no te saco la pulsera -dijo, negando con la cabeza mientras le ponía la pulsera a la pequeña, que al gritar había abierto todos los cajones, haciendo que salgan las cosas volando. Se acercó a Nathan para cargarlo en sus brazos, intentando calmarlo.- Tranquilo, amor. - La mano de Siria comenzaba a ponerse gris de a poco, como si se estuviese secando ante el contacto de Nathan.- ¿Qué? -Siria quedó mirando su mano un momento, dejando el llanto de Nathan de fondo, como si estuviese en shock por lo que pasaba.- ¿Qué acaba de pasar? -dijo casi susurrando.Comenzó a jugar con los pequeños, quienes se calmaron luego de un rato.Luego de unas horas, estaba dando vueltas en la sala. Ya había acostado a los pequeños para que durmieran la siesta, esperando a que Daniel volviera del trabajo para contarle lo que había pasado con Nathan.- Daniel... -dijo, corriendo hacia su esposo para abrazarlo antes de comenzar a contarle todo.

• El hechizo de piedra de luna

Luego de haber consultado con brujos sobre lo que había pasado, les dijeron que Nathan era un brujo sifón, peligroso para el mundo mágico, y que deberían aislarlo antes de que robara su magia.Siria se negó.Ofendida, se fue y juró encontrar la solución para ayudar a su hijo a tener una vida normal.Había miles de libros de magia sobre la mesa mientras había estado investigando. También estaba el collar que le había regalado Daniel a Siria cuando se casaron, preparándolo para su pequeño.El hechizo estaba casi listo, llevándose toda su concentración.- ¿Eso servirá? -dijo Daniel detrás de ella cuando el hechizo había terminado, levantando el collar con su mano.- Eso espero -dijo, soltando un suspiro al ver cómo quedaba-. Lamento usar el colgante que me diste, pero lo vi perfecto para él -dijo, acercándose a Daniel para dejar un beso en sus labios-. Vamos a ver si se lo deja poner.Siria hizo una mueca para ir hasta donde estaba Nathan, en la sala, jugando en el suelo con su hermana, donde tenía miles de juguetes tirados por doquier.- Hola, amor -le dijo Siria, sentándose frente a él, sonriendo cuando se acercó a ella para ponerse de pie, agarrándose-. Mami te va a poner una pulsera como la de Holland, mira.- Te amo, Nathan. Todo estará bien, amor -dijo Daniel, acariciando su mejilla suavemente para luego cargar a Holland en sus brazos, mirándolos.Tenían las esperanzas puestas en ese collar, rogando que Nathan lograra sacar magia de ahí y no de ellos u otros brujos.Comenzaron a jugar con ellos, intentando hacer que Nathan riera mucho para ver si lograba hacer magia como solía hacer Holland cuando se ponía contenta.- Amor... -dijo Daniel al ver cómo comenzaba a levantarse uno de los muñecos que Nathan miraba con atención, acercándose de a poco hasta donde él estaba-. Funcionó...Siria soltó un suspiro con una sonrisa y lágrimas en los ojos mientras se dejaba abrazar por Daniel, aliviada de que su pequeño pudiera usar magia como su hermana, pensando que podría tener una vida normal sin que lo discriminaran en el mundo mágico.- Ven aquí, mi amor -dijo, agarrando a su hijo para llenarlo de besos, haciéndolo reír y riendo con él al ver cómo las luces comenzaban a titilar-. Te amo, sapito. Los amo.

• El misterio que aún permanece

Las cosas iban tranquilas desde que Nathan tenía el collar. Hacía magia como su hermana en casa, pero cuando tenían que salir, le quitaban la pulsera y a Holland se la ponían, aun con el riesgo de que Nathan les robara magia en el camino, pero era más peligroso que él hiciera magia frente a muchos muggles.Estaban siendo más cuidadosos con todo lo que venía con la magia de los pequeños, y también con la investigación que estaban haciendo para saber de dónde Nathan había sacado esos poderes.Siria sabía de dónde había sacado los suyos. Su hijo merecía saber de dónde había sacado los suyos.Daniel la ayudaba mucho con la búsqueda de información. En sus días libres se quedaba despierto con ella en la sala, con la notebook y miles de papeles que los Black tenían en su antigua casa, que se había atrevido a pedirle a Harry Potter si podía tenerlos. Él había aceptado sin problema, diciendo que le pertenecían tanto como las cosas de su padre que había en esa casa.Pero nada de eso le interesaba más que intentar averiguar qué era lo que pasaba con Nathan y por qué pasaba.Luego de semanas investigando el árbol genealógico de los Black, pudieron averiguar que ellos borraban a quienes se habían casado con sangre sucia, traidores de la sangre, a quienes eran squib y más.También habían averiguado que eran fanáticos de la sangre pura, tanto que se casaban entre primos para mantenerse puros.- Mi padre está tachado -dijo Siria, viendo la foto que había logrado sacar del árbol genealógico que estaba en la pared de la casa de los Black, donde quemaban la cara de los que sacaban del mismo.Sabía que su padre no era como todos los Black, ya que se juntaba con las personas que ellos repudiaban y que tenía un pensamiento muy diferente al de ellos.Su madre había dicho que ella había sacado eso de su padre, que agradecía que no tuviera el pensamiento que tenían todos los Black, y también agradecía que no se hubiera acercado a ellos para que no le metieran sus ideas locas de la sangre en la cabeza, ya que tampoco la familia Brodwell era fanática de ese tema.- Mira esto, amor -dijo Daniel, quien leía desde hacía semanas todas las historias de por qué habían borrado a los que estaban tachados en el árbol de los Black-. Dicen que a este hombre lo borraron del árbol y desterraron del mundo mágico por no poseer magia.-Le entregó la hoja vieja donde decía la historia de ese hombre, donde se veía el nombre algo borroso por los años que llevaba guardado.- No poseía magia...Siria volvió a leer una y otra vez lo que decía en la hoja, para ver si la palabra squib aparecía entre todas las palabras, pero nunca apareció.- No dicen que fuese muggle ni squib. Algo ocultaban al contar su historia -dijo mientras se ponía de pie con la hoja para comenzar a caminar dando vueltas por la sala, sin dejar de leer.- Podría ser quien buscamos -dijo Daniel, pasando una mano por su cabello antes de soltar un bostezo, haciéndola mirar el reloj que estaba colgado en la pared de la sala.Siria asintió con la cabeza, sintiéndose culpable al ver que eran las 4 a.m. y Daniel aún seguía despierto con ella, cuando había llegado del trabajo cansado y ella tenía que despertarse en unas horas para ir a la academia de danza.- Sí, podría ser -dijo, volviendo hasta donde él estaba para dejar la hoja en la mesa y sentarse en su regazo, acariciando su mejilla con amor para luego dejar un beso en sus labios-. Ya es hora de ir a la cama, amor. Gracias por quedarte conmigo hasta tarde. Será un día largo hoy. Tú cuidarás a los niños mientras trabajo y ambos estaremos cansados cuando llegue la tarde -dijo sonriendo, acariciando su cabello, sabiendo lo agotado que quedaba luego de quedarse cuidando a los sapitos en los días que él no trabajaba y ella sí.Se puso de pie luego de un beso lleno de amor, dejando todas las cosas en la mesa para agarrar su mano y guiarlo a la habitación para irse a dormir.[ ... ]Había llegado hacía cuatro horas a la academia. Ese día le había tocado darles clases a los niños de 11 a 14 años. Eran los más activos y los que más le quitaban energía, pero también la hacían divertir mucho, aunque siempre era firme a la hora de dar clases.La clase había terminado y ya era hora de que los pequeños se fueran a sus casas. Salió del salón para dejar que su asistente se encargara de que todos bajaran a vestirse, y entró a su oficina, donde firmó unos papeles que le habían dejado sobre el escritorio para que los viera al terminar.Tomó algo para refrescarse, deseando llegar a casa para darse una buena ducha y descansar con sus sapitos y Daniel.- Adiós, directora Siria -dijo con una sonrisa una de sus alumnas cuando salió de su oficina para ir a la salida a despedir a sus alumnos.- Adiós, Amy -dijo, devolviéndole la sonrisa una vez que llegó a la salida, donde su madre la esperaba-. Recuerda lo que te marqué, practica un poco más y verás que te saldrá de maravilla para la próxima clase, pero intenta no distraerte tanto -dijo con seriedad, en modo de regaño, haciendo que ella asintiera con la cabeza y su madre sonriera un poco.La pequeña le dio un abrazo para despedirse y luego se fue con su madre.Era una niña encantadora, con mucho talento, pero solía distraerse mucho con sus compañeras a la hora de las clases.Siria se distrajo de sus pensamientos cuando una voz la sacó de ellos, haciéndola girar con una sonrisa amable.- Buenos días, ¿en qué puedo ayudarte? -dijo cuando su rostro no le sonaba nada familiar de los que venían a buscar a sus alumnos a esa hora.Levantó un poco una ceja al escucharlo balbucear algo nervioso, sin evitar escuchar cómo su corazón latía como loco.- Disculpa, no escuché tu nombre -dijo con curiosidad al verlo de ese modo, sin poder decir una palabra y nervioso ante su presencia.- Es que no lo dije... -dijo el joven que estaba frente a ella, que comenzaba a recordarle un poco a alguien, pero no era posible.- ¿Quién eres? -dijo ya un poco más seria, impaciente por saber qué era lo que quería.Vio cómo clavaba su mirada en la suya y luego decía algo que jamás pensó que escucharía.- ...Tu hermano -dijo luego de su nombre, haciendo que Siria se quedara en silencio mientras esas dos palabras resonaban en su cabeza, escuchando cómo su corazón se tranquilizaba de a poco ante tal revelación, mostrando seguridad en su mirada ante lo que decía y tranquilidad en sus latidos, haciéndole pensar que no mentía en lo que decía.¿Era su hermano?- Imposible -dijo, negando con la cabeza y cruzándose de brazos-. Yo no tengo hermanos. Mi madre jamás tuvo más hijos que yo y mi padre...Se quedó callada luego, sin saber qué más decir de su padre, ya que sabía cómo había sido él en el pasado, antes de morir.- ¿Quién es tu padre? -dijo, mirándolo a los ojos, antes de soltar un suspiro y hacerse a un lado para que pasara a la escuela-. Hablaremos mejor en mi oficina -dijo sin dejar su seriedad de lado, pensando en tantas cosas en ese momento.Vio cómo el chico asentía con la cabeza antes de regresar al taxi con el que había llegado, agarrar sus cosas luego de pagar y alejarse de él para volver a donde ella se encontraba.Una vez en su oficina, él se encontraba sentado frente a ella, que no dejaba de mirarlo luego de que le contestara la pregunta que le había realizado cuando estaban afuera.- A ver si entiendo... -dijo, descruzando las piernas para acomodarse mejor en su asiento, alejando la taza de té que les había traído Jessica, preocupada al ver su rostro serio, pero sin preguntar sobre nada, saliendo rápidamente de la oficina luego-. Tú fuiste dado en adopción y luego de años investigaste sobre tu familia biológica, averiguando que tu padre se llama Sirius Black, y también encontrando mi nombre entre otros -dijo cruzando sus dedos sobre el escritorio, sin dejar de mirarlo-. Pero hay algo que no entiendo... -dijo levantando una ceja mientras pensaba-. ¿Por qué el Ministerio de Magia jamás dio contigo? ¿Por qué no sabían de tu existencia- Dijo sin entender por qué nadie sabía sobre otro Black en la familia, sabiendo lo mucho que querían que el apellido no se perdiera, sabiendo que no perderían la oportunidad de meter a otro Black, ya que el apellido se había perdido luego de la muerte de su padre, y cuando se casó con Daniel, su apellido también se había perdido, dejando a los Black como historia en el mundo mágico?
Algo no cuadraba en la historia del chico que estaba frente a ella y era raro.
Si no aparecía en el árbol y no había registros sobre él, algo debía tener para que los Black no lo quisieran y lo dieran en adopción, alejándolo del mundo mágico.- ¿Puedes hacer magia?- La pregunta salió de sus labios sin poder detenerla, sin pensarla dos veces.Pudo ver cómo la cara del chico cambiaba a preocupación y sorpresa ante su pregunta, para soltar un suspiro luego, desviando la mirada antes de volver a mirarla.- Sí -dijo Jethro, no del todo seguro-. Bueno, yo...-Siria podía escuchar cómo movía su pie inquieto bajo la mesa, haciendo que su corazón se acelerara ante un pensamiento que pasaba por su cabeza.- Yo tengo magia, no es del todo mía, pero tengo magia... -dijo nervioso, haciendo que Siria se echara hacia atrás, apoyando su espalda en su asiento, pensando en lo que había dicho.- Te contaré algo, cielo -dijo luego de unos segundos en silencio que parecieron eternos-. Los Black son unos magos muy conocidos en el mundo mágico, donde nací y seguramente tú también, aunque, como dices, no recuerdas nada de tu niñez -dijo mirándolo siempre al hablar-. Los Black son fanáticos de la sangre pura, que sería que todos son magos y brujas al 100 % en la familia. Quien no posea magia o quien sea un traidor a la sangre es sacado de la familia, odiado u olvidado -dijo quedándose en silencio un momento luego de decir eso, escuchando cómo su corazón volvía a latir, tragaba saliva nervioso y la escuchaba con preocupación, como si hubiese tocado algo importante para él-. Yo estuve investigando mucho sobre nuestra familia en estos días. Necesitaba encontrar algo en particular para entender una cosa -dijo con tranquilidad, sin perderse ninguna de sus reacciones.- ¿Qué cosa? -preguntó casi en un hilo de voz, como si se le fuese de a poco por cada cosa que le contaba.- Mi hijo tiene magia... -dijo mientras se cruzaba de piernas de nuevo, un poco más segura de que su pensamiento estaba yendo en la dirección correcta-. Pero no es del todo suya.- Levantó una ceja al ver su reacción cuando usó sus palabras, viendo cómo se enderezaba en la silla en la que estaba sentado, seguramente con unas preguntas en su cabeza.- ¿Qué quieres decir con eso? -dijo mirándola.- Lo mismo que tú dijiste, supongo -dijo jugando un poco con la pulsera que llevaba en su muñeca, sin dejar de pensar ni un segundo-. Yo pienso que a ti te dieron en adopción por algo que dije anteriormente. No posees magia y para ellos manchabas el apellido, como mi hijo lo estaría haciendo también -dijo sabiendo lo duras que podían ser sus palabras para él, sabiendo lo feo que sonaba que tu familia te rechazara por no poder hacer magia, por el miedo que tenían al saber que robabas magia ajena-. Los Black se equivocan -dijo cuando no dijo ni una palabra, perdido en sus pensamientos, mirando un lápiz que estaba apoyado en su escritorio como si fuese lo más interesante del mundo. Lo vio levantar la mirada cuando dijo eso, viendo tristeza en su mirada.- No es malo lo que tú y mi hijo tienen. No son diferentes a nosotros, son especiales, más especiales que nosotros... -dijo con una sonrisa para intentar calmarlo un poco.- No creo que todos piensen eso -dijo serio, apoyando la espalda en la silla-. He estado escondiendo mis poderes hace mucho por miedo al rechazo que puedo causar si saben cómo soy, lo que hago...Siria no pudo evitar sentir tristeza al pensar que Nathan podría sentirse así en algunos años.Pero no.No iba a dejar que su hijo sintiera ese dolor.Había notado que no llevaba ni un colgante ni pulseras en su muñeca, pero sí llevaba un anillo en su dedo, seguramente era de donde sacaba su magia.- ¿Ocultas lo que eres robando magia de ese anillo? -dijo llevando la vista al anillo que mencionaba, haciendo que él también lo mirara, asintiendo con la cabeza levemente.- Yo le hice un collar a mi hijo, donde saca magia de ahí y no de su familia -dijo para luego soltar un suspiro-. He averiguado de dónde sacaste esto y puedo ayudarte... -dijo mirándolo, dispuesta a decirle todo lo que sabía sobre el poder que tenían.Sacó las hojas con información de los Black para compartir con él todo lo que había averiguado en ese tiempo.[ ... ]- ¿Es igual a Nathan? -dijo Daniel, sorprendido por todo lo que le había contado al llegar del trabajo, mientras estaban los cuatro sentados en la mesa, cenando.- Sí, me contó todo sobre su vida y tiene el mismo poder de Nathan -dijo Siria luego de tragar la comida que había metido en su boca-. Le conté todo lo que averiguamos sobre los Black, sobre papá... -dijo mirando a Daniel.- Así que no solo Nathan heredó eso -dijo Daniel, mirando a su hijo un momento, quien balbuceaba cosas sin sentido mientras les apuntaba su vaso de agua que estaba en la mesa, lejos de su alcance, comenzando a decir "agua" para que se lo dieran.- Aquí tienes, amor -dijo Siria al entregarle el vaso y darle también el suyo a Holland, sonriendo cuando lo tomó para llevarlo a su boca y beber un poco-. No, nuestro hijo no es el único con ese poder en la familia, pero no dejaremos que se sienta mal por poseer ese don. Será un niño normal y muy amado -dijo mirando a su pequeño con amor, sonriendo un poco.- Lo será, amor -dijo Daniel, agarrando la mano de Siria sobre la mesa para acariciarla con una sonrisa, sabiendo que ellos no dejarían que nada malo les pasara a ninguno de sus hijos, ni que Nathan se sintiera mal por la magia diferente que él poseía.

• El miedo de no pertenecer

La mañana había comenzado como cualquier otra.Nathan se había despertado temprano, había desayunado junto a su hermana y, como todos los días, se había preparado para comenzar su rutina.Sin embargo, aquella mañana había olvidado algo importante.Al cambiarse de ropa, se había quitado el collar con la piedra de luna que Siria había preparado años atrás para ayudarlo a controlar su don. Lo había dejado sobre la cama con la intención de ponérselo nuevamente antes de salir, pero entre las prisas y las cosas que tenía que hacer, terminó olvidándolo.Y no volvió a pensar en él durante todo el día.Su día transcurrió con absoluta normalidad.Hasta que regresaron a casa.La tarde había comenzado tranquila. Siria estaba terminando algunas cosas mientras los mellizos dejaban sus pertenencias en sus respectivos lugares, hasta que las voces de ambos comenzaron a escucharse desde la sala.- ¡Te toca a ti después! -protestó Holland.- ¡No! ¡Yo lo tenía primero! -respondió Nathan, agarrando el control de la consola.-¡Mamá dijo que podíamos turnarnos!- ¡Pero yo estaba jugando!Siria cerró los ojos durante unos segundos y soltó un suspiro.Había aprendido a reconocer aquella clase de discusiones. Y sabía que, si no intervenía, probablemente terminarían peleando por algo tan insignificante como quién tenía el control de los videojuegos.- Ya está -dijo finalmente, acercándose a ellos-. Se terminó. Ninguno va a jugar si van a seguir peleando de esta manera. -Siria extendió la mano para quitarles el control.- Dámelo.- ¡Pero, mamá! -Nathan reaccionó inmediatamente. Enojado por sentir que le estaban quitando aquello que estaba haciendo, estiró el brazo y agarró el de su madre. ¡Dámelo a mí!- Todo sucedió demasiado rápido.Siria sintió primero un extraño cosquilleo recorrerle la piel. Después, un dolor profundo.Bajó la mirada.La piel de su brazo comenzó a oscurecerse lentamente, adquiriendo aquel tono grisáceo y casi negro que conocía demasiado bien.Sus ojos se abrieron con sorpresa.- Nathan... -dijo Siria.El niño también miró hacia abajo.Su mano seguía sujetando el brazo de su madre.
Y entonces comprendió. Su collar no estaba en su cuello.
El miedo reemplazó inmediatamente al enojo.- Mamá...-Nathan soltó su brazo como si acabara de quemarse.Siria retrocedió apenas, mirando su piel mientras el color oscuro comenzaba a extenderse por una parte de su brazo.- Yo...- La voz del pequeño comenzó a quebrarse.- Perdón, mami.Antes de que Siria pudiera decirle nada, Nathan salió corriendo.- ¡Nathan! -lo llamó Siria, viéndolo irse.El niño desapareció por las escaleras.Siria permaneció unos segundos quieta mirando cómo su brazo comenzaba poco a poco a recuperar su aspecto normal. No era la primera vez que aquello sucedía. Sabía exactamente qué había ocurrido.Nathan había utilizado su poder.Pero esta vez había sido diferente.Esta vez había sido sin el collar y él había visto lo que podía hacer.- Holland, quédate aquí un momento, ¿sí? -dijo Siria, intentando mantener la calma-. Voy a hablar con tu hermano.La niña asintió en silencio.Siria subió las escaleras. No tardó demasiado en encontrar la habitación de Nathan. La puerta estaba cerrada y desde el otro lado se escuchaban pequeños sollozos.Siria apoyó una mano sobre la madera.- Nathan, amor.- No recibió respuesta.- ¿Puedo entrar? -Silencio.Hasta que finalmente escuchó la voz de su hijo.- Sí... -dijo Nathan desde el otro lado.Siria abrió lentamente la puerta.
Nathan estaba sentado sobre su cama. Tenía los ojos llenos de lágrimas y el rostro completamente rojo de tanto llorar.
Entre sus pequeñas manos sostenía el collar con la piedra de luna y estaba intentando colocárselo nuevamente alrededor del cuello.Siria sintió que el corazón se le apretaba. No por su brazo. Eso ya estaba bien. Sino por la expresión de su hijo.Nathan parecía aterrorizado de sí mismo.- Amor... -susurró Siria.- ¿Por qué hago esto? - El niño levantó la mirada al hacer la pregunta. Siria se quedó en silencio.-¿Por qué no puedo ser normal como Holland? -preguntó entre lágrimas-. ¿Por qué ella puede hacer magia sin necesitar este collar?-Su voz comenzó a quebrarse.- ¿Por qué te lastimo? -Una lágrima recorrió lentamente su mejilla.- Yo no quería hacerlo, mami. -Siria se acercó hasta sentarse a su lado. Pero Nathan inmediatamente se apartó.- No.
Siria frunció suavemente el ceño.
- ¿Qué pasa, cielo? -dijo tiernamente para calmar a su hijo.- Te puedo volver a lastimar -murmuró Nathan.Aquellas palabras dolieron más que cualquier cosa que pudiera haberle hecho su poder.Siria no respondió. Simplemente tomó la mano de su hijo. Nathan intentó apartarla, pero ella no se lo permitió.Entrelazó sus pequeñas manos entre las suyas y las sostuvo con firmeza.- Mírame.- Nathan levantó lentamente los ojos para mirar a su madre. Siria llevó una de sus manos hasta su propia mejilla.- ¿Ves? -El niño la miró confundido.-No tengo miedo de ti. -Siria sonrió suavemente.- Eres perfecto como eres, amor mío.- No...-Nathan negó con la cabeza.- Sí -respondió Siria con absoluta seguridad-. No eres diferente. -Le acarició el rostro con suavidad. -Eres especial. Y depende de cómo lo veas, eso puede hacerte mejor que cualquiera, Nathan.- Pero yo necesito esto...-El pequeño comenzó a llorar nuevamente. Miró el collar.- Holland no lo necesita.- Holland tiene una magia diferente a la tuya.- Siria siguió su mirada.- Entonces yo estoy mal -dijo el niño con dolor en su voz.- No.-La respuesta de Siria fue inmediata. -No estás mal.- Pero robo magia.-Lo dijo en un susurro, como si alguien más fuese a escucharlo.- Tienes un don que todavía estás aprendiendo a controlar -dijo Siria, acariciando su mano.- ¿Y si nunca aprendo?- Entonces aprenderemos juntos.- Nathan guardó silencio. Siria llevó nuevamente su mano a su mejilla.- Nunca voy a dejar que pienses que hay algo malo en ti solamente porque tu magia funciona de una manera diferente.El niño respiró entrecortadamente.Y entonces confesó aquello que realmente lo estaba atormentando.- Tengo miedo, mami -dijo Nathan, mirándola con sus ojitos brillosos.- ¿De qué? -Siria lo miró con atención.- De que Hogwarts no me llame.- Nathan bajó la mirada.Siria sintió un pequeño nudo en el pecho.-¿Por qué piensas eso?- Porque cuando sepan cómo hago magia... -susurró-. Van a saber que no es como la de los demás.-Miró nuevamente el collar.- Van a saber que necesito esto para no lastimar a los demás. -Su voz tembló. -¿Y si se dan cuenta de que la magia que hago viene del collar?Siria sintió que finalmente entendía la verdadera preocupación de su hijo.No tenía miedo de su poder. Tenía miedo de no pertenecer.- ¿Y si no me llaman? -Una lágrima volvió a caer.-¿Y si Holland va a Hogwarts y yo no? -Nathan miró a su madre con una tristeza que hizo que Siria quisiera abrazarlo inmediatamente.-Tú estudiaste ahí, mami.- Sí -Siria asintió lentamente.- Tú fuiste feliz ahí. -Otra pausa. - ¿Y si yo me quedo solo?Siria ya no pudo contenerse. Lo atrajo hacia ella y lo abrazó con fuerza.Nathan escondió el rostro contra su pecho mientras comenzaba a llorar nuevamente.Siria le acarició el cabello.- Escúchame bien, sapito.-El niño no respondió.-No importa dónde estudies. -Le dejó un beso en la cabeza.- No importa si tu magia funciona como la de Holland.-Otro beso. -No importa si necesitas un collar, cien collares o ninguno. - Siria se separó apenas para poder mirarlo a los ojos.- Nunca vas a estar solo.- Nathan la observó en silencio.- Y si algún día alguien intenta hacerte sentir menos por ser quien eres... -Siria le limpió las lágrimas con los pulgares.-...va a tener que enfrentarse conmigo primero.- ¿Aunque sea en Hogwarts?- Nathan dejó escapar una pequeña sonrisa entre las lágrimas.- Especialmente si es en Hogwarts -Siria sonrió.El pequeño soltó una pequeña risa y Siria volvió a abrazarlo.Y mientras sostenía a su hijo entre sus brazos, entendió algo que jamás había pensado antes.Durante años había tenido miedo de que el mundo mágico mirara a Nathan como un monstruo, pero quizás su mayor tarea como madre no sería protegerlo de las miradas ajenas, sino enseñarle a no creerlas.Porque Nathan no necesitaba convertirse en Holland. No necesitaba hacer magia de la misma manera que los demás. No necesitaba esconder aquello que lo hacía diferente.Necesitaba aprender que su don no definía su valor.Y Siria se aseguraría de que lo aprendiera.Porque había pasado toda su vida luchando contra aquellos que intentaron decirle quién debía ser.No iba a permitir que nadie hiciera lo mismo con su hijo.

• Bienvenido al mundo mágico

Los años habían pasado desde que se había enterado del poder que tenía. Había cumplido los 11 años y esperaba ansioso su carta de Hogwarts desde que su madre le había hablado de esa escuela donde ella y sus abuelos habían asistido.Pero tenía miedo de que nunca llegara la carta.¿Qué pasaría si eso no pasaba?Soltó un suspiro mirando por la ventana de su habitación, moviendo el anillo que tenía en el dedo desde que le habían quitado el collar que llevaba la magia que había puesto su madre.El anillo que llevaba ahora era un anillo familiar de su padre. Le gustaba mucho y más porque era de él, era como tenerlo cerca siempre. Le recordaba al nombre que admiraba desde que era pequeño, al igual que a su madre.
Eran las personas que más amaba y sabía que lo cuidaban mucho por el poder, para que no se sintiera mal al llegar este día, el día en que sabría si el mundo mágico lo aceptaría o no.
- Nathan, amor, verás que todo estará bien -dijo su madre detrás de él, sobresaltándolo al aparecer de la nada como solía hacerlo.- No aparezcas así, mamá -le dijo, dándose la vuelta para mirarla y soltando un suspiro.- Lo siento, sapito -dijo haciendo una pequeña mueca con una sonrisa en su rostro.Aun luego de tantos años, seguía diciéndole sapito. Le gustaba cuando lo hacía, pero prefería que no lo llamara así en público, y Holland pensaba lo mismo.- ¿Cómo haces para saber siempre lo que pienso? -dijo mirándola, caminando a la cama para sentarse en ella.- Es mi secreto -dijo sonriendo, sentándose a su lado para agarrar su mano y acariciarla-. Llegará tu carta y verás que tendrás muchos amigos en Hogwarts. Serás un Black-Wood haciendo travesuras y molestando a tu hermana -dijo en modo de broma, dándole un pequeño empujón en el brazo con el suyo.- Eso espero... -dijo casi susurrando, mirando hacia delante y soltando otro suspiro, deseando que ese día llegara.[ FLASHBACK ]- ¡Mamá! -gritó Holland, haciendo que su madre levantara la vista de golpe, sobresaltándose y soltando su taza de café al escucharla, viéndola correr hacia donde estaban todos desayunando.- Holland Wood, deja de gritar así -dijo Siria, haciendo que ella se disculpara dejando un beso en su mejilla.- Mira lo que me ha llegado, mamá... -dijo su melliza, mostrándole contenta a su madre la carta que tenía en su mano, haciendo que su madre la tomara contenta.- La carta de Hogwarts te ha llegado... -dijo su madre.
Nathan miró su taza con tristeza, intentando no seguir la conversación para no ponerse a llorar al notar que no había llegado su carta.
No tenía problemas con su poder desde hacía años. No se sentía mal ni diferente, porque su familia se había encargado de que no se sintiera así, pero ahora estaba odiando no poder ser un mago normal e ir a estudiar a Hogwarts.¿Por qué era así?Levantó la mirada de su anillo, el cual daba vueltas en su dedo sin haberse dado cuenta, para mirar a su hermana cuando le habló.- Esto es para ti -dijo sacando algo de su espalda, estirando su mano para que lo tomara, con una sonrisa que jamás había visto en su rostro, una sonrisa que reflejaba orgullo. Nathan miró a su madre, que estaba igual que su hermana, para luego, por fin, mirar lo que ella le entregaba, sin poder evitar comenzar a llorar al darse cuenta de que era su carta de Hogwarts.- Tenemos que comenzar a comprar nuestras cosas para el colegio, Leone -dijo sonriendo, llamándolo por su segundo nombre como siempre solía hacer, antes de acercarse a abrazarlo, dejando un beso en su cabeza.Holland y Nathan eran muy unidos, aunque peleaban mucho. Se amaban y eso jamás iban a ocultarlo, porque eran familia, lo más importante del mundo.- Iré a Hogwarts... -dijo entre lágrimas, limpiándolas mientras su familia lo abrazaba, sintiendo por fin, luego de tanto tiempo, cómo volvía a respirar con tranquilidad.[ FIN DEL FLASHBACK ]¡Llegó el día!Nathan se encontraba en la estación de tren, esperando para poder subir al Hogwarts Express y empezar su gran aventura en el mundo mágico.- Nathan, tus tíos están aquí, saluda -dijo su madre al ver lo distraído que estaba por su emoción.Se acercó a sus padrinos y les dio un gran abrazo.- ¿Cómo han estado? -preguntó con una sonrisa, para luego mirar hacia atrás de ellos, donde se acercaban las trillizas.No pudo evitar sonrojarse y apartar la mirada al ver a Larissa, saludándola con timidez, escuchando también su timidez en la voz.Estaba enamorado de Larissa desde hacía un año y se ponía tonto cada vez que la veía.Su madre solía decirle que era normal y que pronto comenzaría a ser diferente, que podría hablarle más de lo que hacía ahora, pero Holland solía reírse de él y eso le molestaba mucho, aunque sabía que ella no le diría nada a Larissa de lo que sentía por ella.- Ya es hora de partir -dijo su madre-. Escríbenos, ¿de acuerdo? Y cuida a tu hermana, Nathan. Cuídense entre los dos.- Lo haremos, mamá -dijo sonriendo mientras la abrazaba-. Te amo.Se despidieron de todos y subieron al tren, contentos por comenzar el año escolar.[ ... ]Le encantaba el mundo mágico.Sus amigos no lo veían raro, aun sabiendo que era raro no tener su propia magia, y no le temían al saber que podía robarles magia, aunque jamás lo haría.Se había animado luego de cuatro años a decirle a Larissa que le gustaba y, afortunadamente, él también le gustaba a ella.Era más que feliz y veía la felicidad de su familia al notarlo.Había aprendido algo grandioso en todo ese tiempo: Que si podía aceptarse a sí mismo, el mundo también lo haría. Que no debía tener miedo de lo que vendría, porque podía llevarse la sorpresa de que fuera un maravilloso futuro rodeado de amor y magia.

• Lo que quedó de los dos

Pero la vida no siempre conservaba para siempre aquello que más se amaba.Los años siguieron pasando y Nathan creció.Hogwarts terminó convirtiéndose en su segundo hogar. Allí había aprendido mucho más que magia.Había aprendido a confiar en sí mismo, a aceptar aquello que lo hacía diferente y, sobre todo, a comprender que no necesitaba esconderse para ser querido.Pero había una ausencia que nunca dejó de acompañarlo.Holland.
Su hermana melliza.
Su mejor amiga.
La persona con la que había compartido cada etapa de su vida desde antes de poder recordar.Habían crecido juntos, habían peleado por juguetes, habían discutido por tonterías, habían compartido secretos y habían aprendido magia uno al lado del otro.Y entonces, un día, Holland desapareció.Sin una explicación que pudiera hacer que el dolor fuese más fácil de soportar. Simplemente dejó de estar.Nathan nunca entendió cómo alguien que había estado a su lado toda la vida podía desaparecer de un momento para otro.Durante mucho tiempo esperó escuchar sus pasos en la casa.Esperó que apareciera detrás de él para molestarlo. Esperó que volviera a burlarse de él cuando se ponía nervioso cerca de Larissa.Esperó que un día la puerta se abriera y Holland entrara diciendo que todo había sido una gran aventura.Pero nunca ocurrió.La ausencia de su hermana se convirtió en un silencio permanente dentro de la casa.Y Siria fue quien más sufrió.Había perdido a Daniel y, después, había perdido también a su hija.Dos de las personas que más amaba en el mundo habían desaparecido de su vida, dejando un vacío que ninguna magia podía llenar. Siria continuó siendo una madre para Nathan, continuó sonriendo, continuó cuidándolo y haciendo todo lo posible para que él tuviera una vida feliz.Pero Nathan podía verlo.Podía notar cuándo su madre miraba una fotografía de Holland y se quedaba en silencio. Podía notar cómo algunas veces preparaba una comida que a ella le gustaba por costumbre y luego se quedaba mirando el plato vacío.Podía notar cómo entraba a su habitación y acariciaba algunas de las cosas que su hija había dejado atrás.Siria jamás decía que la esperaba.Pero Nathan sabía que lo hacía.Y él también.Porque perder a Holland no significaba dejar de quererla.Significaba aprender a vivir con un espacio vacío que siempre llevaría su nombre. Durante mucho tiempo Nathan se preguntó si había podido hacer algo.Si debería haberla acompañado aquella última vez.
Si podría haber utilizado su magia para encontrarla.
Si, siendo un sifón, había alguna forma de haberla protegido.
Pero con el tiempo entendió que no podía vivir culpándose por algo que jamás estuvo en sus manos.Así que comenzó a recordarla de otra manera. No como la hermana que había perdido. Sino como la hermana que había tenido.La que se reía de él, la que lo defendía, la que le entregó su carta de Hogwarts antes de que pudiera siquiera saber si había llegado, la que lo llamaba por aquel segundo nombre que solo ella utilizaba y que él usaba el suyo con ella, la que, incluso cuando discutían, siempre terminaba estando a su lado.Nathan conservó algunas cosas de Holland; una fotografía de ambos cuando eran pequeños, una vieja pulsera y una pequeña nota que ella había dejado años atrás, escrita con su letra desordenada.No necesitaba leerla todos los días.Solo necesitaba saber que existía.Porque algunas personas se van de la vida de uno, pero nunca desaparecen realmente.Permanecen en los recuerdos, en las fotografías, en las pequeñas costumbres, en las palabras que uno sigue escuchando incluso cuando ya no hay nadie que las diga.Y Holland permaneció así dentro de Nathan.Siempre.A veces, cuando volvía a casa durante las vacaciones, se quedaba mirando por la ventana de su habitación. El mismo lugar desde el que, años atrás, había esperado su carta de Hogwarts.Solo que ahora ya no esperaba una carta, esperaba algo mucho más imposible.Esperaba que su hermana regresara.
Y aunque una parte de él sabía que quizás nunca ocurriría, otra parte jamás dejó de creer.
Porque Holland era su melliza.Y algunas promesas no necesitaban ser dichas en voz alta para permanecer toda una vida.Nathan había aprendido a vivir con la magia que tenía.
Había aprendido a vivir con la ausencia de su padre.
Había aprendido a vivir con el dolor de su madre.
Pero nunca aprendió a vivir sin extrañar a Holland.
Quizás porque no tenía que hacerlo.
Quizás algunas personas no están destinadas a ser olvidadas.
Solo están destinadas a ser amadas de una manera diferente.Nathan sonrió levemente al mirar aquella fotografía una última vez antes de guardarla.- Te extraño, Francia. - Y por primera vez en mucho tiempo, no lo dijo con tristeza.Lo dijo con amor.Porque aunque Holland ya no estuviera a su lado, seguía siendo parte de él.Su melliza.
Su hermana.
Su familia.
Su hogar.
Y mientras Nathan siguiera recordándola, una parte de Holland siempre seguiría viviendo con él.

• La tumba vacía

Nathan conocía aquella lápida desde hacía años.Había sido su madre quien decidió colocarla después de que la policía diera por muerta a Holland, cuando finalmente dejaron de buscarla porque ya no podían continuar entrando en ciertos lugares.Siria no tenía un cuerpo que enterrar.No tenía una última despedida.No tenía siquiera un lugar donde llorar a su hija.Así que creó uno.Una tumba vacía.Una lápida con el nombre de su hermana:
Holland Francia Wood Black.
Nathan había acompañado a su madre muchas veces.La había visto llevar flores, quedarse frente a aquella piedra y hablarle a Holland como si todavía pudiera escucharla.Y él entendía por qué lo hacía.
Porque tampoco podía despedirse.
No había nadie allí.Holland no estaba enterrada bajo aquella tierra.
Era simplemente el lugar que su madre había creado para poder llorarla.
Y quizás por eso Nathan nunca veía aquella lápida como el final.
Para él, era solo un nombre sobre una piedra.La verdadera Holland seguía siendo su hermana.Y mientras no supieran qué había ocurrido con ella, una parte de Nathan seguiría esperando verla regresar algún día.

• EPÍLOGO

Nathan había aprendido muchas cosas a lo largo de los años. Había aprendido que no todos los poderes eran iguales, que ser un sifón no lo hacía menos mágico y que no necesitaba ser como los demás para encontrar su lugar en el mundo.Pero había algo que todavía le costaba aceptar.No podía cambiar el pasado.
No podía traer de vuelta los momentos que había vivido junto a Holland, ni borrar el vacío que su ausencia había dejado en su vida. Había días en los que todavía esperaba escuchar su voz, verla aparecer por alguna puerta o recibir alguna de sus bromas como cuando eran niños.
La extrañaba.
Y quizás siempre la extrañaría.
Pero con el tiempo comprendió que extrañar a alguien no significaba tener que quedarse atrapado en el momento en que lo perdió.Una tarde, mientras sostenía entre sus manos el collar de piedra de luna que su madre le había dado tantos años atrás, Nathan sonrió ligeramente.Ese pequeño objeto había sido mucho más que una forma de controlar su poder. Había sido el recordatorio de que nunca había estado solo.Pensó en Siria. En todo lo que su madre había hecho por él. En las veces que había tenido miedo y ella había estado allí. En Holland, que siempre había creído en él incluso cuando él todavía no podía hacerlo.Y entonces entendió algo.Seguir adelante no significaba olvidar.
No significaba dejar de querer a quienes había perdido.
Significaba llevarlos consigo mientras continuaba viviendo su propia historia.
Nathan respiró profundamente y guardó nuevamente el collar.Todavía había cosas que no sabía.Caminos que no conocía. Personas que todavía no había conocido y momentos que aún estaban esperando por él.Y por primera vez, no tuvo miedo de descubrir qué vendría después.Porque ya no era aquel niño que se preguntaba por qué tenía que ser diferente.Era Nathan Black-Wood.Un sifón.
Un mago.
Un hermano.
Un hijo.
Y, sobre todo, alguien que había aprendido que su historia no terminaba con aquello que había perdido.Todavía quedaba mucho por vivir.Así que siguió caminando.Con Holland en sus recuerdos, con Siria en su corazón y con la certeza de que, aunque algunas heridas nunca desaparecieran por completo, la vida todavía podía regalarle momentos hermosos.Porque algunas personas se quedan para siempre de una manera distinta.Y Nathan había decidido que, mientras pudiera recordarlas con amor, nunca se irían realmente.

✎𓂃 HISTORIA COMPLETA

Y ESTA ES MI HISTORIATodo comenzaba hace muchos años atrás…

✦ EL ORIGEN DEL LEGADO PETROVA

• El nacimiento de Nadia

[FLASHBACK]La noche estaba fría helada en un pequeño pueblo en Bulgaria, donde en una pequeña cabaña se escuchaba los gritos desgarradores de una mujer dando a luz.- Vamos, Katherina, tú puedes, hija. -dijo su madre mientras ayudaba a que su única hija diera a luz, donde en un costado estaba su padre viendo como la niña de sus ojos avergonzaba a la familia por tener un hijo fuera de matrimonio, algo que marcaría mucho el apellido Petrova.- ¡Me duele! -gritaba Katherina mientras seguía haciendo fuerza para tener a su bebé, a quien había esperado con mucho amor.- Estás cerca, hija mía. -dijo la mujer mayor mientras su niña seguía dando a luz.Luego de unos minutos que fueron eternos para Katherina, se escuchó un hermoso llanto de bebé, pero antes de que la chica pudiese agarrar a su hija, su padre la tomo en brazos.- Déjame cargarla, padre. -dijo Katherina mientras estiraba los brazos esperando a que le dieran a su bebé.- Ella no se quedará aquí, y tú tampoco. -dijo su padre con firmeza, con dolor en su mirar. - Avergonzaste a la familia, Katherina. ¡No te quiero aquí cuando vuelva! -dijo el hombre antes de salir de la habitación con la pequeña llorando en brazos, mientras la madre gritaba que se la devolvieran, que la dejaran verla por lo menos una vez.- ¡No, padre! ¡No! -gritaba una y otra vez Katherina. - Se lleva a mi Nadia, madre. -dijo la chica llorando mientras intentaba ponerse de pie para ir por su hija, pero le era imposible en ese momento por el dolor que dejaba el parto en su cuerpo.- Lo siento, mi Katherina. -dijo la madre antes de ponerse de pie para alejarse de la chica, sabiendo que pasaría si desobedecía a su esposo.La chica lloraba con fuerza mientras repetía una y otra vez ''padre'' llamando al hombre que llevaba a su pequeña.[FIN DEL FLASHBACK]

Katherina
Petrova

• Katherine Pierce

Había pasado un año desde ese día. Katherina ahora se hacía llamar Katherine Pierce, nombre que adoptó luego de que sus padres la hicieran irse de Bulgaria para que su apellido no tuviese manchado por la deshonra. Con un gran dolor, la chica se marchó.Dejó su pasado de lado para buscar a su pequeña y poder empezar un futuro mejor, pero nunca la encontró. La joven dándose por vencida pensaba que su hija estaría mejor sin ella, ya que no tenía nada para darle más que su amor.Días después, llegó a un hermoso pueblo donde vivían unos brujos que la acogieron con mucho cariño en su hogar.Katherine se llevaba bien con estas personas, más que nada, se llevaba muy bien con el hijo de los ancianos, con quien sintió tener una conexión inmediata.Los días pasaron y Katherine notaba que el señor hacía magia extraña, una magia que ella nunca había escuchado antes, pero se mantenía algo alejada de eso. No quería que la echaran del lugar por meterse en asuntos que no le correspondían.

• El hechizo de los brujos

Hasta que una noche, la madre del chico se acercó a ella, despertándola, diciendo que los ancestros le habían dicho que ella poseía la sangre que ayudaría a completar el hechizo de su esposo, que debía ir con ella.- ¿Dónde me lleva? -dijo Katherine asustada por la mujer que la llevaba agarrada del brazo con fuerza, mientras ella intentaba soltarse. - ¿Dean? -dijo al ver al chico con el padre, frente a una mesa con algunas cosas encima, mirándolas mientras se acercaban a ellos. - ¿Qué sucede?- Tranquila, Katherine. -dijo el chico sonriendo, pero sin acercarse a ella, mientras la madre de él hacía que ella se arrodillara en el suelo. - Desde el día que pediste ayuda tocando a nuestra puerta, sabíamos que tú eras la solución de todos nuestros problemas. -dijo mientras agarraba un cuchillo de la mesa para hacer una herida en su mano, dejando caer su sangre en la copa que estaba frente a él y su padre.- Los ancestros dijeron que nos ayudarían a luchar contra nuestros enemigos, que ganaríamos cada batalla si confiábamos en ellos. -comenzó a hablar el padre mientras Dean comenzaba a murmurar palabras extrañas, en una lengua que no llegaba a comprender, pero podría jurar que era magia oscura.- ¿Con mi sangre? -dijo la chica más asustada que antes, con los ojos brillantes por el miedo que la recorría de pies a cabeza, pero que intentaba no demostrar.- Así es, pequeña. -dijo la mujer mientras se paraba frente a Katherine para agarrar su cabeza y comenzar a hacer lo mismo que hacía Dean, haciendo que Katherine gritara de dolor por el conjuro que estaba haciendo.- Tu sangre despertará el poder que posees y el control de este. El don que posees por ser una réplica, el don que Dean usará para vencer a todos sin tener que mover un dedo, poniendo a nuestra familia y descendencia a salvo por décadas. -dijo nuevamente el padre sobre los gritos de la chica, quién sentía que su cabeza explotaría en cualquier momento. - La sangre de un hereje y la sangre de la doppelganger que le entregara el don. -dijo el hombre mientras agarraba la mano de Katherine para hacer un corte, dejando que la sangre llenara la misma copa que tenía la sangre de Dean, que tenía el hombre en su mano, para luego entregarle el cuchillo a su esposa. Cuando la sangre dejo de caer, la mujer detuvo el hechizo que estaba haciendo.- ¿Doppelganger? ¿Hereje? -dijo Katherine, llevando una mano a su cabeza por el dolor que sentía, sin entender a que se refería. - ¿Qué es eso? ¿La réplica de quién?
El hombre la miró un momento y luego comenzó a reír sin razón, mostrando en su rostro lo loco que estaba.
- Los doppelganger nacen con poderes para defenderse a ello mismos, como un balance para la tierra, pero no todos los doppelganger pueden prender ese don que posean, algunos mueren sin siquiera saber que tenían uno, pero por suerte, te tenemos aquí para que nos regales tu hermoso don que nos ayudará a ser invencibles, y le des la magia que Dean no posee por ser un sifón. -dijo el hombre mirándola. Dean era un sifón, no poseía magia propia en su cuerpo y se dedicaba a robársela a brujos con solo tocarlos, pero la magia era temporal en sus manos. - y ya no gastaré saliva hablando contigo, ya que morirás cuando el hechizo esté completo -dijo el hombre riendo mientras se alejaba hasta su hijo con la copa en la mano para dejarla nuevamente en la mesa y comenzar a murmurar hechizos de nuevo.

• Katherine despierta su don

Entonces Katherine reaccionó.Iba a morir si no hacía algo.Comenzó a pensar con rapidez que poder hacer, hasta que vio la mano de la mujer que distraída miraba a su esposo, riendo con Dean como si estuviesen locos, que podía jurar que lo estaban. Y ella no moriría en mano de unos locos.Katherine se puso de pie rápidamente y agarró el cuchillo para clavárselo a la mujer en el pecho, dejando que luego cayera al suelo.- ¡Madre! -gritó Dean mientras corría hacia su madre, sin que su padre se percatara de nada de lo que pasaba a su alrededor por lo metido que estaba en el hechizo, Katherine camino hasta él con el cuchillo en la mano mientras Dean gritaba y lloraba a su madre muerta.- Lo siento, Dean. Pero yo no moriré y tú no tendrás nada. -dijo Katherine poniéndose a un lado del padre de Dean para poner el cuchillo en su cuello y así poder matarlo, viendo cómo caía llevando sus manos a su cuello. - Dementes. -dijo Katherine mientras agarraba la copa con su sangre, pero antes de tirarla al suelo y que se perdiera todo, se detuvo.- No lo hagas, amor. -dijo Dean mientras dejaba a su madre en el suelo para acercarse lentamente a ella. - No sabes lo que estás desperdiciando, cariño. - Katherine sintió nauseas al escucharlo decirle así luego de lo que estaban a punto de hacerle. - Si lo tiras, me mataran. -dijo el chico con tono suplicante y terror en la mirada. ¿A qué le tenía tanto miedo?- Mejor tú que yo. –dijo Katherine antes de beber su propia sangre mezclada con la de Dean, activando sin saberlo su don.- ¡No! -grito el chico antes de comenzar a correr hacía ella. La chica agarró la varita que el padre del chico había dejado en la mesa, haciendo que Dean vuele por el aire antes de desaparecer y salir de ese lugar lleno de locos.Katherine agarró la varita que el padre del muchacho había dejado sobre la mesa y, con un movimiento brusco, hizo que Dean saliera volando por el aire antes de desaparecer de aquel lugar lleno de locos.Cuando volvió a aparecer en uno de los escondites donde solía refugiarse cuando no tenía a dónde ir, un dolor insoportable comenzó a expandirse por su cabeza, obligándola a llevarse ambas manos a las sienes mientras soltaba un grito desgarrador.Su vida estaba cambiando para siempre. Y también la de toda su descendencia.El poder que había vivido oculto dentro de ella finalmente había despertado, junto con la capacidad de controlarlo sin morir consumida por su propia fuerza.

✦ KATHERINE PIERCE, VAMPIRESA

• Una nueva vida

El tiempo pasó desde aquel día y Katherine comenzó a vivir con más tranquilidad. Ya no se preocupaba demasiado por Dean; sabía que ahora podía enfrentarlo sin problemas. Más aun siendo vampira y habiendo aprendido a controlar su don, aunque prefería usarlo únicamente cuando era necesario para sobrevivir.Con el paso de los años, Katherine conoció a un grupo de vampiros que sí llegaron a representar un verdadero peligro para ella. Tuvo problemas con ellos y, como tantas otras veces en su vida, terminó huyendo.Parecía que toda su existencia dependía de qué tan rápido pudiera correr. Pero mientras escapaba, encontró su salvación.Conoció a dos vampiros que cambiaron su destino y, gracias a la sangre de uno de ellos, completó la transición, dejando atrás la vida humana que tanto dolor le había causado.Desde entonces comenzó una nueva vida.Una donde solo pensaba en sí misma.Una donde aprendió a confiar únicamente en ella.

• Nadia busca a su madre

Lo que Katherine no sabía era que su hija, Nadia Petrova —o Nefertari Hackstings, como la llamaron sus padres adoptivos— la estaba buscando.[…]Todo cambió cuando, al llegar a Londres, una joven golpeó la puerta de la casa de Katherine antes de desplomarse frente a ella.Sin entender demasiado qué estaba ocurriendo, Katherine la hizo entrar junto a su esposo e intentó ayudarla. La muchacha ardía en fiebre.- Mamá... –murmuró la chica entre sueños mientras se removía sobre el sofá donde la habían recostado. – Estoy buscando a mi madre... -Katherine se tensó por completo.- Su nombre es Katherina Petrova...Y volvió a desmayarse.El corazón de Katherine comenzó a latir con fuerza. Después de diecinueve años… había encontrado a su hija.Comenzó a caminar de un lado a otro por la casa, esperando desesperadamente a que despertara. Cuando la joven abrió los ojos nuevamente, una hora después, Katherine no pudo contenerse.- ¿Cómo me encontraste? –preguntó ansiosa.Su esposo levantó una ceja ante lo directa que había sido.- Mis padres me hablaron de ti hace muchos años… y te busqué por todas partes. –respondió agotada.- ¿Por qué? -Katherine intentaba sonar fría, indiferente, como si su corazón no estuviera explotando de emoción al tener a su hija frente a ella.- Me estoy muriendo. –susurró la chica.Aquellas palabras hicieron que un nudo doloroso se formara en la garganta de Katherine.- El poder me está matando… y sé que tú me lo heredaste. -La muchacha comenzó a llorar.- Maté a mis padres… y a mi esposo. No puedo controlarlo.Katherine quedó paralizada.- Ella debería tener control.–susurró mirando a su esposo.– Para eso hice el hechizo… para que mi descendencia pudiera soportarlo.- Pero ella nació antes del hechizo, amor. –respondió él con tristeza.Y entonces Katherine entendió todo.El control nunca había llegado a Nadia. La había traído al mundo únicamente para condenarla.- Lo siento mucho... –susurró Katherine arrodillándose frente a ella.- Mi nombre es Nefertari Hackstings… busco a mi madre... –murmuró la joven delirando por la fiebre.Katherine acarició suavemente su mejilla.- Aquí estoy, Nadia.

✦ NADIA PETROVA

• El origen de su poder

Nadia
Petrova

[ FLASHBACK ]- ¡Basta, Michael! ¡Sabes lo que pasa cuando me enfado! –gritó la mujer mientras acomodaba a la bebé de apenas un año dentro de la cuna.- Lo sé. –respondió el hombre con voz calma.– Pero voy a ayudarte a controlarlo. Y si nuestra hija también lo tie…Se detuvo.Su esposa había explotado nuevamente. Cada vez que hablaban del tema, ella perdía el control.El poder la estaba consumiendo lentamente. Cada día lucía más agotada, más delgada, más rota.- ¡No quiero que nuestra hija tenga esto! ¡No entiendes nada, Michael! ¡Esto no es un juego! -La furia comenzó a consumirla. Sus ojos se oscurecieron mientras fijaba la mirada sobre su esposo.Michael cayó de rodillas llevándose las manos a la cabeza.- ¡Detente! -gritó él.Pero ella ya no escuchaba.El dolor mental comenzó a destruirlo desde dentro. Su cuerpo reaccionaba como si las heridas fueran reales. Convulsionó violentamente mientras sangre escapaba de su boca.Los gritos despertaron a la pequeña Nadia.Los padres de Nefertari aparecieron corriendo con las varitas en alto, intentando detenerla, pero el hechizo que lanzaron fue devuelto contra ellos.
El padre cayó inconsciente. La madre soltó un grito desgarrador.
- ¿Qué hiciste, Nefertari? ¿Qué hiciste?El llanto del bebé y los gritos de su madre finalmente hicieron reaccionar a la mujer.Y cuando vio el cadáver de su esposo en el suelo… enloqueció.[FIN DEL FLASHBACK]

• La muerte de Nadia

Los días pasaron y Katherine hizo todo lo posible para salvar a su hija, pero cada día Nadia parecía apagarse un poco más.Hasta que una tarde, al regresar a casa, descubrió que ya no estaba allí.- ¿Nadia? -La buscó desesperadamente hasta encontrar una nota.“Si no vienes sola, la mataremos.”Katherine no dudó. Corrió hasta el lugar indicado y no se sorprendió al encontrar a Dean esperándola junto a sus hombres.- Vine por mi hija. -dijo y caminó directo hacia donde Nadia estaba recostada.La muchacha temblaba de fiebre.- ¿Qué haces aquí? Corre… te van a matar. -dijo Nadia, casi en un susurro.- No voy a perderte otra vez. -Katherine acarició suavemente su mejilla mientras limpiaba las lágrimas que caían por el rostro de su hija.Nadia cerró lentamente los ojos mientras su madre comenzaba a cantarle despacio para calmarla.Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de la joven.Y luego desapareció.- ¿Nadia...? -Katherine rompió en llanto al darse cuenta de que su hija acababa de morir.La había buscado toda la vida.Y la volvía a perder.

• La venganza de Dean

- Llegó tu hora, Katherine. –dijo Dean acercándose.Pero Katherine ya no quería luchar. Porque su vida estaba muerta detrás de ella.- Él vendrá por ti… y te matará. –susurró refiriéndose a su esposo.- ¿De verdad crees que voy a darte lo que quieres? –rió Dean con crueldad.– Mientras estás aquí conmigo, otros se encargan de asesinar a todos los que amas. Incluyendo a tu querido esposo.El rostro de Katherine se quebró.- ¡Vete al infierno!Intentó lanzarse contra él, pero un hechizo la hizo salir despedida contra la pared.El crujido de su cuello resonó en el lugar antes de que todo quedara oscuro.

• La prisión de Katherine

Cuando volvió a despertar, estaba encerrada. Débil. Dopada con verbena.- Hola, dormilona. –dijo Dean desde el otro lado de las rejas.Katherine observó el pequeño espacio oscuro donde la habían encerrado y luego miró por la diminuta ventana.Estaban moviéndose.- ¿Dónde me llevas? –preguntó con odio.- Ahora eres mía, Katherine. - La carcajada enferma de Dean resonó antes de que cerrara la ventana.Horas después, la sacaron de aquella prisión improvisada y la arrojaron al suelo frío de un bosque.- Este es el lugar del que nunca debiste salir. –dijo Dean acercándose.– Pensé durante años cuál sería la venganza perfecta. -Katherine sintió terror.- Y cuando tu hija apareció… lo entendí. Matarte sería demasiado sencillo. -Dijo Dean mientras dos hombres comenzaron a arrastrarla hacia una cueva sellada por una enorme roca.- ¡No! ¡Dean, no! -Suplicó Katherine.La empujaron dentro.Katherine corrió hacia la salida, pero un hechizo invisible le impidió atravesarla.- Nadie podrá romper el sello hasta que yo muera. –sonrió Dean.– Disfruta de tu nuevo hogar.Entonces Katherine giró lentamente.Y gritó horrorizada.Dentro de la cueva estaban los cuerpos sin vida de su hija… y de su esposo.- ¡No! - Cayó de rodillas mientras escuchaba las carcajadas alejándose.La roca selló la entrada y Katherine quedó atrapada junto a los cadáveres de las únicas personas que había amado.

• El regreso de Katherine Pierce

Pasaron años. Años de hambre. De oscuridad. De locura.Su cuerpo comenzó a secarse lentamente por la falta de sangre, hasta que un día logró mover la roca con la poca fuerza que le quedaba.El hechizo se había roto, Dean había muerto.Salió tambaleándose bajo el sol, agradeciendo que no le hubieran quitado su anillo solar.- Señorita… ¿está bien? -escuchó una voz femenina que se dirigía a ella.Katherine levantó la mirada. Una joven la observaba preocupada.Las venas bajo los ojos de Katherine aparecieron al instante y antes de poder pensarlo, ya estaba alimentándose de ella desesperadamente.La sangre volvió a darle vida.Y con ella… regresó Katherine Pierce.

✦ AMETHYST BRODWELL

• La niña que sobrevivió

Amethyst
Brodwell

Amethyst, como ahora se llamaba la pequeña hija adoptiva del matrimonio Brodwell, había aprendido desde muy pequeña a convivir con el extraño don que corría por sus venas.A sus once años comenzó sus estudios en Durmstrang, destacándose rápidamente por su inteligencia y el control que tenía sobre su magia, aunque siempre evitaba llamar demasiado la atención.Tiempo después, durante un intercambio estudiantil, llegó a Hogwarts, siendo seleccionada para Gryffindor, donde continuó ocultando el gran poder que poseía.Sus padres adoptivos habían hecho todo para darle una vida tranquila. La criaron rodeada de amor y protección, enseñándole que jamás debía avergonzarse de quién era, aunque sí debía ser cuidadosa.El poder que llevaba dentro podía convertirla en un objetivo peligroso para muchas personas.Y tenían razón.

• El poder de Amethyst

Desde pequeña, Amethyst había aprendido que las emociones fuertes despertaban algo oscuro en su interior.Cuando se enfadaba demasiado, las personas comenzaban a sufrir dolores inexistentes, como si su mente los estuviera destruyendo desde adentro.Y cuando alguien intentaba atacarla con magia, muchas veces el hechizo simplemente se desviaba y regresaba contra quien lo había lanzado.Era aterrador.Pero también fascinante.

• Hogwarts

La joven caminaba por los pasillos de Hogwarts con una tranquilidad engañosa, sujetando varios libros contra su pecho mientras sus ojos recorrían el castillo.Le gustaba observar a la gente. Le gustaba intentar entender cómo funcionaban las personas normales, aquellas que podían vivir sin sentir miedo de sí mismas.- ¿Otra vez en la biblioteca? —preguntó una voz masculina detrás de ella.Amethyst giró apenas el rostro, encontrándose con un chico de Ravenclaw que sonreía divertido.- Algunas personas estudian para aprobar —respondió ella con una pequeña sonrisa—. Otras simplemente disfrutan saber cosas.- Tú disfrutas demasiado saber cosas.- Y tú hablas demasiado.El chico soltó una risa antes de despedirse, alejándose por el corredor.Amethyst lo observó desaparecer y luego continuó caminando hacia la biblioteca, sin notar la mirada fija que descansaba sobre ella desde el otro extremo del pasillo.

• Katherine encuentra a Amethyst

Una mujer de cabello oscuro la observaba completamente quieta.Katherine Pierce.Sus ojos no podían apartarse de la adolescente.Era idéntica.Los mismos ojos.La misma expresión orgullosa.La misma presencia elegante que había visto en Nadia años atrás.Por un momento, Katherine sintió que el aire abandonaba sus pulmones muertos.Su nieta.La hija de Nadia.Seguía viva.La vampira tragó saliva lentamente mientras observaba cómo la joven desaparecía dentro de la biblioteca, sintiendo algo que había creído perdido hacía siglos.Esperanza.Pero también miedo.Porque si ella había logrado encontrarla… otros también podían hacerlo.

✦ AMETHYST Y SIRIUS BLACK

• El amor de Amethyst

Amethyst estaba enamorada de Sirius Black desde el primer momento en que lo vio en los pasillos de Hogwarts, pero cuando terminaron sus estudios, todo había cambiado en la vida de ambos jóvenes.La chica había escrito una carta para el dueño de su corazón, ya que se había enterado de que él ya no estaba en ese horrible lugar en que pasó demasiados años, donde lo culpaban de entregar a su mejor amigo a la muerte.Amethyst sabía perfectamente cuanto amaba Black a su amigo, a su hermano y compañero de travesuras. Ella sabía que él moriría antes de traicionarlo, siempre lo supo, desde el momento en que lo metieron en ese lugar.No podía imaginar cómo habían sido esos años estando allí, pero ella necesitaba saber que estaba bien, a salvo.

• El reencuentro

Luego de semanas, pudo contactarse con él, y ella se arregló emocionada para juntarse con su amado luego de tantos años.La mujer sabía que su amor no era correspondido, que nunca podría atar a Black, pero, de todas formas, se entregó a él en cuerpo y alma esa noche, como lo hizo muchas veces cuando estudiaban juntos, en el pasado.Pasó el tiempo y no volvió a ver a Black.No podía escribirle por miedo a que lo encontraran y lo volvieran a meter en Azkaban.

• El embarazo de Amethyst

Pero Amethyst tenía un hermoso secreto que quería gritar; tenía un pequeño amor en su vientre, el fruto del amor que sentía por el exprisionero.Una pequeña Black venía en camino.La niña creció en el vientre de su madre llevando un nombre parecido al de su padre, un recuerdo vivo del amor de su vida; Siria Oriana Black Brodwell.Amethyst no pudo decirle a Sirius sobre la existencia de la pequeña que tenía seis meses en su vientre, ya que cuando iba a hacerlo, su prima, Bellatrix Lestrange, lo asesinó el día 18 de junio de 1996.

✦ SIRIA ORIANA BRODWELL-PETROVA BLACK

• Crecer sin conocer a su padre

Siria Oriana
Black

Cuando pasaron los años, la pequeña creció preguntando quién era su padre.Amethyst sin querer mentirle a su hija, le contó toda la historia de cómo conoció al hombre que amo desde siempre, y que no había logrado decirle a su padre sobre ella.La pequeña soñaba con ese hombre todos los días, deseando haberlo conocido, y preguntándose cómo sería tenerlo en su vida, cómo sería tener un padre.

• Hogwarts

Siria cumplió once años y recibió su carta para entrar en el colegio Hogwarts de magia y hechicería, quedando en Slytherin como todos los Black, exceptuando a su padre.
En el colegio pudo oír muchas historias sobre los merodeadores, sobre Sirius.
Era feliz viviendo de las historias que contaban de él.No eran muchos en sus primeros años en el colegio, los que sabían que ella era hija de Sirius Black, pero cuando se enteraron se dieron cuenta que la chica tenía muchas cosas parecidas a su padre.Le gustaba meterse en problemas, merodear por el colegio y ser fiel a los suyos siempre.
Amaba hacer magia donde sea y cuando sea.
Sin reglas, y rompiendo las que había junto a sus amigos.

• La personalidad de Siria

Siria creció volviéndose una chica dura, talentosa, poderosa, algo caprichosa y consentida, difícil de tratar a veces, mala cuando se lo proponía, pero era la persona más dulce, soñadora y romántica que podían conocer.Era muy coqueta, divertida y amaba tener a los chicos detrás de ella, amaba despertar deseo en ellos.Siempre tenía lo que quería, cuando lo quería, ya que su madre tenía una gran fortuna y la consentía demasiado en todo lo que quería.

• El ballet y sus sueños

Amethyst quería que su hija hiciera todo en la vida y encontrara lo que más amaba para ser feliz, entonces contrataron a las mejores profesoras de danza que había en Bulgaria para enseñarle a Siria desde pequeña, y averiguar que de todas esas cosas era lo que a ella la hacía feliz.Siria había aprendido tres idiomas a la perfección luego de su idioma natal; Francés, Inglés y español.Había aprendido todos los instrumentos que su madre quería que ella supiera; Guitarra, piano, violonchelo, y alguno otros más.Se había esforzado por aprender cada instrumento sólo para ver la sonrisa en el rostro de su madre, sólo para hacer sentir orgullosa de lo que había logrado.Pero lo que más encantaba era bailar y cantar, tanto que había prometido crear su propia escuela de danza cuando sea mayor.Su madre había logrado que ella encontrara lo que la hacía feliz, y estaba orgullosa de su niña.Y ella estaba feliz de ver a su madre contenta al verla hacer lo que a ella la hacía sonreír.

✦ LA MUERTE DE AMETHYST

• Siria pierde a su madre

Pero cuando Siria cumplió quince años, toda la felicidad que había tenido comenzó a desvanecerse cuando su madre falleció por una enfermedad contra la que no podía luchar, dejándola sola.

• La promesa de Amethyst

‘'Lᴀ ᴍᴜᴇʀᴛᴇ ɴᴏ ᴇxɪsᴛᴇ, ʜɪᴊᴀ.
Lᴀ ɢᴇɴᴛᴇ sᴏʟᴏ ᴍᴜᴇʀᴇ ᴄᴜᴀɴᴅᴏ ʟᴀ ᴏʟᴠɪᴅᴀɴ.
Sɪ ᴘᴜᴇᴅᴇs ʀᴇᴄᴏʀᴅᴀʀᴍᴇ sɪᴇᴍᴘʀᴇ ᴇsᴛᴀʀé ᴄᴏɴᴛɪɢᴏ.''
Las palabras de Amethyst sonaban fuertes y claras en la cabeza de Siria, como queriendo que las escuchara, que las recordara mientras los momentos que vivieron juntas pasaban una y otra vez por su mente, intentando memorizar su risa, su voz, a ella.Siria recordaría siempre ese día, mientras las gotas caían sobre la gente, donde podía escuchar a algunos alejarse, despidiéndose entre ellos mientras pasaban por su lado diciéndole cuanto lo sentían y que no estaba sola en esto.Pero Siria no dejaba de pensar, ¿de verdad no estaba sola? Porque así se sentía en ese momento.Siria había perdido a la persona que más amaba en el mundo, a la única persona que tenía a su lado, quién la amaba como nadie, enseñándole lo puro y hermoso que era el amor verdadero.Siempre recordaría ese día triste que acompañó su muerte, mientras la lluvia caía para mezclarse con las lágrimas que caían de sus ojos, sin querer detenerse.El cuerpo sin vida de la mujer que le daba sentido a la suya estaba a unos pasos de ella y ni siquiera tenía las fuerzas para levantarse de la silla donde se encontraba, y acercarse a su lado.Pero una parte de Siria no quería verla así, quería recordarla viva, feliz...pero la necesitaba, necesitaba verla por última vez, aunque ya no tuviera la sonrisa que la caracterizaba ni la mirada llena de amor que solía darle cuando la veía.La joven se levantó de la silla con algo de esfuerzo, y caminó lentamente hasta el ataúd de su madre, deteniéndose frente a ella.La tristeza de sus ojos, mezclado con su dolor, reflejaba el rostro del amor de su vida, llevo su mano a su mejilla, acariciándola lentamente.- Mamá... —dijo en su idioma natal, búlgaro, casi sin voz por el nudo que tenía en la garganta, un nudo que era un grito que pedía que lo dejará salir. —Te necesito. ¿Qué hago sin ti, madre?Siria no estaba lista para decirle adiós a la mujer a la que acariciara su mejilla con todo su amor, y jamás lo estaría. Su madre estuvo intentando prepararla para ese día desde que se enteró de su estúpida enfermedad, desde que supo que ya no iba a poder estar al lado de su hija.Siria recordaba con mucho dolor y tristeza el día que su madre le dijo sobre su enfermedad hace menos de un año atrás, cuando apenas tenía catorce años. Recordaba que lloraba como una niña mientras le decía ''No me dejes. Por favor, no me dejes''. Y Amethyst le repetía una y otra vez que la amaba y que se volverían a ver algún día, que no llorara y que la recordara siempre porque ella jamás se olvidaría de su pequeña Sirenita, como solía llamarla ella con amor, y jamás dejaría de cuidarla, que no tuviera miedo.Recordó que le pidió que le jurara que no tendría miedo, y que ella lo hizo sabiendo que rompería esa promesa algún día.- Lo siento, madre. Estoy rompiendo mi promesa ahora. Estoy aterrada. ¿Qué hago sin ti? ¿Cómo no temer al futuro en el que no estás tú? —le decía a su madre sin dejar de llorar—. Nos volveremos a ver, madre. Te contaré todo lo que viví y prometo que estarás orgullosa de mí. —dijo mirándola, susurrando mientras delineaba su rostro con sus dedos—. Me esforzaré para ganar el cielo y no perderte nunca más.La joven Black se acercó a su frente para dejar un beso, pero en ese momento sintió que alguien le tocaba el brazo.- Siria, ya es hora —dijo el padrastro de su madre, intentando alejarla del ataúd para que lo pudieran cerrar y así poder enterrarla.- Todavía no. Unos minutos más, por favor —dijo casi rogando. No, aún no. No estaba lista.- Lo siento, Siria. La lluvia se está largando con más fuerza, ya no podemos seguir mucho tiempo aquí —dijo el hombre haciendo que ella lo mirará de mala manera.¿Qué diablos le importaba la lluvia?Siria nunca se había llevado bien con el padrastro de su madre, él no las quería a ninguna de las dos, solo fingía para que su abuela Jean, se sintiera bien, para qué pensara que quería a Amethyst. Siria pensaba que él estaba con su abuela por la gran fortuna que tenían los Brodwell, pero lo que no sabía él, era, aunque amará u odiará a Siria y a su madre, jamás conseguiría que Jean cambiará la fortuna que le pertenecía a su verdadera familia.La joven Black detestaba a ese hombre, y ese odio que sentía crecía mientras él intentaba alejarla de su madre.- Todavía no —repitió Siria volviendo a mirar a su madre, sin querer alejarse de ella, pero los planes del hombre eran otros.- Lo siento, Siria —dijo el hombre mientras la agarraba con fuerza para levantarla un poco del suelo, alejándola del cuerpo de Amethyst, mientras comenzaba a llorar con fuerza, dejando salir el grito que estuvo callado por tanto tiempo, gritando ''Todavía no.'', sin saber cuándo sería el momento en que estuviera preparada para enterrar el cuerpo, y no volver a ver su rostro.Cerraron el ataúd mientras agarraban a la chica para que no se lance sobre ella, para que no los detuviera. Las gotas de lluvia seguían cayendo, mezclándose entre sus lágrimas de nuevo.Comenzaron a bajar y tirar tierra sobre ella mientras algunos dejaban rosas sobre su tumba.Siria no podía dejar de pensar que Amethyst odiaba las rosas, porque los tulipanes eran sus favoritos, por eso Siria amaba también los tulipanes, porque le recordaban a su madre.Recordaba las veces en las que su madre ponía tulipanes blancos sobre la mesa, explicándole el significado a la niña curiosa que la seguía a todos lados.- Despídete, Siria —dijo llorando la abuela de la joven mientras intentaba calmar a su nieta, pero nada ni nadie podría calmar nunca su dolor.

• Una mansión vacia

Luego de un rato bajo la lluvia, Siria se fue a su habitación en la mansión Brodwell, y se quedó ahí, observando por la ventana como algunas personas se marchaban del lugar luego de meter el ataúd de su madre bajo tierra, las lágrimas no dejaban de caer por sus ojos, mientras se abrazaba a sí misma porque no dejaba que nadie se acercara.Una gran amiga de Siria se encontraba sentada en su cama, a su espalda sin decir nada, sabiendo que Siria hablaría en su momento. La joven Black se preguntaba qué era lo que iba a hacer ahora, porque quedarse en la mansión Brodwell con el padrastro de su madre no era una opción, aunque le doliera a su abuela que su nieta se alejara.- Siria —dijo su amiga detrás de ella, haciendo que limpiara rápido sus lágrimas y se girara para ver a nada más y nada menos que a Harry Potter entrando a su habitación.- Lamento subir hasta aquí, pero sabiendo que no bajarías decidí hacerlo para poder hablar un momento contigo, Siria —dijo el señor Potter de unos 36-37 años.La chica asintió con la cabeza y miró a su fiel amiga Cath que entendió perfectamente lo que quería decirle.- Estaré abajo —dijo la rubia, regalándole una sonrisa a su amiga, la cual ella no devolvió.Ese día no había Siria sonriente ni tierna, sólo estaba fría, dura y en shock por su pérdida.- ¿Qué se le ofrece, señor Potter? —dijo la joven Black yendo directo al grano.

• El regalo de Harry Potter

-Entiendo lo que estás pasando ahora, Siria —dijo sin moverse de donde estaba, esperando, quizás, que sea ella quien lo deje acercarse—. Sé que prometí hablar contigo en muchas oportunidades, pero como le dije una vez a mi esposa, no estaba listo para ver a alguien que me recordara a Sirius aún —dijo sin dejar de mirarla, algunos solían decir que Siria tenía rasgos parecidos a los de él, pero nunca pudo saberlo porque jamás había conocido al hombre que decían que era su padre, del cual llevaba el apellido por honor a él, a su inocencia, en la cual Amethyst creía fielmente.- Hoy no es el momento, señor Potter —dijo seria antes de girar para volver a mirar el lugar por la ventana, observando la lluvia caer.- Sé que no es el momento, pero quería darte mi pésame y decirte que tengo un regalo para ti, lo he pensado por mucho tiempo y sé que te encantara, sólo que nunca pensé en dártelo en un momento así —dijo con algo de tristeza en su voz, a la espalda de la chica, quién no respondió ante lo que dijo, ya que no tenía ganas y quería que se fuera para poder llorar tranquila—. ¿Qué pasaría si te doy la oportunidad de volver en el tiempo? Claramente sin cambiar nada —dijo rápidamente al ver cómo Siria se giraba interesada en el tema, pensando en su madre en el mismo momento en que lo dijo, pero soltando un suspiro cuando dijo que no podría cambiar nada.- ¿Cómo sería eso posible? —preguntó Siria, con los brazos cruzados, sintiendo frío llegar a su cuerpo.- Con algo que le pertenecía a mi mejor amiga, Hermione Granger. Seguramente la conoces —dijo el señor Potter, regalándole a Siria una pequeña sonrisa—. Todos pensamos que tienes el derecho de conocer por ti misma a la persona de la cual les hemos hablado maravillas a nuestros hijos, a quién hasta el día de hoy seguimos creyendo en su inocencia, mereces conocer a tu padre. A Sirius Black —dijo el pelinegro haciendo que el corazón de la chica que estaba frente a él comenzara a acelerarse del solo pensar en que conocería a su padre—. ¿Quieres hacerlo? —preguntó sin dejar de mirarla.La chica asintió rápidamente con la cabeza mientras pasaba una y otra vez por su mente, la voz de su madre diciendo, ''Si tuviera la oportunidad de enseñarte como era tu padre, la tomaría sin dudarlo, Sirenita mía.''- Sí, por supuesto —dijo más que segura antes de volver a mirar por la ventana, mientras muchas cosas pasaban por su cabeza.- Perfecto. Cuando tú quieras podemos hacerlo —dijo mientras se ponía de pie.Siria se giró de nuevo y lo miro con seriedad, antes de decir.- Mañana.La joven estaba ansiosa por poder conocer al hombre con el que había soñado más de una vez conocer.- Mañana —repitió el señor Potter caminando a la salida—. Te mandaré una carta diciendo donde encontrarnos.Siria asintió con la cabeza al escucharlo y se fue a sentar en la cama cuando salió de la habitación, dejándola sola para poder pensar y seguir llorando.En habitación de la mansión Brodwell, donde siempre había luz, sonrisa y felicidad, ya no había nada más que lágrimas de tristeza por el dolor que causaba una pérdida, la pérdida más dura que alguien puede tener.Todos los que no se habían ido estaban en la sala de la mansión, hablando y haciendo lo que se hace en un momento así, siendo atendidos por los abuelos de Siria.La pelinegra, estaba abrazándose ella misma en su cama, sin dejar de llorar ni un momento mientras recordaba todo lo que había vivido al lado de su madre y lo que le había dicho Harry Potter, sabiendo que ahora viviría del recuerdo de otra persona, como solía hacer con su padre.Las horas pasaron y Siria había recibido la lechuza del señor Potter y esperaba ansiosa a que sea la hora para ir al lugar indicado.

✦ UN VIAJE AL PASADO

Se había sorprendido un poco que dijera para que se vieran en Hogsmeade, pero sin dudarlo, estuvo en la entrada de las tres escobas a la hora indicada.Siria caminaba de un lado a otro mientras esperaba a que el señor Potter apareciera.- Que hombre impuntual —dijo Siria en voz alta, arreglando su abrigo por el frío que estaba haciendo.- Algo que tendría que cambiar, sin duda —se escuchó una voz masculina, que hizo girar sonrojada a la joven por ser escuchada.- Lo siento —dijo haciendo una pequeña mueca por la vergüenza del momento.- Tranquila, es cierto —dijo Potter sonriendo con una pizca traviesa, digna de un hijo de merodeador—. Bien, vayamos a un lugar más tranquilo para poder empezar.
Siria asintió con la cabeza, comenzando a caminar a su lado, dirigiéndose cerca de la casa de los gritos donde se detuvieron uno frente al otro. Miró con atención lo que sacaba el señor Potter de su bolsillo mientras abría los ojos sorprendida al ver un auténtico giratiempo.
- Wow, pensé que ya no habían más de esos —dijo sorprendida mientras dejaba que rodeara su cuello con el giratiempo, haciendo lo mismo con él.- Era de Hermione pero tuvo que entregarlo al ministerio, y yo lo tomé prestado, pero es un secreto —dijo sonriendo Harry, guiñándole un ojo, antes de comenzar a girar la manijita del giratiempo.Las cosas comenzaron a moverse a su alrededor, mientras Siria miraba todo con atención hasta marearse, cerrando los ojos un momento después.- Listo —dijo el hombre haciendo que abra los ojos de nuevo, viendo el mismo lugar donde habían estado antes—. Tenemos que movernos, no tenemos tiempo.

• Reglas del pasado

Dijo antes de comenzar a caminar apresurado luego de sacar el giratiempo del cuello de ambos, con la joven detrás, siguiéndolo sin dudarlo.- Las reglas son fáciles, Siria... —hablaba casi susurrando—. No te dejes ver.La joven asintió con la cabeza al escucharlo mientras con cuidado se dirigían a las tres escobas, el señor Potter se detuvo en un momento y saco algo de su abrigo; una capa.- Ven —dijo Harry antes de cubrirlos a ambos con ella, dándose cuenta de que era la famosa capa de invisibilidad.Caminaron hasta una de las mesas, uno junto al otro, un poco agachados para que no se vean sus pies, y se quedaron allí sentados un buen rato.- ¿Qué estamos esperando? —dijo soltando un suspiro luego de esperar un rato, algo cansada de no estar haciendo nada más que eso, sintiendo que perdían el tiempo.- La paciencia trae recompensas, Siria —dijo Harry, antes de que se escuchara como se abría la puerta dejando entrar a cuatro jóvenes, riendo, felices.Siria pudo reconocer inmediatamente a uno de ellos.

• «Es mi padre»

- Es mi padre —susurró la joven con los ojos llenos de lágrimas, feliz de conocerlo, aunque no pudiese hablar con él.Siria pudo notar que tenían varios rasgos iguales, y algunas cosas en común en su personalidad. Pudo escuchar suspirar algo al hombre que estaba a su lado bajo la capa, sonriendo al verlo entrar. Esto era especial para los dos, aunque sea un momento, era algo que jamás olvidarían.Era un hermoso espectáculo ver a los merodeadores sentados en una mesa mientras reían y charlaban animadamente.- Creo que debemos irnos, Siria —dijo el señor Potter con tristeza luego de un rato largo, mirándola de nuevo luego de haber estado mirando también la escena que estaba frente a ellos. Ambos emocionados.- De acuerdo —dijo asintiendo con la cabeza, limpiando las lágrimas que habían caído de su rostro sin darse cuenta.Se pusieron de pie sin llamar la atención y caminaron hasta la salida con cuidado, sin poder evitar el volver a mirar al hombre que había estado siempre en su corazón, el hombre de sus sueños.- Adiós, papá —susurró la joven, diciendo la palabra que siempre había soñado decir frente a él, antes de salir de las tres escobas, lista para volver a casa.

• Las palabras escritas para su madre

Caminaron en silencio, luego de quitarse la capa, pensando en todo lo que habían visto. Se dirigieron nuevamente hacía donde habían estado antes, y mientras el señor Potter ponía nuevamente el giratiempo en el cuello de ambos, la joven Black lo miraba sonriendo, agradecida por el momento.- Gracias... —le susurró, antes de que todo terminara.Luego de un rato largo, Siria regresó a su casa y se dirigió a su habitación, abrió un cajón y sacó el diario de su madre donde escribía todo desde que estaba en Hogwarts, a pedido de ella.Su madre no quería perderse nunca algo que pasara en su vida, y por eso le escribía en el diario todo lo que pasaba mientras estaban lejos, y eso haría.Le escribió a su madre que había conocido al hombre que ella había amado hasta su último suspiro, y que era tal como ella le había contado, un hombre guapo y divertido, lleno de vida. Le escribió por un buen rato a su madre, sabiendo que algún día, ella se lo contaría.

✦ UNA VIDA SIN AMETHYST

• En Bulgaria

Los años siguientes no fueron fáciles, la ausencia de su madre se notaba todos los días, y vivir con su abuela no era de su agrado, aunque la quisiera mucho.Al terminar sus estudios en Hogwarts, regresó a la mansión Brodwell y se enteró que su amigo de la infancia, que era un vampiro, había sido asesinado por mortifagos.Y sin poder soportar más muertes, Siria decidió irse del mundo mágico.Siria sentía que ya no podía más, que ahora si estaba sola del todo en Bulgaria, y quería dejar atrás todo el dolor, dejar todo en el lugar donde había nacido.Su amigo, quién le había enseñado todo sobre los de su clase, le había dejado sangre de vampiro por si algún día la necesitaba para vivir la eternidad como uno, pero Siria sin saber qué hacer con esa sangre, la guardó con mucho cuidado, escondiéndola en un cofre que pertenecía a su madre cuando era joven, ya que no encontraba razón para beberla y ser inmortal.

• Londres: Empezando desde cero

La joven llegó a Londres muggle, fascinada por el hermoso lugar que sería su hogar ahora, lista para nuevas aventuras.Siria amaba vivir en ese lugar, había conseguido un departamento pequeño pero bonito, frente a un bar donde el dueño era un nuevo amigo que había conocido allí, se sentía bien, feliz o como podía serlo por lo menos.Vivía de fiesta, conociendo gente y demás, pero todo cambio cuando lo conoció a él, aunque no duraron mucho, y salió con más heridas de las que ya tenía.

• El primer corazón roto

Las luces de Londres alumbraban las calles de una hermosa noche que pedía a gritos ser disfrutada, pero Siria se encontraba tirada en su cama, sin dejar de llorar por haber sido tan idiota de no darse cuenta de lo que pasaba.Había caído como idiota en las redes del amor y se encontraba llorando en su habitación a oscuras, como cuando apenas era una niña y el niño que le gustaba no le hacía caso, pensando en que había causado que esa persona actuara de esa manera, en cuál fue su error.¿Había sido su error? ¿O el de él?
¿Cómo podría saberlo?
Recordaba el momento en el que ella había conocido a ese hombre, no era el lugar más romántico del mundo ni un hermoso momento, pero no le importaba nada en ese entonces.Lo que había comenzado como una conversación de dos desconocidos en una cafetería, terminó convirtiéndose en una hermosa relación.Apenas había llegado a la ciudad cuando lo conoció, un año sin poder superar que la mujer de su vida ya no estaba, pero él había logrado el poco tiempo que su mundo se parara por un momento para mostrarle de a poco que podía mejorar su vida, subiéndola a lo más alto del cielo para que él luego la dejará caer y le mostrara lo cruel que podía ser el amor.Habían pasado 5 meses desde que se habían separado y Siria se sentía una niña pequeña llorando por alguien que había arruinado una hermosa relación, con sueños al futuro, por una noche con una desconocida, por tonterías que dolían.Se sentó en la cama y soltó un suspiro, limpiando sus lágrimas mientras se ponía de pie para mirarse en el espejo.- Tú no eres así, Siria —dijo antes de girarse para irse a dar una ducha y luego ponerse una ropa sensual como las que usaba siempre cuando comenzó a ir a discotecas para divertirse, o fingir hacerlo mientras lloraba cada noche sin poder despedirse de su madre aún, poniéndose una máscara cada mañana para esconder su dolor cuando salía al mundo.Se miró nuevamente en el espejo y se puso un poco de maquillaje, y el labial rojo que no podía faltar al igual que los tacones que amaba usar, eso era lo que la caracterizaba, lo que la hacía ser ella.Luego agarró su bolso y abrigo, lista para salir a olvidarse de todo, caminando hasta el lugar donde solía ir a bailar con su mejor amiga.El lugar se encontraba cerca de su departamento, ya que no vivía en un lugar elegante como vivió toda su vida, sino algo nocturno, fiestero y lleno de juventud, donde cualquier chico o chica podría despejarse con una noche de locura.Le escribió a Jackson, su amigo, para avisarle que iría a la discoteca, y que él sería su acompañante, contenta cuando acepto sin peros ni quejas.

• Una noche para olvidar

Al llegar al lugar la música invadía cada rincón y la gente bailaba por todos lados mientras bebían o coqueteaban, disfrutando de todo.Siria había logrado que Jackson saliera a bailar con un chico, con quién parecía que había tenido química.La joven bebió un poco del trago que tenía en la mano y comenzó a caminar hacia la pista, pero sin darse cuenta chocó con un chico, haciendo que su bebida caiga en la ropa del joven.- Lo siento mucho —dijo totalmente avergonzada de lo que había pasado, sin saber qué hacer, miró al chico y le sonrió algo nerviosa, mirándolo a los ojos un momento—. Te compraré otra bebida.Le dijo antes de alejarse para ir a la barra, moviendo las caderas de forma coqueta como solía hacer al caminar para luego apoyarse en la barra y pedir un trago para el chico, y uno nuevo para ella.Se quedó hablando con el chico, sonriendo ante lo tierno y lo interesante que se veía que era. Su piel se erizo cuando le tocó la mejilla para luego acercarse a ella y besarla, sin poder evitarlo, le devolvió el beso de la misma manera, agarrándolo del cuello de su camisa, para luego separarse un poco por falta de aire y sonreírle antes de volver a besarlo.La noche había sido más interesante de lo que ella pensaba, Siria se despidió del chico de la discoteca desde la entrada de su departamento con sólo una camisa y unas bragas puestas, cerró la puerta antes de volver a su habitación, sonriendo contenta por la noche que había pasado.Los días siguieron normalmente desde esa noche y Siria se encontraba un poco más tranquila respecto a lo que había pasado con su expareja en ese momento, aunque podía jurar que se había escuchado su corazón romperse cuando lo vio de la mano con su nueva novia, a la mañana siguiente de la noche de la discoteca.Parece que lo había sido una noche para Siria, había sido el comienzo de otra relación para él.La joven Black había aprendido lo que era un corazón roto, y había jurado que no iba a dejar que eso le pasará de nuevo, que la lastimarán así.¿Pero cómo iba a saber que todo eso cambiaría luego? ¿Qué iba a conocer a alguien que se iba a encargar de juntar poco a poco los pedazos rotos y pegarlos con amor?La vida y el amor son locos, pero no porque se haya tenido un error en la vida, no significaba que no se encontraría al amor de su vida, y eso lo supo Siria cuando lo conoció a él una noche en el bar que pertenecía a su amigo, Jackson.

✦ EL HILO ROJO DEL DESTINO

• Conociéndose

- Hola, Siria —saludó Jackson, con una gran sonrisa—. ¿Cómo estás hoy? No te veo desde hace mucho —dijo antes de agarrar una copa, sabiendo lo que iba a pedir—. Lo mismo de siempre, ¿verdad? —preguntó sonriendo de lado, haciendo que la chica asintiera con la cabeza para comenzar a prepararle un martini.- Todo súper aburrido —dijo haciendo una mueca mientras se sentaba, junto a un chico, pero sin prestarle atención—. Creo que mi vida es de una mujer de 80 años, debería salir más, conocer chicos y tener mucho sexo... —dijo divertida la joven, susurrando lo último. La confianza que tenía con su amigo Jackson era divertida, solían decir cosas que no les decían a otras personas. Muchos solían pensar que coqueteaban, pero no, Jackson era gay y eso le encantaba a Siria, pero aun así solía decirle cosas que hacían dudar de su sexualidad—. ...Pero ya sabes, se acerca la fecha y me deprimo —dijo algo triste, haciendo que Jackson la mirara con algo de pena, como solía hacer cuando la veía triste en esas fechas.El aniversario de muerte de Amethyst se acercaba y eso ponía mal a Siria.La necesitaba demasiado, aún lo hacía y siempre lo haría.- ¿Qué tal todo, Jackson? —preguntó mirándolo, volviendo a sonreír.- Ya sabes... —dijo haciendo una mueca divertida, encogiéndose un poco de hombros— no salgo de aquí si no es para verme con Gideon o ir al médico. Creo que estamos volviéndonos viejos, Siria —dijo riendo levemente mientras le entregaba el martini a Siria, poniendo dos aceitunas en la bebida.- Dame más aceitunas, Jackson —dijo Siria mirándolo como una niña pequeña, atreviéndose a hacer un pucherito, haciéndolo reír.Agarró un platito y puso muchas aceitunas en él.- Eres el mejor —dijo antes de agarrar una aceituna con el palito que estaba en la bebida y llevarla a su boca que resaltaba con el labial rojo que tenía puesto.- Tengo que seguir atendiendo, linda. No te robes más aceitunas, Siria —dijo su amigo sonriendo divertido, sabiendo que cuando se las terminará, iría por más.La joven se encargó de mirarlo mientras se iba a seguir atendiendo a las personas que no dejaban de llegar.- ¿Siria? —dijo el chico que estaba sentado a su lado, llamando su atención.¿Lo conocía? pensó Siria al mirarlo.- Tienes el nombre de un país —dijo haciéndola sonreír ante su comentario.Lo miró un momento mientras pensaba que era guapo.- No es algo que me digan todos los días para comenzar una conversación, pero sí —dijo Siria negando con la cabeza divertida antes de volver a comer otra aceituna, sintiendo la mirada del chico aún sobre ella.Ambos se analizaban con la mirada cuando el otro se distraía.Ella lo miró y él le sonrió.''Mierda''dijo mentalmente Siria.Tenía una sonrisa que volvería loca a cualquier chica y ella estaba más que segura que ya estaba totalmente perdida en ella, que le gustaría verla cada mañana al despertar.¡Por Salazar, Siria! ¡Tranquila!- ¿Te gustan mucho las aceitunas? —preguntó intentando volver a sacar una conversación, la joven asintió con la cabeza antes de aclarar un poco la garganta.- Las adoro —dijo sonriendo mientras se movía un poco para quedar mirándolo mejor—. Tú sabes mi nombre y yo no sé el tuyo —dijo levantando una ceja, volviendo a sonreír algo coqueta.- Daniel. Daniel Wood —dijo volviendo a sonreír, haciendo que la chica volviera a maldecir por dentro nuevamente, estirando su mano para poder estrechar la de la joven.- Un gusto, Daniel —dijo antes de soltar su mano, sintiendo cosquillas en ella, como una pequeña electricidad.Ambos se quedaron hablando un rato más, quizás horas.Siria podía sentir la mirada de Jackson en ambos, pero la joven no dejaba de mirar a Daniel que, entre risas y sonrisas coquetas, le contaba lo más vergonzoso que le pasó en la vida.- Tu turno —dijo al terminar de hablar.Siria quedó un momento el silencio, mientras pensaba que contarle y comenzó con el día que se había emborrachado y todo había terminado mal.Ambos se contaron cosas de su familia, de su vida, pero Siria omitió la parte de que era una bruja, ya que no era de contarle esas cosas a los muggles que la rodeaban.Los jóvenes no sabían cuántas horas habían pasado en ese bar, pero no querían irse.¿Alguna vez sintieron que estaban destinados a conocer a una persona? ¿A enamorarse? ¿Cómo si tuvieran que encontrarse para que su vida cambiara por completo?Siria podía jurar que en ese momento había encontrado a alguien que la ayudaría a encontrarse a ella misma, a quién había buscado sin saberlo, a alguien que estaba destinada a conocer para ser feliz de nuevo, que la iba a hacer sentir completa y viva otra vez, mostrándole lo que era el amor verdadero que pensó que no volvería a sentir.Un viejo mito chino que había leído la joven hace unos días, sonó en su cabeza:

« Uɴ ʜɪʟᴏ ʀᴏᴊᴏ ɪɴᴠɪsɪʙʟᴇ ᴄᴏɴᴇᴄᴛᴀ ᴀ ᴀϙᴜᴇʟʟᴏs ϙᴜᴇ ᴇsᴛáɴ ᴅᴇsᴛɪɴᴀᴅᴏs ᴀ ᴇɴᴄᴏɴᴛʀᴀʀsᴇ, sɪɴ ɪᴍᴘᴏʀᴛᴀʀ ᴛɪᴇᴍᴘᴏ, ʟᴜɢᴀʀ ᴏ ᴄɪʀᴄᴜɴsᴛᴀɴᴄɪᴀs. Eʟ ʜɪʟᴏ sᴇ ᴘᴜᴇᴅᴇ ᴇsᴛɪʀᴀʀ ᴏ ᴄᴏɴᴛʀᴀᴇʀ, ᴘᴇʀᴏ ɴᴜɴᴄᴀ ʀᴏᴍᴘᴇʀ ».

Siria negó con la cabeza, divertida por sus pensamientos y volvió a prestar toda su atención al chico.La joven sentía que algo estaba cambiando en este momento, pero no quería llegar a ilusionarse más de lo que debía.Ya sabía lo que era un corazón roto y no quería volver a arriesgarse, pero ¿quién entiende al corazón y al amor?- ¿Quieres ir a otro lado? —preguntó Daniel, haciéndole pensar si él sentía lo mismo sobre alejarse.- Claro —dijo asintiendo, sonriendo.Se levantaron de la silla sin pensar que, desde ese momento, comenzaba una hermosa historia de amor.

• Una nueva vida

Daniel & Siria Wood

- ...Los declaro marido y mujer. Señor Wood, puede besar a la novia. –sus labios se juntaron con amor al escuchar las palabras que tanto habían esperado.Por fin habían sellado su amor delante de todos, el amor que había nacido desde ese día en el bar, y que día a día se esforzaban por mantener vivo.La fiesta había comenzado, Siria bailaba lentamente junto a su esposo una canción que no era para nada lenta, pero disfrutando de cada momento de su nueva vida como Siria Wood.- Daniel...-susurró cerca del oído de su esposo para llamar un poco más su atención, haciendo que la mirara- Te amo. –dijo sonriendo, mirándolo con amor antes de besar sus labios de nuevo.La señora Wood estaba más que feliz por la nueva vida que comenzaba al lado del hombre que amaba con su vida.

• La vida de los Wood

La boda había sido hermosa, y luego de un rato, se fueron a su nueva casa para prepararse para ir a la luna de miel que tanto esperaban, sabiendo que iba a ser muy hermosa y especial para ambos, parecían dos adolescentes tontos enamorados.Los días habían pasado y Siria se encontraba más que feliz por levantarse cada mañana al lado del hombre que amaba, llevando su apellido y desayunando a su lado para mimarse desde que despertaban hasta que se iban a dormir de nuevo.

• Una sospecha

Pero unos días después Siria, comenzó a notarse más extraña, que se mareaba de nada y todo lo que comía le caía mal, comenzó a recordar la última vez que había tenido la regla, y sin pensarlo dos veces, fue a hacerse unos análisis para comprobar si sus sospechas eran reales.La señora Wood se encontraba en el hospital, sentada esperando a que le entregaran los análisis que se había hecho. Estaba totalmente nerviosa y admitía que tenía una pequeña esperanza de que confirmaran lo que tanto habían estado esperando ella y su esposo, Daniel.Siria no dejaba de mover los pies, haciendo que los tacones sonaran contra el suelo, mientras movía su anillo de matrimonio en su dedo como solía hacer cuando estaba nerviosa, causando que varias enfermeras la miraran de mala manera por el ruido que estaba haciendo, pero no le importaba nada en ese momento más que saber lo que iba a decirle el médico.Los días habían estado movidos mientras por la mente de Siria no dejaba de pasar todo lo que estaba sintiendo, rogando que no sea más que una hermosa noticia.

• La noticia

Luego una hora, que se le hizo eterna a la joven, una enfermera salió con un sobre en la mano, y con una sonrisa, se lo entregó, deseándole suerte para lo que quería saber.Siria había pedido por favor que no enviará el sobre a su casa, por miedo a que llevara cuando estuviese Daniel en el lugar.Cuando tuvo el sobre con el resultado en la mano, lo abrió casi con desesperación y leyó rápidamente lo que decía. No sabía cuánto tiempo estuvo releyendo lo que decía la hoja, pero todavía seguía sin caer en lo que veía.''Positivo''Volvió a leer una y otra vez.Una gran sonrisa resaltaba en el rostro de Siria, sintiendo como las lágrimas llenaban sus ojos intentando salir.Iba a ser madre.Llevó su mano al vientre de ocho semanas, y lo acarició con amor.Sentía que no cabía de la felicidad y que era el momento más hermoso luego de tanto sufrimiento en el pasado.- Seré mamá. –dijo para sí misma, susurrando, dejando que las lágrimas cayeran.

• Un secreto para Daniel

Siria podía imaginar la felicidad de su esposo cuando se enterará de que iba a ser padre.Guardó el sobre en su bolso cuando recordó que Daniel tenía que saberlo, y salió del hospital, dispuesta a decirle a su esposo que iban a ser padres. Subió a su auto que había dejado estacionado a una calle del hospital muggle, y fue hasta la casa donde ahora vivía con Daniel, al llegar estacionó el auto y salió del mismo para luego detenerse frente a la puerta al llegar, pensando un momento.¿Por qué no esperar a un momento especial para decirle que iban a ser padres? Sonriendo, Siria abre la cartera para sacar las llaves de la casa y así poder entrar.- Amor. –dijo Daniel sonriendo al verla llegar, mientras bajaba las escaleras.Siria cierra la puerta con una sonrisa que no podía ocultar y se acerca casi corriendo para besarlo con amor y felicidad, subiendo sus piernas en su cintura, rodeando su cuello con sus brazos, mientras él la agarraba para que no se cayera, devolviéndole el beso con el mismo amor, mientras la pegaba a la pared mostrando como la pasión subía con un solo beso, mostrando como la llama de su amor aún seguía más viva que nunca.

✦ LA LLEGADA DE LOS PEQUEÑOS

• Un embarazo difícil de esconder

Los días pasaron y era algo difícil para Siria esconder las náuseas de Daniel, pero agradecía que los mareos se habían calmado un poco.La joven comía más chocolates de lo normal y las aceitunas que tanto adoraba, no las podía ni oler. Se entristecía, pero a la vez le daba nauseas el sólo pensar en ella. Pero luego de todo eso, se sentía genial saber que una vida crecía dentro de ella.Solía mirarse en el espejo y acariciar su vientre cuando Daniel no la veía. Aún no se notaba mucho, parecía que había subido un poco de peso por todo lo que comía, y a Siria le daba gracia saber que Daniel jamás diría nada sobre eso, pero el saber que estaba su bebé en su vientre era lo que más amaba.

• La gran sorpresa

El día que tanto había esperado, había llegado por fin. La hora de decirle a Daniel que estaba embarazada.Siria se puso de pie luego de ponerse los tacones y camino desde la cama hasta el espejo grande que estaba en la habitación matrimonial de su casa, donde se veía todo su cuerpo, con el vestido rojo puesto. Donde poco a poco, podía notar el vientre de catorce semanas.La doctora le había dicho que la panza podría salir en cualquier momento, que al ser delgada su vientre no iba a notarse mucho al principio, pero que todo estaba bien. Más que bien.Solía hacerse controles seguidos, por miedo a que les pasara algo. Sí, ''les'', eran dos pequeños en el vientre de la joven señora Wood. Iba a ser madre de dos pequeños que eran la mitad del hombre que amaba. Decían que los primeros tres meses eran complicados, y ella tenía miedo de eso, tenía miedo de que sus rayitos de luz se apagarán, entonces los cuidaba con su vida.Luego de unas horas, donde Siria y Daniel se encontraban cenando en un hermoso restaurante, la joven le dijo a Daniel que era hora de irse, pero que quería ir a otro lugar antes de ir a su casa, y entonces se dirigieron a un hermoso prado donde al llegar, hizo aparecer con magia un mantel en el césped, donde se quedaron hablando un rato.La noche paso con tranquilidad, entre besos y risas con su esposo, como siempre. Hasta que llegó el momento de que Siria se pusiera de pie, diciéndole que cerrara los ojos a Daniel para poder entregarle una sorpresa que tenía preparada para él.- No hagas trampa, Wood. –le dijo sonriendo mientras dejaba un beso en los labios de su esposo, haciendo aparecer con su magia un cofre en sus manos donde tenía ropitas de bebés y la prueba de embarazo con una nota que decía ''Te amamos, papá''- Ya puedes abrir los ojos, mi amor. –le dijo Siria sonriendo más que feliz.

• Dos pequeños Wood

La reacción de sorpresa y felicidad de Daniel no se hizo esperar, se acercó y beso los labios de su esposa con amor, intentando demostrar en ese beso lo mucho que se amaban.- ¿Es en serio? –dijo Daniel mirando el cofre, sin dejar de sonreír- ¿Vamos a tener un bebé?- Sí, son dos bebés, en realidad. –dijo sonriendo la castaña, asintiendo con la cabeza, feliz por el hermoso momento que estaban viviendo, viendo a su familia crecer como tanto habían soñado. - Estoy embarazada. –dijo feliz, llevando sus manos a su vientre, viendo la gran sonrisa de su esposo.- Estamos embarazados. –dijo antes de agarrar su rostro con delicadeza para besarla lentamente. - Tendremos dos bebés. –susurró Daniel llenando su rostro de besos, igual de feliz que Siria. - ¡Seremos padres! –dijo intentando no saltar de la emoción como niña pequeña.Daniel miró el cofre nuevamente dejándola ver como sus ojos se llenan de lágrimas, mientras unía sus frentes como solían hacer, dejando que las lágrimas cayeran.Siria llevó una mano a su mejilla y sonrió mientras sus ojos también se llenaban de lágrimas, guardando otro hermoso recuerdo que le regalaba la vida.- Estoy feliz. –susurró su esposo, haciendo que sonriera para luego dejar un beso en los labios de él.- Y yo. –dijo susurrando Siria.- Te amo.- Te amo, mi amor. –dijo Daniel de la misma manera antes de besarla de nuevo, en un beso largo y dulce mientras Siria rodeaba su cuello con los brazos, haciendo que él rodeaba su cintura con los suyos. - Nuestra familia se hace más grande y hermosa –dijo mientras acariciaba su mejilla con ternura.- Muy hermosa. –dijo feliz antes de volver a besarlo.

• Esperando conocerlos

Los días pasaban y Daniel cuidaba a Siria más que antes, no la dejaba hacer absolutamente nada y la consentía en todos los antojos, hasta en los más raros a altas horas de la noche.El día de saber que eran los pequeños Wood, se acercaba, Daniel estaba ansioso y nervioso por saber que diría la doctora, y Siria estaba emocionada por saber que eran y así poder comprar todas las cosas para los sapitos, como los llamaba su padre con cariño.- Daniel, amor, despierta. ¡Hoy sabremos que son los bebés! –dijo Siria tirándose encima de su esposo para que despertara, llenándolo de besos.- Amor, abre los ojos. –dijo entre besos, sonriendo cuando le corresponde el beso, agarrándola de la cintura.– ¡Hoy es el día, amor! –dijo emocionada al separarse. - El desayuno está en la mesa, terminamos y nos vamos. ¡Arriba, Wood! -dijo contenta.Siria salió de la habitación mientras su esposo se desperezaba, dejándolo, sonriendo por el despertar movido de su esposa, y caminó a la cocina para terminar bien todo lo que tenía que hacer.Luego de unos minutos, Daniel bajó para comenzar a desayunar, ya listo para irse. La joven se sentó en la silla junto a él para comenzar a desayunar mientras hablaban, imaginando como serían los pequeños sapitos.

• Una niña y un niño

Una vez en el hospital, Siria se sentó en la camilla donde la doctora le pondría el gel en su vientre que comenzaba a hacerse más notorio cada vez.Daniel agarró su mano, haciendo que ella la acariciará con ternura mientras en la pantalla comenzaba a escucharse los corazones de los nuevos integrantes de la pequeña pero hermosa familia Wood.-Claramente son dos... –Comenzó a decir la doctora luego de un rato, mientras seguía moviendo el aparato para ver bien al pequeño que se escondía- Son una niña y un niño. –dijo sonriendo la doctora, haciendo que Siria apretará la mano de Daniel al saber que tendrían la parejita que tanto habían querido. Ya que Daniel quería un niño y Siria una niña, y parecía que el deseo de los dos se había hecho realidad. - Felicidades, papis. –dijo la mujer sonriendo, antes de ponerse de pie.- Te amo. –Le susurró Daniel cuando la doctora salió para dejarlos solos un momento.- Te amo. –respondió Siria a su esposo antes de besarlo con amor, contenta.Luego de un momento, la doctora volvió con una foto de los bebés y una copia de esta, dándole una servilleta húmeda a Siria para limpiar el gel que estaba en su vientre.Luego de agradecerle a la doctora, salieron del consultorio y se dirigieron a la casa en auto, felices por la hermosa noticia.

✦ HOLLAND FRANCIA Y NATHAN LEONE WOOD BLACK

Los
Sapitos

• Conociendo a sus pequeños

El embarazo iba bien y los pequeños crecían día a día, entrando ya en los cinco meses, haciendo que el vientre de Siria se vea cada vez más grande, pero según Daniel, seguía igual de hermosa que siempre. Eso era algo que Siria adoraba de su esposo, que la hacía sentir perfecta a su lado, con su amor y sus mimos.
El día que habían pedido turno para la ecografía 3D había llegado, donde verían bien a los pequeños.
Se alistaron para salir de casa e ir al auto, ansiosos. Y al llegar al lugar, la doctora los esperaba con una sonrisa, haciendo que Siria se dirija a la camilla para que pueda hacerle la ecografía de una vez.
- Aquí está la princesa. –dijo la mujer luego de unos segundos, sonriendo mientras dejaba ver a pequeña Wood, quién se mostró primero al poner el aparato en su vientre, sobre el gel.- Holland. –dijo Siria sonriendo el nombre de su princesa, quién se veía perfectamente en el aparato. Holland Francia Wood Black sería el nombre de la pequeña que pronto llegaría al mundo junto a su hermanito. – Mírala, amor. –dijo sonriendo, siempre agarrada de la mano de Daniel, sin apartar la mirada de la pequeña. Su esposo se encontraba callado, embobado con la pantalla y como si ella lo supiera, sonrió para él.- Oh, amor. –dijo llevando su mano libre a la boca, dejando salir algunas lágrimas al ver a la pequeña hacer eso.- Es hermosa. –dijo el señor Wood sonriendo, antes de acercarse a los labios de su esposa para besarlos con amor, mientras ella seguía llorando, más sensible que nunca.- Y aquí está el príncipe, chupando su dedito. –dijo la mujer mientras dejaba ver ahora a Nathan Leone Wood Black en la pantalla.- Mi campeón. –dijo su esposo acariciando la mano de Siria, sin dejar de mirar la pantalla, mientras ella lo miraba con amor al saber el gran padre que tendrían sus sapitos.- Les haré un vídeo. –dijo doctora sonriendo ante la hermosa escena antes de girarse para seguir haciendo lo suyo, luego de darle una servilleta húmeda a Siria para limpiarse el vientre.

• Los pequeños sapitos

Pasaron todo el camino de vuelta hablando de todo lo que les faltaba comprar para cuando llegaran los pequeños, emocionados.El tiempo pasaba y los pequeños estaban cada vez más inquietos, y haciendo que Siria siempre llevara su mano al vientre para acariciarlo, haciendo que se calmaran un poco cuando ella les cantaba suavemente. Pero cuando se ponían tan inquietos que ni cantando se tranquilizaban y comenzaba a causar una leve molestia, quién lograba calmarlos era su padre, que, con tal solo escuchar su voz, los pequeños se quedaban quietitos para él y así Siria lograba dormir todo lo que quedaba de la noche, sabiendo que los pequeños sapitos, serían dos remolinos sin duda alguna, pero dos remolinos totalmente hermosos y que deseaba tener en ya en sus brazos.

✦ EL SECRETO DE SIRIA

• Siete meses

El vientre de la señora Wood estaba cada vez más grande, ella lo llevaba con suma felicidad al saber que sus pequeños estaba creciendo y que el tiempo se acercaba, y que ya pronto podría conocerlos.- La cena está en la mesa, amor. –dijo Siria llamando a su esposo, mientras se sentaba para comenzar a comer, acariciando su vientre suavemente como hacía siempre. Le encantaba ver como el embarazo iba con tranquilidad, y la alegría llenaba la casa Wood, pero como todo en la vida, no todo es color de rosas y a veces pasan cosas, que uno no puede controlar.La lluvia golpeaba la ventana donde la señora Wood se encontraba sentada en su lugar favorito en la habitación que compartía con su esposo; un pequeño sillón que habían puesto frente a la ventana donde solía escribir en su diario cuando se encontraba sola.Siria acariciaba su vientre de siete meses, sintiendo lo inquietos que estaban los pequeños Wood que venían en camino.- ¿Ya despertaron? -le dijo con ternura mientras movía la mano para buscar donde iban a patear esta vez, deteniéndose al sentir una pequeña patadita como respuesta, sabiendo que ese era un saludo para ella. - Hola, sapitos. –les dijo sonriendo antes de seguir mirando por la ventana, antes de tener que levantarse para ir a ordenar todo lo que tenía que hacer antes de que su esposo llegara del trabajo, aun no era el momento para que él viera todo lo que tenía listo para el día especial que llegaría pronto.– Guardemos esto, amores. –dijo Siria mientras comenzaba a meter las cosas en una caja que había puesto en la mesa que estaba en la sala, donde había guardado toda la decoración para ese día.

• La sangre de Stiles

Comenzó a meter todo en la caja con cuidado y luego la levanto un poco para dejarla en la mesa de nuevo al notar que pesaba demasiado para poder llevarla ella sola, entonces sacó su varita e hizo un pequeño movimiento con ella haciendo que la caja se levante en el aire y comience a moverse hasta la escalera que daba al sótano de la casa enorme en la que vivían, donde guardaba todo bajo un pequeño hechizo para que Daniel no viera antes toda la sorpresa, y alguna otra cosa que tenía en un cofre que le había regalado su madre antes de morir.Siria siguió a la caja hasta el sótano y vio cómo se acomodaba en su lugar, antes de girar sin darse cuenta del fierro que estaba mal acomodado en un costado, haciéndole una gran herida en el brazo haciendo que soltara un grito fuerte por el dolor, mientras veía como sangraba demasiado, haciendo que llevara una mano a su brazo para intentar detener la sangre, al escuchar como su esposo hacía sonar la bocina del auto para avisarle que había llegado, levantó la mirada, pensando rápido que hacer.- Oh, diablos. –susurró mientras volvía a ver su brazo, observando las cajas amontonadas, haciendo que agarrara de nuevo su varita, moviéndola correctamente, realizando un hechizo no verbal para que dejara ver lo que tenía oculto entre las cajas; el cofre de su madre, donde tenía la sangre que le había dado su amigo Stiles, el vampiro que había sido su amigo, antes de que lo asesinaran.Siria nunca había usado la sangre de Stiles y había prometido usarla con Daniel cuando sea el momento en el que ambos estén listo para lo que llevaba beber esa sangre, listos para vivir su amor eternamente. Pero no quería que su esposo se preocupara por una herida estúpida que le había pasado por no mirar que había a su alrededor.La joven señora Wood, agarró el cofre y saco un frasco pequeño que contenía un líquido rojo, lo único que le quedaba de su amigo antes de perderlo para siempre.- Sólo un poco, Siria. –dijo abriendo el frasco para beber un poco de la sangre, haciendo una mueva al sentir su sabor metálico pasar por su garganta, causando una pequeña arcada, luego lo cerró rápido y volvió a guardarlo en su lugar, viendo como poco a poco la herida se cerraba, dejando solo sangre en su brazo.Siria pasó la varita por el brazo, limpiando la sangre, junto a la que había caído en la ropa, dejándola como nueva.- ¿Siria? -escuchó como la llamaba su esposo, viendo el cofre de su madre por última vez antes de volver a ocultarlo con un movimiento de varita.- Ya voy, amor. –dijo Siria acariciando su vientre, luego de guarda la varita en el bolsillo del pantalón pijama que llevaba puesto- Será nuestro secreto, pequeños. –le dijo susurrando a Holland y Nathan antes de subir las escaleras para ir donde estaba su esposo en la sala, quitándose el abrigo para colgarlo en el perchero

• Una noche tranquila

- Hola, amor. –dijo con un tono cariñoso antes de rodear el cuello de su amado con sus brazos para besarlo sin borrar la sonrisa, sintiendo como el beso era correspondido de la misma manera.Siria le sirvió la cena a su esposo y se sentaron en la mesa para comenzar a comer, hablando del día que habían tenido, entre otras cosas más.- ¿Cómo están mis sapitos? -dijo Daniel al terminar de comer, mirándola con adoración.- Bien, son unos dormilones como mamá –dijo su esposa sonriendo, mirándolo de la misma manera- Mañana temprano tengo que ir a comprar unas cosas para la habitación de los pequeños porque la mujer me dijo que no abrirán está semana, así que tengo que estar ahí temprano. –dijo mientras con el tenedor movía las lentejas que estaban en su plato, como niña pequeña, robándole una sonrisa tierna a su esposo.- Iré contigo. –dijo el señor Wood antes de meterse un bocado de comida.- Tú debes descansar. –dijo la castaña, negando la cabeza mientras apartaba la mirada de su plato- trabajaste mucho, cariño. Debes dormir bien –dijo con ternura.- De acuerdo. –dijo antes de bostezar, rindiéndose al final, sabiendo que Siria no iba a darse por vencida hasta que aceptara lo que estaba diciéndole.- A dormir, señor Wood. –dijo la señora Wood antes de levantar su plato de la mesa para ir hasta la cocina, moviendo las caderas como solía hacer.Luego de la cena, se acurrucaron en la cama para dormir con tranquilidad.- Descansa, mi amor. –dijo susurrando su esposo, besando la cabeza de la joven mientras ella se dormía poco a poco en sus brazos.

✦ ENTRE LA VIDA Y LA MUERTE

• El accidente

Al día siguiente, Siria se levantó temprano con cuidado para no despertar a Daniel, se dio una ducha rápida antes de salir de la casa para subir al auto e ir a la tienda de Nancy, donde vendía cosas para bebés.Comenzó a manejar hasta el lugar luego de ponerse el cinturón de seguridad.Las calles seguían mojadas por la lluvia que no había parado en toda la noche, se detuvo en el semáforo en rojo y agarró su móvil que comenzó a sonar, viendo el nombre de Nancy en la pantalla, la joven iba a contestar cuando el semáforo se puso nuevamente en verde, haciendo que vuelva a ponerse en
marcha pero como el teléfono no dejaba de sonar, volvió a mirar la pantalla un momento que pareció eterno al sentir un fuerte golpe en el lado derecho del auto, haciendo que este se moviera y comenzara a girar, mientras Siria cubría
su vientre protegiendo a sus pequeños
, sintiendo como el auto daba vueltas y
su cabeza se movía para todos lados, clavando en el rostro de la joven algunos vidrios que se habían roto volando por el aire.
Cuando el auto se detuvo, sintió un fuerte golpe en la cabeza antes de comenzar a ver todo borroso, escuchando gritos a su alrededor, viendo como la gente se acercaba al auto que había quedado volteado mientras ella luchaba
por mantenerse consciente.
- Mis bebés...-repetía una y otra vez la joven Wood, sintiendo que no podía moverse por las heridas que tenía, viendo como una persona se agachaba
para hablarle, pero ella no escuchaba nada por lo aturdida que había quedado.
- Mis bebés...-repitió Siria, rogando que su voz se escuchara.- ¡Está embarazada! –comenzó a gritar esa persona, viendo más movimiento a su alrededor.- No cierres los ojos, quédate conmigo –decía una y otra vez la mujer, mientras los ojos de Siria se cerraban lentamente sin poder resistirse, sintiendo como su cuerpo se dormía, como si se alejara de ella.

• Salvar a los pequeños

- Mis bebés...-decía una y otra vez, mientras las imágenes de lo que pasó la noche anterior pasaban por su mente una y otra vez, recordándole que tenía la sangre de Stiles en su cuerpo, que aún no habían pasado las 24 horas. -Salven a mis bebés. Sálvenlos a ellos. –dijo agarrando la mano de la mujer que
estaba hablando con ella, antes de desmayarse, quedando inconsciente.
- ¡Preparen la sala de operaciones ahora! –gritaba un hombre mientras Siria sentía como todo se movía a su alrededor, todos hablaban fuerte y corrían para
todos lados. - ¡Tenemos que sacarle a los bebés! El pulso de la madre está bajando...- comenzó a decirle el doctor a alguien que estaba más cerca de él, ya que había dejado de gritar.
- ¡Déjenme pasar! ¡Es mi esposa! –Siria intentó abrir los ojos al escuchar la voz que reconocería entre la multitud, la voz de su esposo, pero no podía moverse, solo escuchaba lo que pasaba a su alrededor.- No puede pasar, señor. –la voz de una mujer que pensaba que podía detener al señor Wood de no acercarse a su esposa.- ¡Suéltame! –se escuchó antes de que Siria comenzara a sentir como tocaba suavemente su mejilla.- Señor, debe quedarse aquí. No podemos perder tiempo.- ¡Es mi esposa! –gritó Daniel con la voz rota.- Si no sacamos a los bebés, morirán los tres... -le dijo el doctor.Siria no pudo escuchar la respuesta de su esposo en ese momento porque sus voces comenzaron a hacerse lejanas mientras perdía por completo la
consciencia, pero sabía que Daniel decidiría por la vida de los pequeños,
aunque le doliera con el alma perder a Siria, sabiendo que eso había querido ella, que sus sapitos vivieran.
Siria necesitaba que sus pequeños rayitos de luz vivieran, necesitaba gritarle a su esposo que estarían bien los tres, que no la perdería, pero no podía, sentía su cuerpo más dormido...Siria se estaba muriendo.

• La muerte de Siria

- La estamos perdiendo...-fue lo primero que llegó a sus oídos al volver a escuchar, pero no podía moverse.El llanto de un bebé en el fondo hizo que ella se relajara un poco, esperando al otro llanto pero ya no podía más, ya no aguantaba más.- Señora Wood, debe ser fuerte. –dijo otra voz mientras intentaban reanimarla, pero ya no podía más intentando luchar, ya no había nada que hacer más que dejarse ir, sabiendo que pronto volvería a la vida.

• El Otro Lado

Las voces y los ruidos a su alrededor dejaron de sentirse, Siria abrió los ojos sin saber dónde se encontraba, mirando a su alrededor sin entender nada.Estaba en el hospital, pero se veía todo diferente, estaba todo vacío sin ningún ruido, estaba sola. Miró su rostro en el reflejo de una de las ventanas y notó que su rostro no tenía heridas ni sangre, que sus brazos, su cuerpo, estaba perfecto, que nada dolía.- ¿Dónde estoy? –dijo comenzando a caminar por el lugar, abrazándose a sí misma por el frío que sentía, entonces escuchó unas voces, haciendo que comenzará a correr hasta el lugar de donde provenían. - ¡Daniel! –gritó al ver a su esposo, sonriendo, comenzando a correr hasta él, pero se detuvo, dejando que la sonrisa se borrara de su rostro al ver como abrazaba a su madre, sin dejar de llorar.- Tranquilo, hijo. Yo estoy aquí. –decía sonriendo, comenzando, la madre del joven Wood, sin soltarlo. Siria sintió un dolor desgarrador en su pecho al ver a su amado tan destrozado, llorando. Entonces lo entendió, estaba muerta.- Tienes que seguir por Nathan y Holland, hijo mío. Eso es lo que ella habría querido.- Estoy aquí. –susurró Siria a Daniel, como si pudiese escucharla e intento tocarlo, pero su mano paso de largo, no podía tocarlo ni él podía sentirla o escucharla.Siria sentía como se le partía el alma por no poder decirle que estaría bien, que había bebido la sangre de Stiles antes de acostarse a dormir la noche anterior, que no habían pasado las 24 horas con la sangre de vampiro en su sistema, que eso haría que reviviera convertida en vampiro...entonces todo se volvió
más claro, dejándole entender dónde estaba, que no sólo estaba muerta, estaba en el otro lado. Su transición estaba comenzando.
Stiles le había contado a Siria hace mucho tiempo, cómo se sentía cuando estabas pasando de la muerte a la vida nuevamente, que no ibas a un lugar definido sólo quedabas en el medio de ambos esperando que la vida te regresara y todo cambiara.

• Una promesa antes de volver

- Volveré pronto a ti, lo juro. –le dijo a su esposo antes de sentarse a su lado, intentando agarrar su mano, sin evitar llorar al verlo tan mal.- Lo siento, amor mío.

• Frente a sus mejores amigos

Luego de unas horas, unos pasos se escucharon corriendo hacía Daniel, haciendo que la pareja mirara al mismo tiempo a quienes pertenecían esos pasos, Siria no pudo evitar llorar de nuevo al ver a sus mejores amigos. El dolor
y la preocupación que tenían, se podía notar y sentir.
Abrazaron a Daniel dándole unas palabras de consuelo, de entendimiento por lo que estaba sintiendo, haciendo sonreír a Siria al saber que ellos le darían el
apoyo que necesitaba en este momento, el apoyo que ella no podía mostrarle que le estaba dando.
- Gracias. –les susurro la joven a sus fieles amigos, sonriendo. – Estoy bien, cielo. –le dijo a su amigo al notarlo tan fuerte, metido en la coraza donde se metía para que Cath, su esposa y mejor amiga de Siria, no lo viera mal.- Te
adoro. No te vas a deshacer de mí tan fácil, James. –dijo sonriendo con lágrimas en los ojos, antes de prestar atención a lo que les decía a Daniel a sus acompañantes.
Siria miró a su amiga Cath cuando le dijo a su esposo James y a Daniel que volvía en un momento, antes de alejarse para comenzar a caminar, haciendo que su amiga la siguiera sin pensarlo, sabiendo donde iba. La joven de cabello
rubio estaba yendo al lugar donde Siria no se había atrevido a ir sola, sabiendo que se le rompería el corazón conocer a sus hijos así, necesitaba tenerlos en sus brazos y el no poder hacerlo la mataba, aunque ya estaba muerta.
Sabía que aun sin sentirla, Cath le daba la fuerza que necesitaba para hacer cualquier cosa. Las dos amigas llegaron hasta donde estaban todos los bebés y comenzaron a buscar los nombres de los pequeños Wood entre todos, la nueva madre sonrió al leer ''Holland Wood'' y " Nathan Wood”, pasando la mirada a su amiga luego que los miraba con todo el amor que Siria sabía que sentía por ellos.- No estés mal. –le dijo Siria mirándola- Eres mi mejor amiga, Cath. Mi hermana. No voy a dejarte nunca, no podría dejarte nunca. Estaremos juntas por siempre, ¿recuerdas? Tú debes ayudarme con los pequeños, nos
necesitamos una a la otra para seguir. –sonrió la joven sin poder evitar que las lágrimas cayeran de sus ojos, volviendo a ver a sus pequeños, quienes dormían tranquilamente, tan pequeños e indefensos.
Eran los más hermosos que Siria había visto en su vida.

• Aceptar una pérdida

Las horas pasaron, y Daniel, Cath y James no se movían de la silla en donde lo había dejado la madre del joven Wood para ir a hacer los papeles de la muerte de su amada, quién estaba sentada al lado de su esposo, mirándolo con el
corazón destrozado al verlo ido, en shock, dolido por la pérdida que jamás pensó que llegaría a vivir.
- Deberías ir a casa. –le dijo Siria como si la escuchara. - Yo cuidaré a los pequeños, amor. Y cuando despierte iré a casa a buscarte. –el dolor de saber que no la escuchaba era demasiado, ella necesitaba que supiera que estaría bien, pero era imposible, no sabía cómo hacer que él la escuchara, que la sintiera para que supiera que estaría bien, que pronto estaría a su lado.- Ya está todo. –dijo Esther al volver donde Daniel estaba junto a sus amigos. Los saludó y luego volvió a hablar, haciendo que Siria la mire con atención- Se llevarán su cuerpo en unas horas –dijo sin dejar de mirar a Daniel que no le prestaba atención, que no dejaba de mirar el suelo mientras las lágrimas seguían cayendo por sus mejillas. - Deberías ir a descansar un poco, amor. Yo me quedaré aquí por si me dicen algo de los niños. Seguro se quedarán un
tiempo largo aquí, son muy pequeños aún –Daniel negó con la cabeza ante lo que dijo su madre.
- Me quedaré aquí. –dijo el joven con la voz rota, casi susurrando.- Ve a casa, Daniel. Descansa un poco y luego vuelves. –dijo la mujer
sentándose a su lado.
Daniel volvió a negarse, pero luego de un buen rato, su madre pudo convencerlo de que fuese a descansar un rato a su casa. Siria le agradeció de nuevo a sus amigos cuando ofrecieron ir con él, sabiendo que necesitaría estar
acompañado.
- Nos vemos, amor. –susurró Siria limpiando sus lágrimas, viéndolo alejarse para salir del hospital e ir a casa.

• Esperando el regreso

Las horas parecían pasar con lentitud mientras Siria caminaba de un lado a otro en la puerta donde se suponía que estaba su cuerpo, no sabía dónde más dirigirse.Había estado quién sabe cuánto tiempo, mirando a sus pequeños con amor, intentando poder acariciarlos o llenarlos de besos, y luego de un rato, había decidido acercarse a su cuerpo como si eso hiciera que regresara más rápido, pero nada pasaba.Siria llevo una mano a su cabeza cuando comenzó a sentir un dolor horrible, sentía como sus manos temblaban al igual que sus piernas, se agarró de la pared y antes de que pudiera hacer algo más, todo se puso negro.

✦ EL REGRESO

• El despertar

La castaña no sabía cuánto tiempo había pasado, pero abrió nuevamente los ojos, sentándose de golpe y soltando aire como si hubiera estado conteniéndolo durante horas.Quedó mirando el lugar donde se encontraba un momento, intentando entender todo, y sintió su piel erizarse al darse cuenta de donde estaba. Se encontraba en la morgue.Siria había regresado a la vida, pero como vampiro. Se levantó de la camilla en donde se encontraba y caminó descalza, y desnuda hasta un perchero que había ahí con una bata y se la colocó rápidamente, tenía que encontrar su ropa, e ir por sus hijos, pero descartó ese pensamiento al sentir como su garganta ardía, pidiendo a gritos que calmaran ese fuego que crecía con ganas.

• La sed

Llevó su mano a la garganta y tragó saliva, cómo si eso ayudara, antes de abrir con cuidado la puerta del lugar, mirando a ambos lados antes de correr hacía una de las habitaciones, donde robo algo de ropa y luego se metió a uno de los baños para vestirse, tomándose su tiempo hasta que una mujer entró al baño.- Buenas noches. –saludó la mujer mientras entraba para lavarse las manos, Siria la miró un momento sintiendo como su garganta comenzaba a arder más que antes, la sed que estaba sintiendo la estaba volviendo loca, y antes de que pudiese pensar lo que estaba haciendo, se lanzó al cuello de la mujer, quién no tuvo ni un momento para gritar por la sorpresa, mientras la joven Wood sentía como un sabor metálico pasaba por su garganta para volverse de a poco delicioso y adictivo, antes de dejarla caer al suelo inconsciente. Siria la miró,
rogando que no estuviese muerta y salió corriendo del lugar sin pensarlo dos veces.
¿Qué había hecho? Acababa de morder a alguien y había huido del hospital.Había completado su transformación a vampiro al alimentarse de sangre humana por primera vez, calmando un poco el ardor de su garganta.

• El regreso a casa

Siria se encontraba caminando por las calles a la luz de la luna, agradeciendo que no fuese de día ya que el sol no era amigo de los vampiros, y que no tenía como protegerse de lo que podía hacerle.La castaña soltó un suspiro al estar frente a la casa y caminó a la entrada para abrir la puerta. Se dirigió a la sala y caminó hasta el sofá donde podía ver a su
esposo sentado con las manos en su rostro. La joven miro a su alrededor, y notó que había un jarrón roto en el suelo y algunas otras cosas más.
- ¿Qué te dije de romper los jarrones, Wood? –le dijo a su esposo como si nada,
olvidando por un momento que, para él, ella estaba muerta.
Siria pudo notar cómo se sobresaltaba y se tiraba para atrás en el sofá, mirándola asustado sin decir nada.- Tranquilo, amor. –le dijo Siria al darse cuenta como la miraba, de lo que había causado al regañarlo de esa forma sabiendo lo que pensaba él ahora sobre ella.

• Siria está viva

Daniel se paró de golpe y quedó quieto en su lugar, mirándola con terror. Siria intentó acercarse a él, pero su esposo se alejaba cada vez que ella daba un paso, sin cambiar su rostro de asustado y desorientado.- Tranquilo, Daniel. Soy yo, no voy a hacerte daño. Puedo explicarte todo. -dijo la joven sin acercarse más, dándose cuenta de que él aun estaba asimilando lo que veía.- ¿Siria? –dijo mientras acercaba con cuidado hacía ella, estirando un poco la mano, ella lo miró sin decir nada, sonriendo, dejando que tocara su rostro como si fuese a pasar la mano como a un fantasma.- Soy yo, Daniel. –le dijo sonriendo. Él quedó mirando un momento sin poder creer lo que veía, entonces Siria se acercó con cuidado poniendo una mano en su mejilla y uniendo sus labios con los suyos un momento para luego alejarse
un poco, dejando ver su cara de asombro antes de que la abrazara como si su vida dependiera de ello, haciendo que Siria sonriendo y le devolviera el abrazo
sin dudarlo.
- Oh, Siria. –dijo volviendo a llorar, sin soltarla- ¿Cómo? –dijo alejándose un poco para agarrar el rostro de su amada entre sus manos, mirándola a los ojos que pensó que no volvería a ver.- Es una larga historia. –dijo su esposa mirándolo antes de volver a besarlo con todo el amor que sentía por él.

• La verdad detrás de su regreso

Las horas pasaron mientras ellos se encontraban sentados en el sofá, tomándose de las manos, contándose todo lo que había sucedido.- ...¿Bebiste la sangre que te dio Stiles sin decirme nada? –dijo Daniel por tercera vez luego de que Siria terminara de contarle todo lo que había pasado, haciendo que ella asintiera con la cabeza mientras él la miraba algo enojado- ¿Sabes lo que he pasado, Siria? ¡Pensé que estabas muerta! –dijo algo enojado, mirándola serio.- Lo siento, amor –le dijo mirándolo con tristeza, sabía que no podía hacer más que disculparse por no haberle dicho a tiempo lo que había pasado- No pensé
que pasaría algo así.
Daniel se levantó del sofá y comenzó a caminar de un lado a otro sin decir nada más. Siria conocía demasiado a su esposo, y sabía que estaba enojado por no decirle que había bebido la sangre de vampiro que Stiles le había dejado, la sangre que beberían juntos como habían quedado hace tiempo.- No fue mi intención beber la sangre sin ti, el no decirte y que pasará lo que pasó. No quería preocuparte o que te enojarás por beber la sangre en lugar de ir al hospital, pero me asusté e hice lo primero que me pasó por la cabeza –dijo Siria adelantándose a su queja, él la quedo mirando un momento y luego asintió para volver a sentarse a su lado.- Lo sé –fue lo único que dijo antes de volver a abrazarla.- No sabes cómo me sentí...-susurró sin soltar a su esposa.- Lo sé. –dijo susurrando. Jamás olvidaría como estuvo Daniel por su supuesta muerte, jamás podría perdonarse a ella misma por haberle causado ese dolor a
la persona que más amaba. Suspiró. - ¿Cuándo podré ver a mis pequeños?.
- Se quedarán un tiempo en observación, pero pronto estarán en casa. Son muy pequeños aún. –dijo Daniel mirándola como si fuese a desaparecer en algún
momento, sin soltar la mano de su esposa, la cual agarraba con fuerza.
Siria se moría por ver a sus sapitos y poder llenarlos de besos.Entonces recordó que los médicos se sorprenderían al no ver su cuerpo en el lugar, ya que irían a buscarlo en unas horas. ¿Qué pasaría cuando la morgue vea que su cuerpo ya no estaba?

✦ EL ANILLO

Muchas preguntas pasaban por la mente de Siria antes de que la voz de su esposo hiciera que saliera de sus pensamientos.- Tengo algo que darte...-dijo antes de ponerse de pie y caminar hasta la mesa para traer un sobre de papel, lo abrió y sacó el anillo de matrimonio que Siria
llevaba con orgullo desde su boda, el anillo que le había quitado en la morgue cuando murió. - Esto es tuyo. –dijo sonriendo, agarrando la mano de su esposa para colocarle el anillo como la primera vez, con todo el amor que tenía para ella.
El anillo que sello su amor, el cuál sería acompañado eternamente por el anillo solar que protegía a los vampiros de no morir quemados por el sol, y así poder salir con normalidad a plena luz del día.- Gracias, amor –dijo Siria mirándolo a los ojos, totalmente enamorada y agradecida de volver a estar a su lado- Te amo, y me alegra volver a casa, a ti.- Y yo a ti, amor. No sabes lo aliviado que me siento de tenerte aquí. –dijo Daniel antes de volver a besarla con amor.

• Una nueva vida

Una nueva vida comenzaba y Siria tenía que acostumbrarse a ello, pero sabía que Daniel estaría a su lado en cada momento y que jamás la dejaría sola en esto.Estaba ansiosa por conocer a sus pequeños y nerviosa por cómo les explicaría a todos de que estaba viva, pero por ahora, sólo quería ir a abrazar a sus amores, y poder llenarlos de besos. Sin enterarse de que las cosas comenzaban a cambiar en la vida de todos. Y cuanto cambiaría...

• La nueva sed

- Debes ir a dormir un poco, amor –dijo mi esposo mirándola, sin dejar de abrazarla como si pudiese desaparecer en cualquier momento.- Estoy bien. –le dijo mirándolo con ternura- Ya dormí demasiado, amor. –dijo sin querer que sonara mal pero había perdido mucho tiempo y muchos mimos al estar muerta todo un día entero. Ya era de madrugada y necesitaba a su esposo más que nunca, necesitaba a sus hijos.- Hay que llamar a Cath...- comenzó a decir pero antes que pudiese terminar, su esposo agarró su rostro entre sus manos con delicadeza, y la besó con amor, un beso que poco a poco fue profundizándose, lleno de necesidad y amor, haciendo que Siria sintiera como todas sus emociones estaban más vivas de lo normal. Pero se necesitaban y mucho.- Lamento haberte mordido, no lo resistí. –le dijo Siria sonriendo como niña buena a su esposo entre las sábanas, acariciando su pecho desnudo para luego dejar un beso en sus labios.- Estás más fuerte, amor. Y aún tienes que alimentarte bien o terminarás alimentándote de mí o peor. No me quejo de que me muerdas, pero debes
alimentarte bien antes de que alguien más se acerque a ti. –dijo Daniel mientras la abrazaba, dejando un beso en su cabeza, acariciando suavemente su espalda.
- Lo sé. –susurro Siria- me alimentaré bien luego. -dijo Siria mientras cerraba los ojos, no tenía ganas de dormir, pero quería disfrutar cada momento, cada
sensación nueva que transmitían los brazos de su amado ahora que era vampiro, que sentía todo con doble intensidad.

• La familia de vuelta a casa

Luego de ese día lleno de tristeza y dolor, todo había cambiado. Siria ya no era la misma de antes, era vampiro y todo lo que había conocido, había cambiado completamente, todo era nuevo, pero intentaba controlarlo, aunque se había descontrolado un poco en un momento, siempre al lado de los que la amaban y que le daban ánimos para seguir adelante en su nueva vida. Era feliz después de todo.El mal momento había pasado y sus pequeños estaban sanos y salvos en sus brazos, y eran tan hermosos. Las luces que alumbraban su vida, su oscuridad,
ya están en casa y Daniel y Siria los mimaban todo el tiempo, consintiendo a sus hijos en cada capricho. Los amaban como a nadie y sabían que darían su vida
sin pensarlo por ellos, porque eran su vida, y no vivirían sin ellos, sin sus sapitos.

• El secreto que crece

Siria se había vuelto más protectora, y sabía que pase lo que pase, y cueste lo que cueste, protegería a su familia. Pero sin darse cuenta, un gran secreto
crecía dentro de Siria, un secreto del que ella tendría que proteger a su familia de ella misma, y de lo que llevaba tener ese secreto.

✦ EL DESPERTAR DE LA OSCURIDAD

• Una nueva vida

El tiempo pasó, y la noche se acercaba, Siria se encontraba arreglando unas cosas en la casa antes de alistarse para ir a ver a Cath para pasar la noche, haciendo cosas de chicas, intentando ser un poco normal luego de todo lo que
había pasado. Siria estaba emocionada como cuando era pequeña y hacían estas cosas luego de salir del colegio, en las vacaciones.
- Me llamas cualquier cosa, mi amor. -dijo sonriendo, una vez lista para marcharse, dejando un besito amoroso en los labios de su esposo, quién tenía al pequeño Nathan en brazos. - Los amo. -le susurro sonriendo antes de
alejarse para agarrar su bolso y salir de casa.
La joven caminó hasta su auto, pero se detuvo al darse cuenta de que iba a ser más fácil aparecer allí. Miró a su alrededor para verificar si había algún muggle
cerca, y luego desapareció, cerrando los ojos para volver a abrirlos al sentir que tocaba el suelo nuevamente, y frunció el ceño al darse cuenta de que no
era el lugar donde quería aparecer.
- Siempre hago lo mismo. -dijo seria regañándose a sí misma antes de comenzar a caminar por las calles, como solía hacer siempre que se aparecía en la casa de su amiga, confundiendo la casa con una que era idéntica a la de la rubiaAcomodó su abrigo sintiendo más frío que antes para luego detenerse al sentir que alguien la observaba, miró a su alrededor un momento, pero no vio a nadie, entonces comenzó a caminar más rápido, viendo la casa de Cath a lo
lejos. Pudo ver unas sombras en el suelo detrás de ella y antes de poder hacer algo, un pinchazo en el cuello hizo que se detuviera, llevando la mano al lugar donde había entrado la aguja con lo que pensaba que era verbena, lo único que podía dejar inconsciente a un vampiro de inmediato, haciéndola caer al frío suelo de la calle, inconsciente.

• El secuestro

El olor a humedad y el frío hicieron que poco a poco, Siria comenzara a abrir los ojos, mientras sentía que algo cubría su boca, y su cabeza daba vueltas por la cantidad de verbena que habían puesto en su cuerpo.¿Dónde se encontraba? ¿Cómo sabían que era un vampiro?Siria comenzó gritar, pero sus gritos eran callados por la tela que cubría su boca que también estaba llena de verbena, lastimando su piel. Miró a su alrededor intentando reconocer donde se encontraba pero el lugar no le era para nada familiar, miró sus muñecas las cuales estaban atada, para luego
comenzar a removerse en el asiento un poco, intentando poder aflojar las cuerdas, pero se detuvo al sentir que las cuerdas que la ataban se apretaban con fuerza en las muñecas, sintiendo que quemaba su piel la verbena con las
que estaban empapadas, dañándola.
Tenía que salir de ese lugar, tenía que ver a su esposo e hijos, y saber que ellos estaban bien. ¿Y si los tenían allí? Comenzó a revisar con atención su alrededor, rogando no verlos ni escucharlos en ese lugar, aunque no sabía dónde estaba, sabía que estaba en peligro. El sonido de pasos acercándose a donde se encontraba hizo que se comenzará a remover en su asiento, sin importar que se lastimaran sus muñecas, tenía que salir de ahí rápido.- Despertaste, preciosa. -dijo una voz masculina, con un tono que hacía que su piel se erizara y su estómago se revolviera por el asco. Intentó parecer calmada para que no vea lo asustada que se encontraba, mientras lo miraba
seria, sintiendo sus muñecas y boca sangrar. - Vendrá a verte pronto, así que prepárate porque la pasarás muy bien. -dijo acercándose demasiado a ella, dejándole ver su gran sonrisa burlona, haciendo que Siria comenzará a temblar sin poder detenerlo.
¿Quién vendría? ¿Dónde estaba?Comenzó a balbucear contra la tela para que se la quitara y poder hablar con él, saber que quería o quizás poder negociar algo para salir de aquí, entonces lo vio, la marca tenebrosa de la que su madre le había dicho que escapara
siempre, que jamás se acercará a las personas que la poseían o que estaban en el bando del hombre que se encargaba de marcarlas, que le harían daño...
Estaba perdida.Toda la valentía que Siria estaba fingiendo tener, se desvaneció, comenzando a llorar y removerse en la silla mientras escuchaba la risa del hombre que estaba frente a ella, antes de que se alejara, y la dejará sola nuevamente. La voz de
todo lo que le había dicho antes su madre sobre ellos comenzaba a resonar en su mente.
¿Por qué la habían secuestrado?¿Por qué su madre le había dicho que huyera tanto de ellos, que no dejará que se le acercarán?¿Qué había pasado en la vida de su madre que le había ocultado?

• El rostro detrás de la oscuridad

Siria volvió a abrir los ojos lentamente, sin saber cuándo se había desmayado de nuevo. Miró sus muñecas que seguían atadas, pero ya no tenía la boca cubierta.Observo a su alrededor para ver si encontraba a alguien.- ¿Hola? -dijo con la voz temblorosa. - ¡Ayuda! -gritó volviendo a removerse en la silla, deteniéndose al escuchar cómo se abría la reja, viendo como una sombra entraba en el lugar, dejándola ver a un hombre diferente esta vez, reconociendo esta vez a uno de los hermanos Lestrange.- Les dije que no te quitarán la maldita venda de la boca. -dijo con un tono enojado mientras agarraba algo de un costado, que Siria podría jurar que era la venda, empapándola de verbena de nuevo.- ¡Espera! –dijo Siria mirándolo con miedo, sin preocuparse por fingir seguridad ahora.- Ya no gritaré...-dijo negando con la cabeza, mientras se hacía para atrás cuando se acercaba cada vez más.- Será por poco tiempo, él ya está cerca. -dijo con malicia, mientras le cubría la boca de nuevo, haciendo que Siria comenzara a gritar de dolor por la verbena quemando su piel, mientras se removía más en la silla, sintiendo como sus muñecas comenzaban a sangran de nuevo por cómo se apretaban más y más, viendo cómo se alejaba cerrando la reja detrás de él. Siria tenía que salir de ese lugar, tenía que liberarse, pero ¿cómo? ¿Cómo escapar de los mortífagos?¿Eran ciertos los rumores de que el señor Tenebroso había regresado a la vida? ¿Sería él a quién se referían?Llevaba sin contacto con el mundo mágico por años, pero su amiga Cath estaba al tanto de lo que pasaba allá y se lo comentaba de vez en cuando, y no estaban bien las cosas por los rumores del innombrable.

• Frente al Señor Tenebroso

Las horas pasaron y Siria no dejaba de temblar, sintiendo como poco a poco se volvía loca por no saber cómo salir de ese lugar.La reja volvió a abrirse, pero no levantó la vista, sabiendo que era uno de los mortífagos que venían a burlarse de su desesperación.- Siria Black. -dijo una voz baja que la hizo quedarse helada, como si un balde de agua fría la bañara entera. Sentía como la voz se apoderaba del lugar poco a
poco, haciendo que el miedo creciera. - Te hiciste esperar demasiado. -dijo mientras se acercaba a más a ella. No estaba lista para levantar la mirada aún, sin darse cuenta de que las lágrimas comenzaron a caer sin poder detenerlas. Las ganas de gritar se volvieron más fuertes al sentir como su varita tocaba su
mentón para levantarlo, haciendo que lo mire. - Es hora de que aprendas a no hacer esperar a Lord Voldemort. –dijo estirando las palabras, haciendo que su
piel se erizara por el miedo que sentía.
Siria se encontraba en el suelo, sintiendo como le dolía todo el cuerpo mientras temblaba sin parar. El señor tenebroso la estaba torturando en persona y sin piedad alguna. Los miles de cosas que decían de él, quedaban cortos al tenerlo de frente para vivir todo eso.- ¿Por qué? -dijo Siria casi susurrando, haciéndose bolita en el suelo mientras sentía que no podía ponerse de pie, no tenía fuerza, no se había alimentado y tenía verbena en su cuerpo.Quería saber por qué le estaba haciendo esto, ¿por qué a ella? ¿qué era lo que quería? ¿Por qué la había buscado por tantos años?Él la miró un momento, sin dejar de apuntarla con la varita como esperando a que la joven se atreviera a decirle algo más para seguir torturándola. Siria seguía llorando en el suelo mientras intentaba ponerse de pie de a poco, mostrándole que quería vivir.La miró con una sonrisa burlona en el rostro antes de volver a hablar.- ¿No lo sientes? ¿No sientes el poder llenar tu cuerpo? -dijo con tranquilidad, pero su voz no dejaba de sonar como si estuviese en todas partes. Ella negó con la cabeza sin saber a qué se refería. - Eres un desperdicio.¡Crucio! -dijo nuevamente haciendo que la joven Black se revolcara de dolor nuevamente en el suelo, gritando.

✦ DESPERTANDO EL PODER

Los días pasaban y Siria aún estaba en ese horrible lugar, sentada en un rincón sabiendo que pronto volvería a seguir torturándola. Decía que quería despertar algo en ella, que ella tenía algo que él quería y si no se lo mostraba terminaría muerta en ese horrible lugar.Siria abrazo sus rodillas con fuerza, ya no tenía fuerzas ni para llorar.Su estómago dolía por el hambre que tenía y su cuerpo pedía a gritos dejar de sentir el dolor que causaba la maldición cruciatus. Se tensó y comenzó a gatear hasta un lugar más alejado cuando escuchó la reja del lugar volver a abrirse, viendo entrar al señor tenebroso con Nagini detrás.- Ven aquí. -dijo serio, parecía más molesto que antes y sin dudarlo ni un segundo, ella se puso de pie haciendo un gesto de dolor, y caminó hasta donde estaba él, quién la volvió a apuntar con la varita- ¡Crucio! -gritó volviendo a
tirarla al suelo, gritando de dolor nuevamente.- Estás cansándome, Siria Black. -dijo furioso mientras volvía a hacer la maldición cruciatus.- He esperado pacientemente a que mostraras el poder que tu madre poseía y no supo entregarme, le perdone la vida sabiendo que tendría hijos con su don, pero ya
no más
. -dijo dejando de torturarla, dejándola en el suelo, temblando y llorando.
- Juro que no sé qué tenía mi madre que pueda tener yo, señor. -dijo la chica intentando sonar lo más respetuosa que podía, no quería ganar otra maldición.No podía seguir aguantando, dolía demasiado.Soltó una carcajada que hizo que ella cerrara los ojos con fuerza, sintiendo como resonaba en el lugar donde se encontraba.- Ya veo que no sabes el gran poder que posees. -dijo sonriendo de manera burlona antes de hacerla volar por el aire, haciéndola chocar con la pared para quedar inconsciente nuevamente por lo débil que estaba.Siria caminaba por el lugar, tocando las paredes intentando encontrar un lugar por donde salir, pero no había nada. Hacía unos días se había enterado el por
qué el Señor Tenebroso la quería como uno de ellos, se había enterado el terrible poder que poseía y que si no lo sacaba completamente a la luz, moriría en las manos del Señor tenebroso o en sus propias manos...Solían entregarle muggles o traidores a la sangre para que practicara su poder, y cuando no lograba hacerlo -que era muy seguido- los mataban y luego la torturaban por ser tan inútil. Si Siria aún estaba con vida, era porque había logrado que un
hechizo que le estaba lanzando uno de los mortífagos, se desviara y lo atacara, como si tuviese un propio escudo protegiendo su cuerpo, protegiéndola a ella
.

• El precio de sobrevivir

La reja se abrió nuevamente y uno de los mortífagos le tiro una copa con sangre, haciendo que una gran cantidad caiga en el suelo, alimentándola como si de un animal se tratase, no le daban mucha sangre para que no tuviera
fuerza para poder escapar, pero la poca que le daban siempre era derramada cuando se la tiraban al suelo, aunque Siria sabía que no huiría aunque tuviera fuerzas para hacerlo, que haciendo eso, su familia pagaría las consecuencias y no podía permitirlo.
Siria era vampiro pero sabía que ella no era un monstruo, pero ellos si lo eran.Eran unos monstruos, y ella no quería ser como ellos. Jamás sería una de ellos.

• El despertar del verdadero poder

Luego de días de torturas e intentando que lograra mostrar el poder que decían que poseía, lo había logrado.¡Lo había logrado! ¡Había mostrado todo su poder!La mujer sonreía con alegría mientras veía al hombre que había asesinado en el suelo, frente a ella.Poco a poco comenzó a borrar su sonrisa, dándose cuenta de lo que estaba haciendo.- Eso es. -dijo el Señor tenebroso, mientras caminaba de un lugar a otro con la varita en la mano- Ahora serás una de nosotros y podrás vivir llena de poder, sintiendo el respeto que te tendrán los demás, el miedo...-dijo mientras ella caía arrodillada en el suelo, sin apartar la vista del cadáver que estaba frente a ella.Negó con su cabeza, sin mirar a Voldemort que estaba a su espalda, sabiendo que, si decía lo siguiente, todo lo que había luchado por salir de ese lugar para volver a su casa, sería en vano.- No seré nunca una de ustedes, señor. -dijo levantando la mirada.El Señor Tenebroso movió la mano que llevaba la varita, y la miró con furia, antes de sonreír fingidamente.Siria volvió a mirar al hombre que estaba frente a ella, sintiendo como la rompía más por dentro. Ahora no solo tenía un terrible poder, sino también era una asesina y querían que lo siga siendo.- Morirás. –dijo comenzando a caminar nuevamente a su alrededor, antes de callarse un momento, haciendo que ella lo mirara de nuevo.- tu poder te consumirá por no saber controlarlo ni usarlo. -dijo arrastrando las palabras, sin dejar de sonar tranquilo mientras su voz resonaba más en el lugar. ''...y luego asesinaré a todos los que amas.'' su voz resonó en la mente de la muchacha, mientras las imágenes pasaban por su cabeza. La joven podía ver lo poderoso que sería su poder, que explotaría por el gran poder que no podría llevar, Siria podía ver como su poder la consumía poco a poco. '' …Yo te ayudaría a que eso no pase si te unes a nosotros, si usas tus poderes para nuestra causa…para nuestra lucha. Imagina todo lo que harías si no sabes cómo controlarte''Las imágenes cambiaron, mostrando a toda su familia muerta, mientras lloraba cubierta de sangre. Ella los había asesinado.Negó con la cabeza, cerrando los ojos con fuerza mientras llevaba su mano a su boca, ahogando un grito al ver a su esposo y a sus hijos, muertos, intentando que él salga de su cabeza y detuviera lo que la hacía ver.- No...-dijo susurrando, rompiendo a llorar con fuerza.- Únete a nosotros o ese será tu futuro. -dijo serio antes de marcharse, dejándola destrozada en el suelo sin poder borrar esas imágenes de su cabeza.

• Una decisión por su familia

La noche había llegado, había estado repasando en su mente todo lo que había pasado, todo lo que le había dicho Lord Voldemort.Espero a que vinieran a verla para decir su decisión. Se sentó en un rincón esperando a que abrieran
la reja, y luego de un largo rato, sucedió.
- Díganle que lo haré. -dijo la joven mientras él hombre que estaba dejando su comida en el suelo, la miraba. - Sólo hay una condición...- ¿Les pondrás condiciones al Señor tenebroso? -dijo con furia el hombre que estaba frente a ella.Siria clavó sus ojos en él y activó su don. En cuestión de segundos, el hombre cayó de rodillas, llevándose las manos a la cabeza mientras un dolor insoportable lo invadía. La joven mantuvo la mirada fija en él, concentrándose en la intensidad del sufrimiento que quería provocarle.

✦ EL DON DE SIRIA

El poder que Siria poseía se le considera uno de los peores dones conocidos.Con la Ilusión de dolor, ella es capaz de hacer sentir el dolor más insoportable a cualquiera en la que clave su mirada, activando su don al concentrarse e imaginar lo que quería hacerle sentir. En humanos, puede llegar a matar. El poder al principio agotaba mucho, ya que se usaba demasiada fuerza y concentración, pero el poder venía con un beneficio, su propio escudo.Cuando su don estaba activo, la envolvía y protegía de lo que sea.También podía estirar el escudo para proteger a otra persona, por eso el señor tenebroso la quería a su lado, para tener su propio escudo y hacer lo que quisiera sin preocuparse de nada. Tener un arma poderosa y un escudo para ganar siempre todas sus luchas sin ningún problema.- Sólo tienes que ir a decírselo. -dijo Siria mientras se ponía de pie para ponerse frente a él que seguía arrodillado- Yo me preocuparé si vivo o muero. - dejó de torturarlo para que le preste atención. - Seré una mortífaga, pero me iré de aquí. Volveré para que me siga ayudando y vendré cada vez que me necesiten, pero no estaré aquí. -dijo seria mientras el mortífago se ponía de pie, agitado. - Ahora vete. -dijo con frialdad y autoridad, mientras él caminaba hacia atrás, cerrando la reja para luego subir las escaleras rápidamente.Ella se removió en el suelo, donde solía dormir hace un mes. Sí, un mes en esa terrible tortura diaria, sin poder ver a su familia ni avisarles que estaba viva, que
estaba bien. Soltó un suspiro mientras escuchaba como se abría la reja de nuevo, pensando que sería su momento de morir.
- Te vas. -dijo una voz masculina antes de marcharse, dejando la reja abierta para que pudiese salir. Ella se iría. Aunque tendría que volver, pero se iría.Soltó un suspiro de alivio y se puso de pie para salir de ese horrible lugar.

• Las cicatrices que no se ven

Hace días atrás la habían dejado ir del lugar donde había estado secuestrada.Los moretones se habían ido de su piel gracias a ser vampiro ahora, pero las torturas seguían repitiéndose en su mente mientras dormía, causando pesadillas que nadie podía calmar, noches sin dormir en la que su esposo no
sabía cómo ayudarla.
Se sentía observada todo el tiempo como si estuviesen pendiente de lo que hacía en cada paso que daba, y estaba segura de que los mortífagos tenían mucho que ver en eso.Una madrugada, Siria despertó sobresaltada, sentándose de golpe en la cama por la pesadilla que había pasado por su mente mientras dormía. Una pesadilla horrible donde su control fallaba y la sangre llenaba a las personas que más amaba, dejándolas secas en el suelo mientras su garganta pedía más y más, sin detener la sed que tenía y había calmado segundos atrás.Desde que se había convertido en mortífaga y había averiguado el don que tenía, se le hacía más difícil el poder controlarse, como si por ese horrible don la sed que Siria tenía se hiciera cada vez más grande, pidiendo a gritos que por favor calmara el ardor que tenía en su garganta.

• El monstruo que teme ser

Se levantó de la cama y salió despacio de la habitación, sin hacer mucho ruido, agarrando un poco de ropa en el camino para poder salir de la casa, necesitaba respirar aire fresco, dejar de sentir el hermoso ruido de la sangre de
sus pequeños corriendo por sus venas. Necesitaba salir corriendo de casa y calmar el dolor de su garganta, como había estado haciendo desde que la habían soltado del secuestro.
Se puso un jean negro, con una blusa del mismo color, tacones, unos guantes y una chaqueta de cuero para poder salir y pasar la sangre desapercibida. El color negro cubría las manchas de sangre que podían saltar a su ropa y así podía volver a casa como si nada pasaba.Comenzó a caminar por las calles que aún estaban oscuras, yendo a los lugares donde las discotecas hacían que las calles se llenaran de vida a esa hora, escuchando risas, gritos de diversión y el olor a mucho alcohol. Las victimas perfectas para calmar la sed que Siria tenía y cómo no sabía obligar a la gente hacer lo que quería, se ocupaba de que no recordarán nada o que tuvieran un fuerte dolor en la cabeza para pensar que estuvieran muy ebrios para imaginar algo así, claro, que eso pasaba cuando los dejaba con vida.- ¡No, sólo déjame tranquila! -dijo una chica bastante ebria, llorando mientras empujaba a un chico que estaba igual que ella o quizás un poco más, era lo que su olor podía dejar notar.- Púdrete. -le dijo el chico arrastrando las palabras, mientras se alejaba de ella, caminando mientras se tambaleaba de un lado a otro sin poder seguir una línea
recta, la joven Black rio por dentro al verlo caer al suelo por unas cajas que estaban cerca del callejón por el que estaba pasando, y maldecía cuando no se podía poner de pie. Llevó su mirada a la chica que se iba alejando de a poco y mirando a su alrededor, Siria caminó hacía el chico.
- ¿Estás bien? -le dijo Siria mientras sentía como su garganta se hacía agua al notar que tenía una pequeña herida en el brazo que se hizo al caer.- ¿Qué rayos te importa? -dijo el imbécil haciendo que la chica levantará una ceja y por su mente pasara una y mil maneras de arrancarle el cuello, luego de dejarlo seco por completo tirado en ese callejón sin salida.- No creo que nadie te eche de menos. -dijo Siria antes de agarrarlo por el cuello de la camiseta y levantarlo, sonriendo al ver la cara de sorpresa del chico al ver que lo había levantado como una pluma.- Aprenderás a tratar a una dama y quizás en tu otra vida, puedas usarlo. -dijo sonriendo con algo de malicia antes de tirando al callejón, haciendo que se metiera más y chocara con la pared, haciendo mucho ruido al caer mientras Siria se acercaba a él,
escuchando su respiración y los tacones de ella chocar contra el suelo.
- ¿Qué diablos eres tú? -dijo el chico totalmente asustado sin dejar de mirarla mientras se intentaba alejarse más, pegándose bien en la pared antes de levantarlo de nuevo por el cuello de su camiseta y mostrarle como cambiaba su rostro, formándose las venas al sentir cada vez el olor de su sangre más y más cerca.- Eso no importa. -dijo Black antes de soltarlo y llevar una mano a su boca para callar sus gritos mientras sus colmillos iban a su cuello, clavándolos con fuerza para comenzar a alimentarse de él, sintiendo el calor de su sangre inundar su boca para luego ir pasando poco a poco por su garganta, sin detenerse mientras él gritaba contra su mano y se removía contra la pared donde Siria lo tenía arrinconado.La hermosa sensación de poder, de fuerza y placer por la sangre calmando el fuego de su garganta, la hacía sentir genial, más relajada.Volvía a sentirse fuerte pero también sentía que se perdía, que perdía el control que tanto amaba, pero no podía detenerse, no podía perder la fuerza y el control al mismo tiempo, tenía que conservar una de las dos cosas y Siria sentía que no conseguía llamar de nuevo a su control, lo estaba perdiendo y la aterraba el perderlo y hacer que su sueño se haga realidad.Siria salió de sus pensamientos mientras soltaba de a poco la boca del chico sin alejarse de su cuello aún, sintiendo como poco a poco dejaba la fuerza, comenzando a desvanecerse de a poco hasta caer en el suelo sin vida. La joven Black se quedó observando al muchacho un momento, hasta que lo que
más odiaba, apareció; la culpa.
Corrió a su casa y entro a ella al llegar, se dirigió al baño sin hacer ruido y comenzó a quitarse la ropa mientras las lágrimas caían por su rostro. Siria sentía que no se encontraba a ella misma, el don y su sed estaban alejando a
la Siria que ella era y trayendo a una Siria cruel, no le gustaba eso, aunque una parte muy dentro de ella disfrutaba el sentir la sangre correr por su garganta, aunque jamás lo admitiera en voz alta.

• El control sobre la sed

Desde ese día donde Siria había perdido el control más de la cuenta, decidió que no se alimentaría más de sangre directa de la vena, y agradeciendo que su mejor amiga era doctora, le pidió que la ayudará con bolsas de sangre para poder alimentarse sin lastimar a nadie, y con todo el amor, Cath llevó muchas bolsas de sangre para Siria, haciendo que poco a poco, ella volviera a sentir que tenía el control de su sed y su nuevo poder que aún estaba aprendiendo a usar.

• Una mortífaga por obligación

Al día siguiente, el señor tenebroso había llamado a todos para una reunión a la que no podía faltar, ahora era una mortifaga y tenía que ir a esas reuniones, y aprender más sobre su don.- Tengo que hacerlo, cariño. -le dijo a su esposo mientras terminaba de cambiar el pañal de Nathan, su hijo.- No quiero que vuelvan a lastimarte, Siria. -dijo su esposo.Soltó un suspiro habían tenido esta conversación tantas veces desde que la habían dejado ir, que ya no tenía ganas de seguir hablando sobre eso. Le dolía recordar la cara de preocupación, dolor y tristeza que había visto en Daniel cuando volvió a casa luego de un mes de haber estado desaparecía, recordaba como le preguntaba una y mil veces donde había estado, que le había pasado.Siria le contó todo, cada detalle mientras lloraba en sus brazos, confesándole el gran poder que tenía y que era lo que iba a hacer para proteger a su familia.- Tú ve al trabajo y cuando vuelvas yo estaré en casa. -le dice acercándose con Nathan en brazos para dejar un beso en sus labios. - Todo estará bien, ¿recuerdas? -le dijo mirándolo a los ojos para mostrarle que hablaba en serio,
él soltó un suspiro antes de darse la vuelta para agarrar sus cosas e irse a trabajar, ella sabía que estaba enojado de tener que dejarla volver al lugar donde la habían lastimado tanto, dejando esas cicatrices de las que jamás
podría liberarse. - Tú sabes que volveré, ¿verdad, amor? -le dijo sonriendo a su pequeño mientras comienza a caminar hasta la habitación donde lo recostaría para esperar a la niñera que vendría a verlos hasta que regresara.
Siria solo rogaba regresar, y que no tuviera que quedarse más de la cuenta o tendría muchos problemas al llegar a casa de nuevo. Ella tenía miedo perder a
su esposo, pero tenía miedo también perderse a sí misma otra vez, y ese terrible poder que tenía ya había causado demasiado problemas, y ella no iba a
dejar que algo malo le pase a su familia por saber controlarlo bien.
Tendría que acostumbrarse a su nueva vida.

• Su primera misión

Luego de varias horas, se encontraba sentada en la gran mesa de la mansión Malfoy donde esperaban con mucha tensión al que el Señor tenebroso se presentara en el lugar, y les dijera para que se habían reunido todos.- Oye, hermosa, bienvenida a tu nueva vida. -dijo Lestrange con una sonrisa burlona, Siria lo miró con algo de odio y volvió a mirar la puerta donde se suponía que entraría él.Se acomodaron bien en sus asientos, y sin saber que hacer, bajó la mirada al ver que el Señor tenebroso entraba en el lugar mientras escondía sus manos entre sus piernas al no saber tampoco que hacer con ellas.Aunque ella había estado varias veces frente a Lord Voldemort, no era para nada parecido a lo que
sería ahora, eso esperaba. Siria sabía que no aguantaría más otra tortura de su parte.
Levantó la mirada cuando el Lord le dirigió la palabra.- ...así probará de qué lado está, señorita Black. -dijo Voldemort haciendo que su voz resonara por el lugar, alargando las palabras como si de una serpiente se tratase.Ella asintió con la cabeza, sentía la mirada de Lestrange clavada sobre su persona.Sabía que estaba disfrutando todo lo que estaba pasando.Torturar muggles, ¿cómo iba a hacerlo? ¿por qué tenía que hacerlo? Pero Siria creía que esa era su pequeña prueba, torturar a las personas que eran como su esposo; muggles.Luego de dar unas ordenes más, que la hacía dudar de que no era lo único que harían, el Señor tenebroso y Nagini, la serpiente, se fueron de la habitación, dejando que todos los mortífagos asignados para la misión comenzaron a murmuran contentos de los que tenían que hacer para la misión que les había dado, pero ella no dejaba de pensar en que no volvería temprano a casa. Al volver a la mansión Malfoy luego de la misión, el Lord se había enojado demasiado por no haber llevado nada que los ayudara a encontrar a lo que él necesita, algo que no le habían dicho a Siria, quizá porque aún no confiaban en ella, y torturó a algunos de lo que habían ido a su lado. La parte de Siria en la misión era usar su poder con algunos muggle mientras ellos se encargaban de otra cosa. Habían perdido demasiado tiempo en ese lugar, mientras Siria se sentía cada vez más agotada por haber usado tanto su poder, sintiendo que aún le faltaba aprender más sobre eso, para poder usarlo sin perder la conciencia en el camino.Cuando llegó el momento de que el hombre se pusiera delante de Siria, luego de terminar de torturar a uno de sus compañeros, él detuvo su varita cerca del cuello de ella, mirándola a los ojos aún con la furia que lo recorría por la misión sin éxito alguno.- Tú cumpliste tu misión. -dijo mirándola, alargando las palabras con una sonrisa que la hacía helar el cuerpo, que le podría causar miles de noches de pesadillas.Siria se marchó luego de un momento y miró a su alrededor sin saber bien que hacer, pero al ver que no había dado otra orden, salió de la mansión ansiosa por volver a casa de nuevo, esperando con temor a las nuevas órdenes de Lord Voldemort. Porque ahora, ella era uno de ellos.

✦ LA SIRENITA

• El sueño de una niña

[FLASHBACK]''...sᴇ ᴅᴇsᴄʀɪʙᴇ ᴀ ʟᴀs sɪʀᴇɴᴀs ᴄᴏᴍᴏ ᴄʀɪᴀᴛᴜʀᴀs ʙᴇʟʟᴀs ᴘᴇʀᴏ ᴘᴇʟɪɢʀᴏsᴀs. ᴇɴ ʟᴀ ᴍɪᴛᴏʟᴏɢíᴀ ɢʀɪᴇɢᴀ, ʟᴀs sɪʀᴇɴᴀs ᴇʀᴀɴ ᴄᴏɴᴏᴄɪᴅᴀs ᴘᴏʀ sᴇᴅᴜᴄɪʀ ᴀ ʟᴏs ᴍᴀʀɪɴᴇʀᴏs ᴄᴏɴ sᴜs ᴅᴜʟᴄᴇs ᴠᴏᴄᴇs, ʏ ᴀʟ ᴀᴄᴛᴜᴀʀ ᴀsí, ʟᴏs ᴀʀʀᴀsᴛʀᴀʙᴀɴ ʜᴀᴄɪᴀ ʟᴀ ᴍᴜᴇʀᴛᴇ.''Siria leía una y otra vez cada información que tenía sobre las criaturas que habían llamado su atención desde el primer día que había escuchado de ellas, hablaba de ellas todo el día y noche. Tenía miles de libros muggle y mágicos que hablaban sobre ellas.Su madre estaba tan acostumbrada a ello que solía llamarla ''Sirenita'' haciendo que Siria se emocionará con el apodo que le ponía su madre, y cantará por toda la casa mientras bailaba.- Cariño, debes terminar de vestirte para tu clase de ballet. —dijo su madre en búlgaro como siempre hablaban en la casa, ya que era su idioma natal.- He encontrado un nuevo libro sobre sirenas, madre. —dijo una pequeña Siria de diez años, mientras dejaba el libro a un lado para comenzar a vestirse con ayuda de su madre, ya que la profesora de danza llegaría en un momento y estaban atrasadas.- ¿Y qué más descubriste, cariño? —dijo Amethyst con todo el amor y la paciencia que tenía para su pequeña.La niña suelta un suspiro y se encoje un poco de hombros mientras se sienta en la cama para ponerse los zapatitos de ballet.- Lo que ya sabía. —dijo mirando a su madre—. Que usaban su voz para llamar a los marineros, los seducían hasta llevarlos a la muerte. Lo leí en un libro muggle. —dijo Siria antes de quedarse callada, pensando.Amethyst sabía que cuando su hija se mantenía callada, era porque alguna locura pasaba por su cabeza. Locura que ella siempre recibía con una sonrisa y llena de amor al ver la imaginación que podía llegar a tener su niña.- ¿Yo podría ser una sirena? —soltó de golpe la niña luego de un momento—. Me gusta cantar, madre, y nadar. Aguanto la respiración mucho tiempo bajo del agua —dijo Siria con una voz infantil y muy tierna que mataba a todos de ternura, haciendo que su madre sonría divertida.- Quizás en otra vida, cariño. —dijo Amethyst antes de bajar a la niña de cama para terminar de peinarla, ya que a su profesora le gustaba verla bien peinada a la hora de dar clases—. Siempre podrás ser lo que quieras ser, mi pequeña sirenita. Y yo siempre estaré a tu lado para apoyarte.Siria sonrió feliz a lo que dice su madre, y le da un abrazo, para luego salir corriendo hasta el estudio que tenían para las clases que le daban.Aunque era pequeña, ella tenía pensamientos de chica grande cuando quería, soñando el grande también. Era muy inteligente. y tenía una imaginación pura y maravillosa. Siria le prometía diario a su madre que iban a tener una escuela de baile cuando sea grande y que su madre la ayudaría a enseñar, ya que ella también amaba bailar. Y Siria amaba bailar porque amaba a su madre, amaba verla sonreír con orgullo cuando su profesora le enseñaba cosas nuevas, que Siria entendía rápidamente y las hacía a la perfección.Tenía un talento hermoso que su madre había visto crecer poco a poco, año tras año, pero por cosas de la vida, Amethyst no pudo cumplir la promesa que había realizado con su hija, ya que falleció años después. Pero aun así, Siria no se rendía en querer ver el orgullo en su madre, sabiendo que algún día volvería a verla sonreír con orgullo por lo que su sirenita había logrado en su vida.[ FIN DEL FLASHBACK ]''Uɴ sᴜᴇñᴏ ɴᴏ sᴇ ʜᴀᴄᴇ ʀᴇᴀʟɪᴅᴀᴅ ᴍáɢɪᴄᴀᴍᴇɴᴛᴇ: sᴇ ɴᴇᴄᴇsɪᴛᴀ sᴜᴅᴀʀ, ᴅᴇᴛᴇʀᴍɪɴᴀᴄɪóɴ ʏ ᴛʀᴀʙᴀᴊᴏ ᴅᴜʀᴏ.''- No, no me gusta ese logo. —dijo Siria negando con la cabeza mientras le mostraban los logos que tenían para la escuela de baile que estaba levantando.Siria ya no era una niña enamorada de las sirenas, le seguían gustando por los hermosos recuerdos que venían con ellas, aunque su fanatismo por las sirenas ya no era como cuando era una niña de diez años, pero aun quería ver esa sonrisa de orgullo en el rostro de su madre, y día tras día se esforzaba para cumplir la promesa que no iba a romper por nada en el mundo.- Ese es perfecto. —dijo sonriendo por fin luego de más de una hora sentada buscando en logo perfecto—. Quiero ese. Quiero que lo pongan también en la página web de la escuela, que todo este perfecto. Confío en ti, Jessica. —le dijo Siria a su ayudante mientras agarraba los papeles de todos los profesores que estaban en la lista para ser llamados y entrevistados para poder dar clases.- ¿Puedo hacerte una pregunta, Siria? —dijo Jessica, con quién tenía más confianza al trabajar.
Siria asiento con la cabeza, esperando a que hablara para poder irse a hacer algunas cosas más antes de regresar a casa con sus hijos.
- ¿Por qué Sirenitte? —dijo la joven, haciendo la pregunta que quizás muchos había pensado, pero no se habían animado a preguntar ante lo sería que era Siria a la hora de trabajar.- Significa Las sirenas. —dijo Siria, mirando a la joven que estaba frente a ella—. Cuando era chica amaba a las sirenas y por una extraña o hermosa razón, mi madre me apoyaba con todo lo que tenía que ver con ella, hasta con mis locas ideas de que yo era una sirena —dijo la joven Black con una leve risita—. Yo soñaba con encontrar a una sirena y poder decirles a todos que había conocido a una. Un día le dije a mi madre eso, y me dije que ella había conocido una con una voz hermosa... —dijo Siria mientras se perdía en sus recuerdos—. Yo le pregunté como era y ella me la describió... Yo era esa sirena que mi madre describía, yo era su sirena de hermosa voz. El nombre es por ella, en nuestro idioma. La escuela es por ella, era nuestro sueño y yo prometí cumplirlo. —dijo Siria con una sonrisa, volviendo a salir de sus pensamientos para mirar a Jessica—. Así que, a trabajar, hermosa. —dijo sonriendo antes de salir de la habitación, con hermosos recuerdos en su mente, y una sonrisa enorme que había provocado esa pregunta.Jessica se quedó mirando a su jefa un momento, viendo cómo se alejaba, con una sonrisa en el rostro al saber lo que significaba para Siria el nombre Sirenitte, nombre que le había dado a su escuela de danza.Luego de unos meses, la escuela ya estaba lista para ser abierta. El logo era hermoso y Siria no podía dejar de mirar todo el lugar con emoción.''Sιrenιттe'ѕ dance and вalleт нoυѕe'’Resaltaba el logo en el edificio y al entrar en la recepción, donde Jessica estaba con una sonrisa de orgullo hacía Siria, sabiendo lo emocionada que se encontraba ahora la nueva directora.- Lo logré, madre. —dijo llevando una mano a su pecho mientras miraba todo con lágrimas en los ojos, viendo como su familia miraba también el lugar, orgullosos de lo que había logrado—. Lo logramos... —susurró Siria, sonriéndole a Daniel que la miraba desde la otra punta del lugar, sabiendo que la había escuchado.- Directora Black. —dijo la voz de Jessica detrás de Siria, haciendo que ella se voltee con una sonrisa—. Sus horarios están listos y los profesores están ansiosos de empezar a dar sus clases. —dijo con una sonrisa antes de acercarse a Siria a darle un abrazo—. Felicidades, Siria. —dijo antes de separarse.Siria había realizado una linda amistad con ella mientras se organizaba todo para que este sueño se cumpla, había sido un enorme placer trabajar con ella, tanto que la contrato también para trabajar en la escuela como recepcionista del lugar.- Muchas gracias por todo, cielo. —dijo Siria sonriendo antes de volver a mirar el lugar, soltando un suspiro—. Iré a bailar un poco para probar los salones —dijo la directora del lugar, mientras se alejaba con una sonrisa en el rostro, llamando a su familia, lista para ir a calentar un poco y así disfrutar de su sueño cumplido, un hermoso sueño por el que había luchado desde hace años por hacerlo realidad, esperando que su madre, donde sea que estuviese, estuviera orgullosa de su sirena.

✦ UNA NUEVA VIDA EN FAMILIA

El llanto de la pequeña de la familia Wood comenzó a escucharse a temprana hora de la mañana, haciendo que su madre se levante para darle el biberón y luego volver a recostarla cuando se vuelve a dormir.La rutina comienza yendo a la cuna de Nathan, que siempre se levantaba luego que su hermana, para darle un pequeño besito en su frente y hacerle upa para luego ir a darle su desayuno mientras preparaba el de su esposo también. Todo iba normalmente en la casa de la hermosa familia.Todo había sido raro para explicar cómo Siria seguía con vida luego de lo que había pasado hace tiempo atrás, pero al ser bruja, un poco de su magia ayudo a que ella pudiese ordenar su vida más rápido estos meses, y el poder que poseía, se había hecho más fácil de llevar, de controlar. Su vida había mejorado en muchas cosas, cambiando su carácter y su estilo de vida completamente, para bien y para mal.Solía desaparecer seguido para hacer cosas que mandaba el Señor tenebroso, pero Daniel fingía estar acostumbrado a eso y no preguntaba del tema al saber que su esposa no le diría lo que la obligaban a hacer, Siria también poseía la marca tenebrosa en su brazo izquierdo, ya que era muy importante en las líneas de los mortífagos y la causa que Voldermort quería ganar.El poder de Siria era usado siempre para lo que el Lord quería, y así, se había ganado la marca tenebrosa que tanto odiaba llevar, y tanto dolor le había causado cuando la marcaron.

• James y su nueva vida

Pero luego de todo eso, Siria hubiese deseado también que la vida de su mejor amigo estuviese un poco ordenada como la suya, ya que luego de que ella volviera a la vida, su mejor amigo perdió la suya para revivir como ella, siendo un vampiro.James, su mejor amigo, siendo vampiro no poseía el control que ella intentaba llevar con la sangre, y Siria no sabía cómo ayudar a su amigo, por eso iba seguido a su casa para ver cómo estaba el chico, a veces iba temprano y otras veces luego de salir de la escuela de danza.Quería apoyar a James como ellos la habían apoyado a ella en el momento que se volvió vampiro.- Voy a la casa de James, así que vendré tarde, amor. —dijo Siria mientras desayunaba junto a su esposo e hijos en la mesa—. Me llevaré a Holland a San Mungo a que Cath le haga la revisión, se la dejaré a ella porque quiere pasar el día con la pequeña y luego iré a verlo. —le dijo a su esposo, quién asiente con la cabeza mientras le daba una galletita a Nathan, que en unos días también tendría que llevarlo a que su madrina Cath, quién también era su doctora, lo revisará para los controles normales que solían tener.- De acuerdo, pero siempre ten el móvil encendido, amor. —la mujer asintió con la cabeza, sonriendo ante las palabras de su esposo sabiendo lo mucho que los cuidaba, y luego de un rato desayunando junto a sus pequeños.Siria se fue de su casa luego de unas horas, llevando en el cochecito a su pequeña para ir a ver a su mejor amiga, la tarde prometía ser tranquila, pero lo que Siria no sabía es que una persona que cambiaría aún más toda su vida, y acaba de llegar a Londres, buscándola con mucha curiosidad.

✦ LA DOPPELGANGER

''Loѕ doppelgängerѕ, taмвιén conocιdoѕ coмo ѕoмвra мía o doвleѕ мorтaleѕ, ѕon υna ocυrrencιa ѕoвrenatυral creada por la natυraℓeza coмo reѕυltado de doѕ aмanteѕ convertιdoѕ en verdaderoѕ ιnмortaleѕ υna вrυja poderoѕa. Al вeвer el elιхιr de la ιnмortalιdad, vιolaron la ley natυral de qυe todo lo vιvo deвe мorιr. La natυraℓeza вυѕcó el вalance creando doвleѕ мortaleѕ.''

Katherine Pierce había llegado a Londres para buscar información luego de mucho tiempo, sobre su hija Nadia o Nefertari, como la habían nombrado sus padres adoptivos, y algo más que le había dicho su hija antes de morir, era que tenía una nieta a la que había dado en adopción.Busco a la niña que había tenido su hija pero la joven años después de haberla encontrado, había fallecido por una enfermedad, dejando a una hija sola en el mundo, entonces, Katherine quiso buscarla para saber más de ella, pero ¿por dónde empezar en un lugar tan grande?- Siria. —se escuchó detrás de ella, la joven se detuvo al notar que era el nombre la chica a la que ella estaba buscando, miró a su alrededor para ver si había alguna otra persona más, pero estaba sola en esa parte de la calle donde detrás suyo, alguien tocaba su hombro—. ¿Siria, estás bien? —preguntó una voz masculina, haciendo que ella se gire, quedando en silencio un momento, cautivada por la belleza del hombre que tenía frente a ella.Sonríe un poco de manera coqueta sin dejar de mirarlo.- ¿Siria? ¿Tengo que llevarte a San Mungo? —dijo riendo leve el chico mientras acercaba una mano a su mejilla y la acaricia suavemente, haciendo que ella lo mire a los ojos-. Estás rara... —susurró, haciendo que la chica aclaré su garganta antes de notar lo que estaba pasando.- Tuve un día largo. —dijo Katherine, regalándole una sonrisa al chico—. Mi mente necesita un descanso y un trago, ¿Me llevas a beber una copa?- Creo que será mejor que te lleve a tu casa, se te nota rara y si llega a pasarte algo, tu esposo me mata, aunque seas vampiro —dijo el chico soltando una leve risita.¿Siria era un vampiro?Katherine se sorprendió al escuchar que la chica era igual que ella en eso.La chica se quedó pensando toda la información que le daba el chico, la información que necesitaba de la chica a la que buscaba y estaba segura que él podía llevarla.- ¿Me llevarás a casa entonces? Estoy tan perdida que no recuerdo ni tu nombre —dijo fingiendo una risa boba para que pensara que estaba bromeando.- Oh, vamos. No creo que sea posible que te olvides de mí, soy Frank, tu mellizo favorito. —le guiño un ojo a Katherine, regalándole una sonrisa.Ahora la doppelganger sabía el nombre del chico y podía seguir mejor el juego donde el chico se había metido sin saberlo.- Nunca me olvidaría de ti, Frank. Era una broma. —dijo la chica sonriendo antes de comenzar a caminar.- De verdad estás perdida, eh. —rio el chico—. Tu casa queda hacía el otro lado, Siria.La chica rio y soltó un suspiro antes de seguirlo.El camino a la casa de Siria había sido tranquilo y entretenido gracias a la compañía que tenía la chica, un chico que le estaba llamando mucho la atención, y sin saberlo, la estaba ayudando a buscar lo que quería.- Tengo que irme, Siria. —dijo mientras se detenían en la entrada de una casa, que se suponía que era la de su réplica.- Gracias por traerme a casa, Frank. —dijo Katherine sonriendo.- ¿Nos vemos luego? —el chico la miró un momento como si encontrara algo raro en ella, aunque era totalmente rara, estaba haciéndose pasar por otra persona sin saber bien como era.- Claro. —sonrió al final antes de dejar un beso en su mejilla y marcharse, dejando una sonrisa en la chica, quién levantó una ceja para examinar al chico mientras se alejaba, antes de ir hasta la casa y tocar la puerta para que le abrieran.- ¿Otra vez olvidaste la llave, amor? Pasa. —abrió la puerta un hombre que podía definirse como totalmente sexi, sonriendo mientras se arreglaba la camisa.Ella miró el lugar unos segundos y luego dio un paso al frente para entrar a la hermosa casa.- ¿Te cambiaste de ropa? —preguntó frunciendo el ceño mientras se acercaba a la chica que fingía ser su esposa para entregándole una corbata, la cual agarró y comenzó a ponérsela como si siempre lo hiciera—. ¿Luego vas a buscar a Holland o la trae Cath? ¿Cómo está James? Debe ser difícil para él luego de todo este tiempo, aun no saber controlarse. —dijo antes de alejarse luego de que estuviese bien puesta su corbata—. Estás rara, Siria. —dijo cuando su ''esposa'' no contestaba nada de lo que él le decía, observándola unos segundos—. Es mejor que vayas a alimentarte antes de que vayas a ver a Nathan. Me alegra que llegarás rápido, no sabía que iban a necesitarme hoy en el trabajo, lo recompensaré luego. —dijo el hombre antes de dejar un beso en la frente de su ''esposa'' sin entender bien que le pasaba, mientras en la mente de ella no dejaba de pasar miles de cosas que había dicho el hombre.¿Quién era Frank para Siria?¿Cómo se llamaba su esposo?¿Tenía dos hijos?¿Quién era Cath?Sin duda, Siria tenía la vida que Katherine había deseado todo ese tiempo.Todas las preguntas pasaban por su mente mientras Daniel Wood agarraba sus cosas para irse a trabajar y salía de la casa, luego un llanto se escuchó en la parte de arriba, y sin poder evitarlo, como la madre que había soñado ser, Katherine fue a velocidad vampiro hasta la habitación de donde provenía el ruido, sonriendo al ver lo hermoso que era el pequeño que estaba en su cuna, sentadito.- Hola, guapo. —dijo mientras lo cargaba, comenzando a mecerlo un buen rato hasta que volvió a quedarse dormido en sus brazos.Luego de una hora, la puerta se escuchó y unos tacones luego, Katherine recostó con cuidado al pequeño y de la misma forma como subió a la habitación, fue a la sala donde se quedó helada ante lo que veía.Su copia exacta.- ¿Daniel? —dijo Siria al escuchar un ruido—. Llegué lo más rápido que pude, amor. —decía, quién Katherine pensaba que era Siria mientras caminaba por la casa, quitándose la chaqueta que llevaba puesta para dejarla a un lado, antes de que se girará rápidamente, activando su don listo para usarlo, al notar a alguien detrás de ella, quedando igual que Katherine de sorprendida al ver a alguien igual a ella parada frente a su persona.- ¿Quién eres tú? —susurro Siria sin bajar la guardia.- Soy Katherine. —dijo la doppelganger mientras miraba a su réplica, casi sin poder creer lo que tenía frente a ella—. Creo que tenemos que hablar muchas cosas, querida doble. —le regaló una pequeña sonrisa que no llegaba a sus ojos, notando que un pequeño fuego crecía en su interior, un fuego que podría ser peligroso para cualquiera; envidia.- ¿Pe-pero cómo? —preguntó Siria haciendo que Katherine rodara los ojos una vez más.Le había contado todo lo que había pasado, lo que se había enterado sobre la sangre que ellas llevaban y lo que pasaba cuando se transformaban en vampiro, pero la chica había quedado en shock y preguntaba lo mismo muchas veces, intentando convencer a su mente de lo que la chica extraña que se parecía demasiado a ella le estaba contado con tanta tranquilidad.- Somos idénticas, tanto que asusta, y dices que al volverme vampiro acabo de crear a otra de nosotras. ¿Inmortal por mortal? Wow. —dijo Siria volviendo a sentarse en el sofá, mientras su mente daba miles de vueltas a todo lo que le había dicho su réplica—. ¿Tú serías mi...?- Ni lo digas. —susurró sin dejar de mirar a la chica que parecía tan dulce, pero si algo sabía Katherine, era que no todo era lo que parecía y que tarde o temprano, todos mostraban ese lado malo—. No eres tan diferente a mí, Siria. —dijo Pierce, levantando una ceja—. Somos iguales por dentro y por fuera sólo que aún no lo ves, pero pronto la oscuridad te será inevitable. La disfrutarás tanto como la disfruto yo, y no querrás soltarla nunca más. Te aferras tanto a la luz para ocultarlo, pero pronto tendrás que soltarla para mostrar quién eres verdaderamente, Siria. La vida es dura y cruel, no puedes evitar ser lo que te hacen ser. —le dijo Katherine, antes de ponerse de pie, soltando un suspiro—. Esto es raro y estoy agotada, así que me largo. —dijo la réplica mayor, con algo de burla y locura en su voz, antes de ponerse a caminar hacia la salida—. Por cierto, bonita familia. Hasta pronto, Siria. —susurró con algo de envidia, sabiendo que la vampiro la escucharía igual, dejándola con mil cosas que pensar.Pero lo que no sabía Katherine, era que ese pequeño fuego que había crecido dentro de ella, comenzaría a quemarla por dentro, hasta querer todo lo que su réplica tenía y ella no podía tener, un fuego que iba creciendo cada vez más y que iba a matarla por completo cuando viera la vida de la réplica que nacería por culpa de la inmortalidad de Siria Black.Ahora era libre, y buscaría la vida que ella merecía.¿Pero en donde comenzaría a buscar Katherine su felicidad?¿Tendría algún día lo que su réplica tenía?¿O volvería a buscar lo que había dejado en su pasado?

• La oscuridad de Siria

Y en otro lado, Siria también tenía miles de preguntas en su cabeza, ¿qué haría con ese lado oscuro que tanto temía aceptar que estaba consumiéndola?Sabía que lo había sentido muchas veces ese lado oscuro intentando salir cuando usaba su poder, pero no podía hacerlo. No podía perder el control de nuevo como lo había perdido cuando se volvió vampiro e intentaba aprender a alimentarse con tranquilidad, había tenido miedo en ese momento, miedo de perder la confianza que sus seres queridos le tenían, pero pudo pasar esa etapa y sabía que iba a superar todo, sé tenía confianza a ella misma, no dejaría que la oscuridad la consumiera.

✦ EL DESPERTAR DE LA MAGIA

• Holland hace magia

No volvió a saber más sobre Katherine Pierce, en parte, estaba aliviada por eso.Quería que su vida sea lo más normal que se pueda, aunque sabía que no tenía nada de normal, pero los sapitos estaban creciendo y Daniel y Siria querían darles la vida más tranquila y llena de amor que podrían tener.Así que un día, decidieron alejarse de todo e irse de vacaciones a Aspen, Colorado, donde estaban pasando las vacaciones en familia antes del cumpleaños de los sapitos. Cath y James habían ido con ellos para disfrutar antes del gran día que pasarían los mellizos en Disneyland.Se encontraban con Cath haciendo la cena, donde Holland estaba sentada en su sillita acompañándolas con sus risitas y balbuceos donde de vez en cuando le decía mamá. Daniel con Nathan y James estaban en el comedor mirando televisión y charlando.- ¿Terminas esto, Cath, mientras le doy algo de jugo a Holland? —dijo Siria alejándose de la comida para agarrar a la niña sin darse cuenta al principio que la luz comenzaba a titilar cuando la pequeña comenzó a llorar.Siria le entregó su biberón de jugo y se sobresaltó cuando el foco de luz explotó...- Siria —dijo Cath haciendo que lleve su mirada a ella mientras Holland estiraba la mano y lloraba—. Creo que quiere eso.- Ay, mi amor —dijo Siria sin poder evitar sonreír, comenzando a llenar de besos a la pequeña mientras Cath le estiraba una galletita que ella agarraba contenta—. Mi pequeña está haciendo magia. Mi pequeña es una brujita hermosa.Siria miró a Daniel cuando entró corriendo, con un rostro preocupado.- ¿Qué pasó? ¿Qué fue ese ruido? ¿Están bien? —dijo mirando a la pequeña. Asintió con la cabeza sin dejar de sonreír y le contó lo sucedido. - Mi niña poderosa —dijo Daniel acercándose a la niña con una sonrisa para abrazarlas a ambas, dejando besos en sus frentes—. Mis mujeres poderosas.Los pequeños estaban en la edad donde comenzaban a mostrar su magia, era una edad muy interesante porque no podían controlarla. Holland había sacado un carácter que se podía ver desde temprana edad, por lo que su magia se reveló más rápido, Nathan aún no lograba mostrar su magia, pero Siria sabía que lo haría cuando se sintiera listo para hacerlo.Pasaron un cumpleaños hermoso, donde los pequeños se divirtieron mucho y los adultos también, un recuerdo maravilloso para todos.

• El misterio de Nathan

Al regresar a la vida cotidiana, todo se encontraba tranquilo en la casa Wood, los pequeños estaban en sus sillitas, comiendo entre balbuceos, con pequeños gritos que solían dar cuando hablaban entre ellos, haciendo reír a Siria.Se pone de pie para llevar sus cosas del desayuno al lavaplatos, mirando por la ventana como el día se estaba poniendo feo...Sonrió al ver la pulsera que llevaba la pequeña, una pulsera que había hecho para que su magia se controle hasta que sea un poquito más grande...Ya era la edad donde su magia tenía que volverlos locos por hacerla todo el tiempo, pero no era así, no llegaba y eso a Siria comenzaba a preocuparle un poco.Llevó a los pequeños a la habitación de juego que tenían en su casa y puso la reja en la puerta para que no salgan de la habitación...Se sobresaltó al escuchar el grito de Holland, y levantó la mirada para ver cómo Nathan la agarraba de la pulsera, quitándosela sin querer al intentar robarle un juguete que su hermana tenía en la mano.- No peleen —dijo Siria dejando el celular a un lado- Por eso no te saco la pulsera —dijo negando con la cabeza mientras le ponía la pulsera a la pequeña...Se acercó a Nathan para cargarlo en sus brazos, intentando calmarlo.- Tranquilo, amor.La mano de Siria comenzaba a ponerse gris de a poco, como si se estuviese secando ante el contacto de Nathan.- ¿Qué?Siria quedó mirando su mano un momento, dejando el llanto de Nathan de fondo, como si estuviese en shock por lo que pasaba...- ¿Qué acaba de pasar? —dijo casi susurrando...Comenzó a jugar con los pequeños, quienes se calmaron luego de un rato.Luego de unas horas, estaba dando vueltas en la sala, ya había acostado a los pequeños para que durmieran la siesta, esperando a que Daniel volviera del trabajo para contarle lo que había pasado con Nathan.- Daniel... —dijo corriendo hacia su esposo para abrazarlo antes de comenzar a contarle todo.

• La verdad sobre Nathan

Una semana había pasado desde que había pasado lo de Nathan y había comenzado a investigar con Daniel qué era lo que podía tener su hijo.Se dirige a la casa de unos amigos de confianza en el mundo mágico para consultarles el asunto...- ¿Qué es lo que saben? ¿Qué sucede con mi hijo? —dijo preocupada.- Eso es algo raro, muy raro que no se acepta en el mundo mágico —dijo uno de sus amigos, soltando un suspiro—. Es un brujo sifón, roba magia de quién la posea. Es un caso muy raro pero pasa.Siria llevó una mano a su boca, ahogando un sollozo. Su mano temblaba sin parar.Su hijo robaba magia.No podía ser.¿Cómo pasó? ¿Alguno de los Black era como su sapito? ¿De dónde había heredado eso?- ¿Qué hago? —dijo sin saber qué hacer en este caso, mirándolo con preocupación—. ¿Cómo ayudo a mi hijo?- No se puede hacer nada con eso. Esa clase de brujos buscan de dónde sacar magia para poseer. Debes tener cuidado, Siria. Son exiliados siempre del mundo mágico. No es normal...Aquellas palabras hicieron que Siria se enojara sin poder evitarlo.¿No era normal?Su hijo era normal.Sea como sea, él era normal.- No debo tener cuidado, es mi hijo. Vivirá en el mundo mágico y será feliz —dijo seria, mirándolos—. Él no me hará daño, yo ya veré cómo ayudarlo. Gracias por su ayuda.Siria se puso de pie, agarrando su bolso para caminar hasta la salida, enojada por escuchar cómo trataban a su pequeño como un bicho raro.Él iba a vivir su vida normal.No iba a tener que preocuparse por nada porque su madre iba a ayudarlo.- Voy a encontrar la solución —se dijo a sí misma, caminando en la calle mientras llevaba su mano al collar que tenía colgando en su cuello, que tenía una piedra de luna hermosa la cual le había regalado Daniel.Entonces se le ocurrió algo.- Eres un genio, Siria —dijo sonriendo, sintiendo cómo volvía la tranquilidad a su cuerpo, yendo rápidamente a su casa.

✦ EL HECHIZO DE PIEDRA DE LUNA

Había miles de libros de magia sobre la mesa en lo que había estado investigando, donde también estaba el collar que le había regalado Daniel, preparándolo para su pequeño.El hechizo estaba casi listo, llevándose toda su concentración.- ¿Eso servirá? —dijo Daniel detrás de ella cuando el hechizo había terminado, levantando el collar con su mano.- Eso espero —dijo soltando un suspiro al ver cómo quedaba—. Lamento usar el colgante que me diste, pero lo vi perfecto para él —dijo acercándose a Daniel para dejar un beso en sus labios—. Vamos a ver si se lo deja poner.Siria hizo una mueca para ir hasta donde estaba Nathan, en la sala, jugando en el suelo con su hermana, donde tenía miles de juguetes tirados por doquier.- Hola, amor —le dijo Siria sentándose frente de él, sonriendo cuando se acerca a ella para ponerse de pie, agarrándose—. Mami te va a poner una pulsera como la de Holland, mira.- Te amo, Nathan. Todo estará bien, amor —dijo Daniel, acariciando su mejilla suavemente para luego cargar a Holland en sus brazos, mirándolos.Tenían las esperanzas puestas en ese collar, rogando que Nathan lograra sacar magia de ahí y no de ellos u otros brujos.Comenzaron a jugar con ellos, intentando hacer que Nathan riera mucho para ver si lograba hacer magia como solía hacer Holland cuando se ponía contenta.- Amor... —dijo Daniel al ver cómo comenzaba a levantarse uno de los muñecos que Nathan miraba con atención, acercándose de a poco hasta donde él estaba—. Funcionó...Siria soltó un suspiro con una sonrisa y lágrimas en los ojos mientras se dejaba abrazar por Daniel, aliviada de que su pequeño pudiera usar magia como su hermana, pensando que podría tener una vida normal sin que lo discriminen en el mundo mágico.- Ven aquí, mi amor —dijo agarrando a su hijo para llenarlo de besos, haciéndolo reír y riendo con él al ver cómo las luces comienzan a titilar—. Te amo, sapito. Los amo.

• El misterio que aún permanece

Siria miró a Holland y Nathan, para seguir jugando con ellos luego.Después de todo, las cosas mejoraban de a poco para su pequeño, pero aún no se daba por vencida en averiguar de dónde salió ese poder que llevaba su hijo.¿De dónde heredó Nathan lo de poder robar la magia de los demás?No lo sabía, pero no iba a darse por vencida. Tenía que averiguarlo, y jamás dejaría de apoyar y cuidar a su pequeño sapito.

Nueve años
después

• Una nueva Siria

Muchas cosas habían cambiado en la vida de Siria Black.Siria ya no era mortífaga, ya no trabajaba para el Señor Tenebroso, quien nuevamente había sido derrotado por Harry Potter.El mundo mágico era un lugar a salvo para sus hijos, y estaba feliz de que ellos iban a poder conocer ese mundo sin miedo, sin el terror que Lord Voldemort causaba.

Había aprendido a controlar al 100% su don, y ya no tenía miedo de él. Cuidaba a sus hijos con mucho amor y dedicación, y aunque estaba rota por dentro, había aprendido a vivir con ese dolor, a sobrevivir.No sabía lo que el futuro tenía para ella, pero esperaba tener su vida un poco controlada para poder con lo que el futuro quisiera hacer.

• La pérdida de Daniel

Daniel había fallecido hace unos años, dejándola con el corazón roto, pero prometiéndole seguir todos los días por sus hijos.A su amado esposo se lo había llevado una enfermedad que ni la sangre de vampiro pudo controlar, la vida se lo llevó como lo había traído para ella, de un momento a otro, pero enseñándole lo hermoso que era el amor, y que valía la pena todo al lado de quienes amamos.Extrañaba a su Daniel todos los días.Admitía que había deseado apagar su humanidad y dejar de sentir, pero tenía a dos pequeños que la necesitaban y eran la mitad del hombre que amaba con todo su corazón y alma, y no iba a fallarle.Siria siempre había soñado con tener un amor eterno, y juró haberlo encontrado el día que nacieron sus bebés, sabiendo que no habría amor más puro, sincero y eterno que el de una madre con sus hijos, y que siempre intentaría hacer lo mejor para llevarlos por el buen camino, que haría todo lo que estuviera en su poder para hacerlos felices día a día, porque eran su amor eterno.

• Las pesadillas siguen presentes

"Todos me dicen que el tiempo cura las heridas. Mentían. El tiempo no me devolvió a Daniel. Solo me enseñó a despertar cada mañana sin él."Faltaba poco para el 30 de septiembre.El cumpleaños de Daniel.Una fecha que antes significaba celebrar la vida del hombre que amaba, llenarlo de besos, molestarlo por hacerse un año más viejo y buscar alguna manera de hacerlo sonreír. Ahora era simplemente otro día que se acercaba en el calendario y que hacía que el vacío dentro de Siria se sintiera un poco más grande.Con los años había aprendido a vivir sin él. O, al menos, había aprendido a aparentarlo.Porque había noches en las que todavía despertaba sobresaltada, con el corazón acelerado y las imágenes de su pasado repitiéndose en su cabeza.Volvía a estar allí.
Volvía a sentir el miedo.
Las torturas.El dolor.
Los gritos.
Las voces de aquellos que alguna vez la habían obligado a convertirse en alguien que no quería ser.Recordaba los rostros de las personas que había matado. Recordaba sus nombres. Sus últimos gritos. Recordaba la sangre y esa parte de ella que, durante mucho tiempo, había temido que terminara convirtiéndose en el monstruo que todos esperaban que fuera.Incluso en sus pesadillas, su don podía volverse contra las personas que más amaba.Veía a Nathan y a Holland frente a ella.Los veía sufrir.
Los veía caer.
Y algunas veces despertaba convencida de que había sido ella quien les había hecho daño.Entonces buscaba a Daniel.Durante años había bastado con extender una mano para encontrarlo.Él estaba allí.La abrazaba cuando despertaba llorando. La rodeaba con sus brazos y le recordaba que estaba en casa, que todo había terminado, que él estaba con ella.Daniel había sido su lugar seguro.Ahora, cuando despertaba de una pesadilla, solo encontraba el espacio vacío a su lado.Y ese era uno de los dolores que el tiempo nunca consiguió quitarle.En aquellas noches en las que no podía volver a dormir, Siria se quedaba sentada frente al televisor, con la mirada perdida en alguna película que ni siquiera estaba mirando realmente.No necesitaba escucharla.Podía escuchar algo mucho más importante.La respiración de sus hijos.Su oído vampírico captaba cada pequeño movimiento desde sus habitaciones. El sonido de Nathan acomodándose en la cama. La respiración tranquila de Holland. Los latidos de sus corazones.Y eso conseguía tranquilizarla.Porque estaban vivos.
Porque estaban allí.
Porque después de tantos años de tener miedo de perder el control y lastimarlos, escuchar que sus hijos dormían tranquilos era suficiente para recordarle que todavía había cosas buenas en su vida.Pero cuando ellos no estaban en casa...Era diferente.
El silencio se volvía insoportable.
No había respiraciones que escuchar.
No había pequeños ruidos detrás de las paredes.
No había nadie que pudiera distraerla de todo aquello que llevaba dentro.
Y Siria había aprendido que no soportaba quedarse sola con su propia mente. Por eso algunas noches se arreglaba.
Se ponía un vestido bonito, se soltaba el cabello y salía de casa.
Buscaba un bar lleno de música, luces y personas.Bebía.
Reía.
Coqueteaba.
Dejaba que alguien se acercara lo suficiente como para hacerla olvidar quién era durante unas horas.No porque quisiera encontrar a alguien.
No porque estuviera buscando reemplazar a Daniel. Nunca había sido eso.
Simplemente necesitaba ruido.Necesitaba música.Necesitaba sentir que el mundo seguía moviéndose cuando por dentro ella sentía que había partes de su vida que se habían quedado congeladas.Porque cuando regresaba a casa, tarde o temprano, volvía el silencio. Y con él regresaban los recuerdos.El 30 de septiembre estaba cada vez más cerca y Siria sabía que volvería a extrañarlo.Volvería a mirar el lado vacío de la cama.Volvería a recordar sus brazos.
Su voz.
La manera en que la miraba.
La vida que habían construido juntos.
Y probablemente volvería a repetirse aquella misma mentira que tantas veces había escuchado: Que el tiempo cura las heridas.
Pero Siria ya sabía la verdad.
El tiempo no había curado nada.
Solo le había enseñado a vivir con aquello que nunca pudo sanar y, aun así, cada mañana seguía levantándose.Seguía cuidando de sus hijos.
Seguía dando clases.
Seguía bailando.
Seguía sonriendo.
Seguía viviendo.
Porque Daniel ya no podía abrazarla cuando las pesadillas regresaban.Pero todavía podía escuchar su voz en cada recuerdo, recordándole aquello que siempre había querido para ella.Que viviera.Y quizás esa era la única forma que Siria había encontrado para seguir amándolo.Vivir.
Por él.
Por sus hijos.
Y por la mujer que había sobrevivido a todo aquello que alguna vez creyó que iba a destruirla.

• Aprender a vivir con el pasado

Le tocaba aprender a vivir con todo lo que había hecho y pasado en su vida, con los traumas y errores, con los amores y el dolor.Siria creció día a día, mientras cuida a sus hijos, sigue su sueño de ser profesora de ballet, en su propio estudio.La vida no se había detenido luego de la guerra, tampoco luego de la muerte de Daniel. El tiempo seguía avanzando, aunque doliera, aunque a veces sentía que el mundo debía detenerse un momento para darle tiempo a respirar.Pero había aprendido algo con los años; el dolor jamás desaparece por completo, uno simplemente aprende a cargarlo sin que destruya todo a su paso.

✦ EL AMOR ETERNO

• Una tarde en el estudio

Una tarde, mientras acomodaba algunas cosas en el estudio de danza luego de terminar las clases, escuchó risas acercándose cada vez más al salón vacío.- ¡Mamá! —gritó Holland entrando primero al lugar, haciendo que Siria levantara la mirada con una sonrisa automática al verla.Nathan apareció detrás de su hermana rodando los ojos mientras llevaba sus cosas en brazos.- Me ganó otra vez —murmuró divertido.- Porque eres lento, sapito —se burló Holland sacándole la lengua.Siria no pudo evitar reír al verlos discutir como siempre. Los observó un momento en silencio, sintiendo algo cálido en el pecho mientras los veía crecer frente a sus ojos.Eran hermosos, fuertes y llenos de vida.Lo mejor que había hecho jamás.- ¿Qué pasa? —preguntó Nathan al notar que su madre los miraba demasiado fijo.Siria negó suavemente con la cabeza y caminó hasta ellos, acomodándole el cabello a Holland antes de dejar un beso en la frente de ambos.- Nada. Solo los amo demasiado —susurró con una pequeña sonrisa.Y era verdad.

• La luz que quedó

Después de todo el dolor, de la oscuridad, de las pérdidas y las guerras, seguían allí.Seguían juntos.Quizás la vida nunca sería perfecta. Quizás siempre existirían heridas imposibles de borrar y noches donde extrañaría tanto a Daniel que sentiría romperse otra vez.Pero mientras tuviera a sus hijos, mientras pudiera abrazarlos y escucharlos reír, Siria sabía que todavía quedaba luz dentro de ella.Y por primera vez en muchos años, el futuro dejó de darle miedo.

Varios años más tarde

• Una vida diferente

Habían pasado muchos años desde aquella tarde en el estudio de danza.Muchos más desde que Siria había tenido que aprender que la vida podía cambiar en cuestión de segundos.Sus hijos ya no eran los pequeños que corrían por la casa, peleaban por un juguete o buscaban su mano cada vez que tenían miedo.Habían crecido.Nathan se había convertido en un joven seguro de sí mismo, orgulloso de la magia que alguna vez había temido mostrar.Y Holland...Siria bajó la mirada al pensar en ella.Con tan solo 16 años había desaparecido de casa.Holland llevaba años desaparecida.
Nadie sabía dónde estaba.
Nadie había podido encontrarla.
Y aunque con el paso del tiempo muchas personas habían dejado de buscar respuestas, Siria nunca había podido hacerlo.Era su hija. Su pequeña.La niña que había llevado en sus brazos, que había visto crecer, que había escuchado reír y que había amado desde el primer momento en que supo que existía.No podía simplemente aceptar que ya no estaba. No sabía si estaba viva. No sabía si algún día volvería a verla.Pero se negaba a enterrarla en su corazón mientras existiera siquiera una pequeña posibilidad de que estuviera en algún lugar del mundo.
Había aprendido a vivir con la incertidumbre.
Pero nunca había aprendido a dejar de esperarla.

• El lugar de Daniel

Había algo más que los años jamás pudieron cambiar.Daniel.Su esposo seguía siendo parte de cada rincón de aquella casa.En las fotografías.
En los recuerdos.
En algunas de las cosas que había dejado atrás.
En las pequeñas costumbres que Siria había adquirido cuando todavía estaban juntos.
A veces se descubría preparando una taza de café de más o girándose para contarle algo antes de recordar que él ya no estaba.Entonces sonreía con tristeza.Había pasado mucho tiempo desde su muerte, pero el amor no había desaparecido.Nunca lo hizo.Siria había entendido que perder a una persona no significaba dejar de amarla. Simplemente significaba aprender a hacerlo desde otro lugar.Daniel seguía siendo el hombre que había amado. El padre de sus hijos.
El hombre que había estado a su lado cuando Nathan descubrió su don.
El hombre que había compartido sus noches de investigación.
El hombre que había sostenido su mano cuando la vida parecía demasiado difícil.
Y aunque había tenido que continuar sin él, jamás había sentido que lo había dejado atrás.Lo llevaba consigo.
Siempre.

• La búsqueda que nunca terminó

Siria había intentado muchas veces dejar de buscar a Holland. Había intentado convencerse de que quizás necesitaba aceptar que no encontraría respuestas.Pero cada vez que lo intentaba, algo dentro de ella se negaba.Tenía cajas llenas de fotografías.Papeles.
Información.
Nombres.
Lugares.
Todo lo que habían podido averiguar a lo largo de los años.Nathan sabía que su madre seguía buscando. Nunca se lo impedía.Él también extrañaba a su hermana.Aunque había aprendido a continuar con su vida, había una parte de él que seguía esperando verla aparecer por la puerta de casa.A veces hablaban sobre ella. Otras veces no necesitaban hacerlo.Bastaba con que ambos miraran una fotografía para saber exactamente qué estaba pasando por la cabeza del otro.Holland seguía siendo parte de la familia.Aunque no estuviera allí.

• Nathan

Nathan había aprendido a vivir con muchas cosas.Había aprendido a aceptar su magia.
Había aprendido a no sentirse menos por ser un sifón.
Había aprendido que su poder no lo convertía en alguien peligroso ni diferente.
Y, sobre todo, había aprendido gracias a su madre que ser diferente no significaba estar solo.Pero había una cosa que todavía no había conseguido aceptar.La ausencia de Holland.Una tarde, mientras ayudaba a Siria a ordenar algunas cajas antiguas, encontró una fotografía de los dos cuando eran pequeños.Nathan la sostuvo entre sus manos durante varios segundos.- Éramos unos enanos.- susurró.- Tú eras más enano que ella. -Siria sonrió al escuchar aquello- Holland siempre decía que yo era el lento. - dijo Nathan sonriendo.- Y tenía razón.- Siria soltó una pequeña risa.Nathan levantó la mirada y sonrió.
Pero la sonrisa desapareció lentamente.
- ¿Crees que algún día va a volver? -le preguntó a su madre.Siria guardó silencio.
Esa pregunta siempre era difícil.
Porque como madre quería responder que sí. Quería prometerle que Holland volvería a cruzar aquella puerta. Quería decirle que todo terminaría bien.Pero ya no era un niño.
Nathan merecía la verdad.
- No lo sé, amor. -digo casi en un susurro, sintiendo un nudo en la gargante.Nathan bajó la mirada hacia la fotografía.- Yo sí creo que va a volver. -Siria lo miró.- ¿Por qué? -susurró.- Porque es Holland.- Él sonrió apenas.Aquellas palabras fueron suficientes para romper algo dentro de Siria.Se acercó a su hijo y lo abrazó.Nathan escondió el rostro contra su hombro como cuando era pequeño.Y durante unos segundos, ambos se permitieron extrañar a la persona que les faltaba.

• Una madre que nunca dejó de esperar

Con el tiempo, Siria había comprendido que no todas las heridas tenían que cerrarse. Algunas simplemente aprendían a doler menos.Había sobrevivido a una guerra.
Había sobrevivido a la pérdida del hombre que amaba.
Había sobrevivido a la desaparición de su hija.
Y aun así seguía levantándose cada mañana.Seguía dando clases.
Seguía cuidando su estudio.
Seguía ayudando a quienes necesitaban de ella.
Seguía riendo.
Seguía amando.
Porque eso era lo que Daniel siempre había querido para ella.Que viviera.
Que no permitiera que el dolor se llevara todo lo bueno que todavía tenía.
Y Siria había decidido cumplir aquella promesa.No porque hubiera dejado de sufrir.Sino porque había aprendido que seguir viviendo también podía ser una forma de honrar a quienes había perdido.

• El estudio de ballet

Su estudio se había convertido en uno de los lugares más importantes de su vida.Allí había visto crecer a generaciones de niños.Había enseñado disciplina, paciencia y pasión.Pero, sobre todo, había encontrado un lugar donde podía sentirse ella misma.Algunas tardes, cuando terminaban las clases y todos se iban, Siria se quedaba sola en medio del salón.Apagaba las luces.
Dejaba únicamente algunas encendidas.
Y observaba el enorme espejo frente a ella.
Ya no veía a la joven que había sido.Veía a una mujer que había pasado por demasiado.
Una mujer que había amado profundamente.
Que había cometido errores.
Que había perdido personas.
Que había tenido miedo.
Pero también veía a una madre.Y eso era suficiente.

• Una fotografía

Una noche, al llegar a casa, encontró a Nathan sentado en el sofá.Tenía una fotografía entre sus manos. Siria reconoció inmediatamente cuál era.Era una fotografía de los mellizos.Los dos pequeños estaban sentados en el suelo, abrazados y sonriendo hacia la cámara.Holland tenía la misma sonrisa traviesa de siempre.
Nathan tenía el cabello completamente despeinado.
Siria sonrió al verla.- ¿Qué haces con eso? -le preguntó a su hijo.- La encontré en una de las otras cajas. -Nathan levantó la fotografía. Siria se sentó a su lado. - Éramos felices.- Lo eran.- dijo Siria.- Nosotros también. -Nathan la miró.- Sí.- Siria asintió.Se quedaron en silencio.Nathan observó nuevamente la fotografía.- Mamá...- susurró- ¿Sí? -preguntó Siria.- Cuando ella vuelva, ¿vas a reconocerla?- Aunque pasen cien años. - Siria sintió un nudo en la garganta.- Yo también. -Nathan sonrió.Siria apoyó la cabeza sobre el hombro de su hijo.Y ambos se quedaron mirando aquella fotografía.No necesitaban decir nada más.

• La tumba vacía

Siria recordaba perfectamente el día en que decidió hacerlo.Después de tanto tiempo buscando a Holland, la policía finalmente les había dicho que no podían continuar entrando a determinados lugares y que, sin encontrar ningún rastro de ella, debían considerarla muerta.Pero Siria no podía aceptar aquella palabra.Muerta.¿Cómo podía llorar a su hija si ni siquiera tenía un cuerpo al que despedir?Por eso hizo algo que necesitaba hacer para poder seguir respirando.Mandó construir una pequeña tumba y colocó allí una lápida con el nombre de su hija.Holland Francia Wood Black.No había nadie enterrado allí.
Nunca lo había iba a haber.
Era una tumba vacía, pero para Siria significaba algo mucho más importante: era el único lugar que tenía para llevarle flores, hablarle y llorar por ella.Desde entonces, la visitaba cada semana.Se quedaba frente a aquella lápida durante largos minutos, algunas veces en silencio y otras hablándole como si Holland pudiera escucharla.Y aunque el mundo hubiera decidido dar a su hija por muerta, Siria nunca consiguió hacerlo completamente.Porque una madre podía aceptar muchas cosas pero aceptar que su hija estaba muerta sin siquiera haber podido despedirse de ella era algo que su corazón se negaba a hacer.Aquella lápida llevaba el nombre de Holland.Pero Holland no estaba allí.Y mientras no existiera una respuesta, una pequeña parte de Siria seguiría esperando que algún día su hija regresara a casa.

• El futuro

Una madrugada, Siria se encontraba sentada junto a la ventana de su habitación.La casa estaba en silencio.
Nathan dormía.
El estudio estaba vacío.
Y por primera vez en mucho tiempo, no sentía miedo del futuro.Había pasado tantos años intentando controlar aquello que vendría que había olvidado que algunas cosas simplemente no podían controlarse.No podía decidir cuánto tiempo viviría, pero lo haría siempre para Nathan.
No podía decidir si algún día volvería a abrazar a Holland.
No podía cambiar el pasado.
No podía traer a Daniel de regreso.
Pero podía decidir qué hacer con el tiempo que todavía tenía.Siria sonrió levemente.Tomó una fotografía de su familia y la sostuvo entre sus manos.Daniel.
Holland.
Nathan.
Los tres formaban parte de ella de maneras diferentes.Y siempre lo harían.-Los amo.- Lo dijo en voz baja. Como si los tres pudieran escucharla.Una lágrima recorrió su mejilla, pero esta vez no la limpió.Dejó que cayera.Porque ya no necesitaba esconder el dolor.Había aprendido a convivir con él.Y entonces comprendió algo.Quizás la vida nunca volvería a ser como antes.
Quizás siempre habría una silla vacía en la mesa.
Una fotografía que dolería mirar.
Una pregunta sin respuesta.
Una persona a la que seguiría esperando.
Pero mientras pudiera amar, recordar y seguir adelante, no estaría completamente sola.
Porque las personas que había amado habían dejado algo de ellas dentro de su corazón.
Daniel le había enseñado lo que significaba amar de verdad.Holland le había enseñado que una madre podía esperar toda una vida.Y Nathan le había enseñado que incluso después de perderlo todo, todavía podía existir un motivo para seguir.Siria cerró los ojos durante unos segundos.Respiró profundamente.
Y sonrió.
Había sobrevivido.
No porque el dolor hubiera desaparecido.
Sino porque había aprendido a caminar con él.Y quizás eso era crecer.Entender que algunas historias no terminaban cuando alguien se iba.
Continuaban en quienes se quedaban.
En cada recuerdo.
En cada fotografía.
En cada lágrima.
En cada sonrisa.
Y en cada "te amo" que seguía existiendo incluso cuando ya no había nadie para escucharlo.Siria miró una última vez hacia la oscuridad de la noche.
Y, por primera vez, no le pidió nada al futuro.
Simplemente estuvo dispuesta a recibirlo.
Porque después de todo lo que había vivido, ya no quería sobrevivir.Quería vivir.Por ella.
Por Daniel.
Por Holland.
Por Nathan.
Por todo el amor que todavía llevaba dentro.Y por todas las historias que aún estaban esperando ser escritas.

✎𓂃 INFORMACIÓN IMPORTANTE

✦ Fecha de nacimiento: 12 de octubre.
✦ Lugar de nacimiento: Sofía, Bulgaria.
✦ Residencia: Londres.
✦ Especie: Bruja de sangre pura · Doppelgänger Petrova · Vampiro.
✦ Profesión: Directora de Sirenitte's Dance and Ballet House.
✦ Padres: Sirius Black y Amethyst Brodwell.
✦ Hijos: Holland Francia Black Wood y Nathan Leone Black Wood.
✦ Info de su especie:Descendiente de la línea Petrova, Siria heredó un antiguo don conocido como la Ilusión del Dolor, una magia capaz de provocar dolor físico y levantar poderosos escudos mágicos. Se trata de un poder tan extraordinario como peligroso, pues cada vez que lo utiliza también hiere su propio cuerpo.
Aunque el uso de su don todavía exigía una gran concentración y provocaba cierto desgaste en su cuerpo, su naturaleza vampírica le permitía recuperarse con mayor rapidez.
Tras convertirse en vampiro, este mismo don le permitió conservar su magia, algo imposible para la mayoría de los brujos convertidos. Gracias a ello continúa utilizando hechizos.Como parte de su naturaleza vampírica, la verbena sigue siendo una de sus principales debilidades y necesita un anillo encantado para caminar bajo el sol sin sufrir sus efectos.✦ Familia/Antepasados:
- Amara † (ancestro - Primera doppelgänger)
- Tatia † (ancestro - doppelgänger.)
- Hija de Tatia † (ancestro)
- Sr. Petrova † (ancestro)
- Sra. Petrova † (ancestro)
- Katerina Petrova † (ancestro - doppelgänger - bisabuela biológica de Siria)
- Hermana menor de Katerina † (ancestro)
- Nadia Petrova † (ancestro - abuela biológica de Siria)
- Amethyst Brodwell † (ancestro - Hija de Nadia)
- Sirius Black III. †
- Siria Oriana Brodwell Black.
- Daniel Wood. † (esposo de Siria)
- Nathan Leone Black Wood (Hijo de Siria y Daniel)
- Holland Francia Black Wood/ Isobel Flemming † (Hija de Siria y Daniel.)
- John Gilbert † (padre de Elena Gilbert)
- Elena Gilbert (Doppelgänger)


✎𓂃 ¿QUÉ ES SIRIA?

❝…E𝘭𝘭𝘢 𝘦𝘴 𝘤𝘢𝘱𝘢𝘻 𝘥𝘦 𝘩𝘢𝘤𝘦𝘳 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘪𝘳 𝘦𝘭 𝘥𝘰𝘭𝘰𝘳 𝘮á𝘴 𝘪𝘯𝘴𝘰𝘱𝘰𝘳𝘵𝘢𝘣𝘭𝘦 𝘢 𝘤𝘶𝘢𝘭𝘲𝘶𝘪𝘦𝘳𝘢 𝘦𝘯 𝘭𝘢 𝘲𝘶𝘦 𝘤𝘭𝘢𝘷𝘦 𝘴𝘶 𝘮𝘪𝘳𝘢𝘥𝘢 ❞


✎𓂃 CRECIMIENTO DE SIRIA


✎𓂃 SAPITOS


✎𓂃 REGISTROS MÁGICOS DE LOS SAPITOS


✎𓂃 MIS OTRAS VIDAS
-PARA RECORDAR

✦ Rachel Black - Crepúsculo

— Fc: Nicole scherzinger
— Mi primer pj en 2009.
— Mi favorita por siempre.
— La hermana de Jacob Black.
— Amaba a su Paul Lahote.
— Odio que este muerta.
— La volvería a la vida con otro fc.


✦ Rose Weasley - Harry Potter

— Fc: Bella Thorne.
— Mi primer pj de Harry Potter.
— Fui feliz cuando encontré a su Scorpius.
— La lleve poco tiempo porque cree a Siria después. #Abandonada
— La cuenta de ella aún existe pero esta más muerta que yo.


✦ Esme Cullen. - Crepúsculo

— Fc: Elizabeth Reaser.
— Amor eterno a su Carlisle.
— Era muy amada.
— Tenía una familia Cullen, todos activos y muy amorosos.
— La extraño pero no la volvería a hacer porque no sería lo mismo sin su familia.


✦ Selena Gomez

— Mi Selly.
— Tenía a su Justin
— Tuve a la mejor partner. La amo.
— Se ganó el odio de muchas pero me encantaba saber que la odiaban porque querían a su Justin ajajaj #Envidia ah


✦ Rosalie Hale - Crepúsculo

— Fc: Nikki Reed.
— La amaba.
— Me encantaba la familia que hizo con su esposo Emmett en la trama que teníamos.
— Solía dejarla de lado para llevar a Rachel (mi otro pj) pero también era mi bebita.


✦ Damon Salvatore - The vampire Diaries

— Fc: Ian Somerhalder.
— Mi hermoso Damon, lo amé.
— Un año perfecto con él.
— Shippeaba Daroline.
— Odiaba que le digan Ramón, pero en el fondo le gustaba.
— Tenía más hermanos que vida.
— Lo cambié para hacer la trama de Siria, ya que no podía hacerla con Damon y luego mate a ese pj.


✦ Sirius Black. - Harry Potter

— Fc: Ben Barnes.
— Mi bebé.
— Lo extraño pero no lo volvería a revivir. (Intenté revivirlo de nuevo pero ya no era lo mismo).
— Lo único malo es que se enamoró de una idiota que lleno de drama su vida.
— Jamás tuvo a sus merodeadores.
— Su secreto más oscuro es que estuvo con una Dolores Umbridge


✦ Killian Jones - Once Upon a time

— Fc: Colin O'Donoghue
— Me encantaba.
— Nunca tuvo a su Emma
— Me quede con él poco tiempo


✦ Serena Bennett - OC

— Fc: Nina Dobrev.
— No estoy segura si era de Harry Potter o no jaja
— La tuve muy poco tiempo.
— A veces prefiero no recordarla.


✦ Ávalon Foster - OC

— Fc: Dove Cameron.
— Era diseñadora de modas.
— Se enamoró de Trenton Maddox, su lobito.
— Estuve poco con ella.
— S&D.
❝Tᴇ ᴀᴍᴀʀíᴀ ᴇɴ ᴍɪʟ ᴠɪᴅᴀs❞


✦ Gianina (Nina) Bauer - OC

— Fc: Vanessa Hudgens.
— Trabajaba en una editorial.
— Se enamoró de una chica hermosa, su pequitas.
— Era huérfana, y su historia era basada en el mundo de casi ángeles.


✦ Ian Dobrev - OC

— Fc: Ian Somerhalder.
— Era un hereje, me encantaba.
— Tuvo algo con una chica que tenía el fc de Candice y la dejo por una que tenía el fc de Nina, muy cruel jajaja.
— Me encantaba la trama que tenía.
— Lo abandoné porque no soportaba a una persona que era cercana a él, Ops.


✦ Rosie Valem - OC

— Fc: Hailey Baldwin Bieber.
— Llevaba mechones rosas.
— Tenía una gata blanca que se llamaba Marie.
— Protectora de la naturaleza.
— Veterinaria.
— Me encantaba pero no llegué a conectar mucho con ella.
— Tenía una hermana que adoraba, Hazel.